El descalabro económico provocado por la pandemia ha puesto contra las cuerdas los recursos de los 25 centros públicos de investigación en el país

Brenda Alonso Gutiérrez pasó de disertar sobre filamentos de grafeno en dispositivos termoeléctricos a acopiar estadísticas sanitarias y hacer cálculos sobre sus ahorros, tipo de cambio y nivel de gastos. La estancia de investigación que había preparado por todo un semestre se ha convertido en una carrera de obstáculos debido a la crisis del coronavirus. La alumna del Estado mexicano de Nuevo León llegó en enero pasado para concluir su doctorado en ciencia de materiales a la Universidad de Trento, en el norte de Italia. Tras semanas de estudios, pruebas en laboratorios y diseños de impresión en tercera dimensión, la expansión del virus paró en seco sus avances. Con un proyecto de investigación inconcluso y escasas y onerosas alternativas para regresar al país, Alonso Gutiérrez decidió permanecer en Europa con la esperanza de poder finalizar, en algún momento, su plan académico.

Al temor inicial por la amenaza microscópica sobrevino la preocupación financiera: la escalada del tipo de cambio mermó sus ingresos mensuales de 15.800 pesos (600 euros) que recibe como becaria del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), máxima autoridad del sector en México. Una disminución que esperaba subsanar si obtenía un apoyo complementario por parte de la institución a través de otro programa de ayudas para alumnos aceptados en una universidad en el extranjero como es su caso. Una beca adicional de unos 4.000 pesos (151 euros), recursos que para ella suponen un balón de oxígeno para enfrentar la contingencia. Sin embargo, días después fue notificada de que la convocatoria de este tipo de becas no sería publicada este año. “Yo y otros compañeros estamos en aprietos porque el alquiler acá es de 350 euros, más el transporte y la comida. Estamos en una situación bien complicada, sin la beca, la única alternativa es utilizar la tarjeta de crédito y endeudarnos”, lamenta la estudiante de 38 años.

La cancelación de estas becas, que según Alonso Gutiérrez afecta al menos a un centenar de estudiantes que cursan otros posgrados en países como España, Francia o Ecuador en su misma situación, se ha convertido en el prólogo de una serie de recortes dictadas por el Ejecutivo para enfrentar la pandemia en el país. Las alertas se encendieron con el anuncio de la posible extinción de 99 fideicomisos científicos para allegarse de recursos a inicios de este mes. Después, la Secretaría de Hacienda reservó los fondos del capítulo 4000, a través del cual esos centros financian, entre otras cosas, el pago de becas, de asistentes de investigación. La amenaza se ha agravado con la orden del Ejecutivo de frenar un 75% del gasto gubernamental destinado a servicios generales, una medida que también tendrá un impacto en sus recursos. Investigadores y jefes de sector advierten que la suma de estas medidas comprometerá las operaciones de los principalmente 25 centros públicos de investigación y del propio Conacyt.

Mientras el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha asegurado que los recortes anunciados no comprometerán la viabilidad de los proyectos sociales y de infraestructura emblema de la Administración como la construcción del Tren Maya, la refinería de Dos Boca y el programa de becas Jóvenes Construyendo El Futuro, aún no existe una certeza del criterio que aplicará el Ejecutivo en el caso de los presupuestos científicos. Investigadores y jefes del sector han realizado numerosas gestiones para intentar salvar los presupuestos que sostienen desde el pago de luz en los laboratorios y comedores hasta la adquisición de acervo bibliográfico, las prácticas de campo y los programas de becas. Este año fue autorizado un presupuesto federal de 19.485 millones de pesos (809 millones de dólares) para el Conacyt y 6.174 millones de pesos (256 millones de dólares) al resto de los centro de investigación.

El director del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), Sergio López Ayllón, calcula que el descalabro económico por la reserva de fondos para becas será de poco más de 10 millones de pesos, unos 400.000 dólares.El directivo de este centro que congrega a más de 600 alumnos y 120 profesores, reconoce que de concretarse estas medidas existe el riesgo de suspender las becas destinadas a estudiantes de bajos recursos. “Tenemos que hacer un esfuerzo de racionalidad y austeridad. Todas estas respuestas las tenemos claras como comunidad que vive del presupuesto público y lo vamos a hacer, simplemente lo que estamos pidiendo es que nos permitan adaptar estas reglas generales para poder preservar lo mejor de la institución, que es su capacidad de generar conocimiento”, defiende. La institución cuenta con un presupuesto anual de 379 millones de pesos (15,7 millones de dólares).

Para el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), la aplicación de estas medidas supondría una pérdida de recursos en el rubro de becas por al menos tres millones de pesos, unos 125.000 dólares. “Además, los recortes nos van a obligar a reducir publicaciones, no podremos salir al campo los investigadores, no podremos salir a presentar libros, a participar en presentación de resultados, en congresos”, indica Fernando Salmerón, director de este centro.

La profundización de las medidas de austeridad para enfrentar la epidemia ya ha derivado en la cancelación de un programa de becas que auspiciaba el Instituto de Investigaciones Doctor José María Luis Mora. Erick Aguirre, de 31 años, recibió hace una semana la notificación por parte del centro de que no podrían seguir cubriendo la beca que le fue otorgada en febrero pasado. “Ante la situación de incertidumbre, el prospecto de nuevas restricciones a nuestro presupuesto y las bajas probabilidades de que está medida sea revertida, el Instituto se ve en la penosa necesidad de cancelar el Programa de Becas 2020”, indicaba la institución por correo electrónico al afectado.

El programa, dirigido a los alumnos externos que acudían al Instituto Mora para concluir sus tesis de licenciatura, otorgaba a los beneficiarios 4.200 pesos mensuales (174 dólares) hasta noviembre de este año. “En este contexto es muy difícil pensar en alternativas que en otro contexto serían lógicas, como buscar trabajo o buscar alguna otra vía de ingreso. Ahora las empresas tienen dificultades para mantener al personal que ya habían contratado y aún más para abrir nuevas vacantes”, señala Guerrero. Egresado de la carrera de Etnología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), él se postuló a este programa para concluir su proyecto de titulación en licenciatura sobre la historia social del periodismo en el siglo XX con el apoyo de los investigadores del Instituto Mora. Como Aguirre, 77 estudiantes más se verán afectados por la cancelación de este programa que se nutría de las partidas federales ahora reservadas por la crisis sanitaria. “Hasta el día de hoy se está gestionando el preservar los recursos de ese capítulo 4.000. Es una medida injustificable, imposible de apoyar lo que acaba de pasar con el programa de becas”, asegura Silvia Dutrénit, profesora e investigadora de este centro desde 1983.

El trabajo de Brenda en la Universidad de Trento sobre dispositivos termoeléctricos dista mucho del análisis que en Ciudad de México realiza Erick sobre Ethos, la primera revista de antropología publicada en México. Sin embargo, ambos comparten la incertidumbre de no saber si contarán con los recursos suficientes para concluir sus proyectos y obtener su grado académico. Lejos de la meta establecida en la Ley de Ciencia y Tecnología de invertir el 1% del PIB, México carga el lastre desde hace años de la falta de recursos en ciencia, tecnología e innovación. Investigadores y alumnos han señalado reiteradamente la necesidad de más presupuestos, pero lejos de tener una respuesta favorable, el reciente escenario de crisis económica y sanitaria amenaza con dejar en números rojos a la ciencia nacional.

Fuente: elpais.com

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