Para Elizabeth Solís Pérez, especialista en transferencia de tecnología e innovación de la UANL, la comercialización del conocimiento es un tema que no debe dejarse de lado

Si en algo se pretende mejorar el actual Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, debe priorizarse la transferencia de tecnología en la participación de la economía del conocimiento. Asimismo, deben prevalecer el Programa de Estímulos a la Innovación y los Fondos Mixtos, por los resultados que han dado.

Para Elizabeth Solís Pérez, directora del Centro de Incubación de Empresas y Transferencia de Tecnología de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), la iniciativa de ley por parte de la senadora morenista Ana Lilia Rivera carece de un señalamiento sobre la participación que deben tener los gobiernos federales y estatales, los empresarios y las instituciones de educación superior y centros de investigación en la economía del conocimiento.

“La transferencia de tecnología y conocimiento no tiene el peso que debe en la propuesta de ley. Además, debe ser muy clara en el término propiedad intelectual, que es muy amplio y abarca propiedad industrial, así como derechos de autor y de obtentor”.

Asimismo, la ley debe integrar las disposiciones para el impulso a las empresas de base tecnológica y saberlas articular con los conceptos de innovación y emprendimiento.

“Comercializar el conocimiento no es algo menor. Es parte de las cadenas de valor en cualquier producción como base de la economía del conocimiento”. Y en ello, la doctora en nutrición destaca en entrevista el papel de la industria. “En la obtención de resultados, las empresas o la iniciativa privada ha sido fundamental. Tenemos que reconocer que es una entidad que ha apostado por el desarrollo”.

La funcionaria de la UANL explica que hay indicadores que señalan el avance tecnológico de un país por el número de patentes, modelos de utilidad, diseños industriales, títulos de propiedad intelectual o industrial. Sin embargo, eso no es el señalador final de la innovación en un país, pues ésta tiene que ver con directamente la economía del conocimiento.

“Las patentes deben estar vinculadas donde se necesita para ser socialmente útiles. Además, la comunidad científica no debe ser satanizada ni marginada, mucho menos controlada por unos cuantos”, enfatiza.

Por otra parte, la doctora Solís Pérez detalla que con el Programa de Estímulos a la Innovación se generaba un ambiente propicio entre una empresa que buscaba innovar y superarse, y tenía que vincularse necesariamente con las Instituciones de Educación Superior o Centros de Investigación.

La UANL, ejemplifica, obtenía importantes beneficios porque el investigador o especialista trabajaba con algo que en realidad se necesitaba. Esa era la sinergia, y la Universidad ganaba no solo para seguir generando conocimiento sino para mantener el vínculo.

“Como Oficina de Transferencia de Tecnología nos permitía tener contacto y contribuir en los mecanismos de transferencia en el programa en el que no solo estaba Conacyt sino la Secretaría de Economía también. Por otra parte, el gobierno de Nuevo León entregó cuentas muy positivas con los Fondos Mixtos”.

Finalmente, la directiva de la UANL reitera que deben mantener fondos transversales que involucren la concertación de las diferentes entidades involucradas para investigación y desarrollo científico y tecnológico, que impulsa la economía del conocimiento.

La UANL es la tercera institución de educación superior con mayor número de patentes, sólo detrás de la UNAM y el Tec de Monterrey. El Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial le otorgó de enero de 2017 a enero de 2018, 16 patentes, 15 otorgamientos de modelos de utilidad y 29 de diseño industrial. Las principales invenciones de la institución son en materia de biotecnología, ingeniería eléctrica, farmacéutica, mecánica y química. (Agencia ID/Noticyti)

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