Texto del escrito que el premio nacional de ciencias turno al titular del Ejecutivo

(Respetuosa Reflexión y Propuesta de Acuerdo Nacional para adoptar a la ética como eje vertebrador de la “Cuarta Transformación”, y de respetar y valorar a los científicos y tecnólogos de México, dirigida respetuosamente al Lic. Andrés Manuel López Obrador, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos)

Antes que nada, lo saludo con enorme gusto, aprecio y el debido respeto que merece su alta investidura Sr. Presidente. También con el profundo respeto que merecen los más de 30 millones de conciudadanos que votaron por Usted le escribo hondamente preocupado por el tono de las interacciones recientes entre el “Poder”, por Usted representado, y el “Pueblo” al que un servidor pertenece. Mi única y sincera intención es la de contribuir a un diálogo intelectualmente honesto, enaltecedor y que coadyuve a un mejor entendimiento entre las y los mexicanos.

De entrada, Sr. Presidente deseo compartir con Usted y mis compatriotas un extraordinario artículo que considero abonará mucho a este entendimiento y que fue escrito en 2004 por Paulina Rivero Weber, mujer que admiro mucho. Se llama la “Apología de la Inmoralidad” (Rivero-Weber, P. 2004 [agosto]. Este País: 46-50.) y es lectura obligatoria en el curso sobre ética científica que imparto desde ya más de 15 años. Citaré textualmente (por ello uso comillas) algunas partes fundamentales de este artículo que considero claves para hilar el argumento central de esta reflexión/propuesta que me atrevo a hacerle Sr. Presidente y que espero derive en un Acuerdo Nacional para adoptar a la ética como eje vertebrador de la “Cuarta Transformación”:

“La moral consiste en un conjunto de costumbres que han sido elevadas a nivel de normas y que se proponen como el marco regulativo de la sociedad. En ese sentido, la moral pide seguidores, requiere de individuos que la sigan sin cuestionarla y que tiene un cierto sentido gregario. De hecho no existe algo así como la moral; existen diferentes morales, pues ésta varía a través del tiempo y del espacio (y entre sociedades)”. De esto deriva que “la moral surge como una imposición de un cierto grupo social frente a otro”.

Rivero Weber (2004) nos indica, en otras partes de su valioso artículo, que por el contrario, “La acción ética – a diferencia de la acción moral – implica una reflexión, una interiorización y la valentía necesaria para la autenticidad. La moral no exige tanto; sólo exige cumplimiento. La ética demanda el valor necesario para enfrentar la moral, requiere individuos capaces de romper con ella y crear algo nuevo, esto es: requiere valentía para ser libres…” Paulina incluso se atreve a decir que “…la ética es la guarida para salvarnos de las inclemencias de la moral”.

Le propongo en consecuencia, Sr. Presidente que construyamos juntos una “Constitución Ética” y no una “Constitución Moral”. Es decir, refundemos nuestra patria y nuestras interacciones basándonos en la ética, que como nos ilustra tan elegantemente Rivero Weber, (2004) “requiere de individuos capaces de romper con una moral impuesta y crear algo nuevo, requiere de ciudadanos con la suficiente valentía para ser libres”.

Respeto mucho y comparto plenamente su ideal Sr. Presidente de transformar al país en uno con ciudadanos buenos, decentes, solidarios, generosos, profundamente honestos. Pero le pido reflexionemos juntos si para lograrlo no mejor olvidamos la “moral” castrante, y en su lugar adoptamos la “ética” libertaria como columna vertebradora de este nuevo país que todas y todos anhelamos, libre de miseria, simulación, corrupción, inmundicia, violencia y que garantice la libertad de pensar y expresar nuestra opinión sin ser linchados en plaza pública. En este momento estoy ejerciendo esa libertad, asumiendo que Usted no me lo tomará a mal ni que habrá represalias hacia mi persona, ni suyas ni de sus colaboradores o seguidores a quienes les reitero mi absoluto respeto.

Estoy abogando Sr. Presidente por una profunda honestidad intelectual, una ética genuina y un diálogo edificante. Si acepta mi propuesta, le pediría en consecuencia, y con enorme respeto, que deje de acusar a quienes a veces pensamos diferente a Usted o tenemos visiones de las cosas distintas a las suyas, de “enemigos”, “fifís”, “conservadores”, “camajanes”, “ternuritas”, y demás calificativos que Usted ha utilizado para denigrar a ese sector del pueblo que también forma parte de México y desea ser tomado en cuenta por el Presidente de tod@s l@s Mexican@s.

Considero que la libertad de expresión y las opiniones críticas, siempre y cuando sean expresadas con respeto, educación y buena fe, deben formar parte de este nuevo país al que aspira Usted y aspiramos muchos millones de mexican@s. Le prometo que si alcanzamos el acuerdo que le propongo de acoger a la ética como eje vertebrador de todas nuestras acciones, un servidor y seguramente muchas otras personas, ya no usaremos descalificaciones genéricas a la menor provocación y sin el menor respeto contra las y los políticos, tales como “corruptos”, “mentirosos”, “manipuladores”, “simuladores”, “hipócritas”, “mañosos”, “deshonestos”, “tranzas”, “rateros”, “ignorantes”, “abyectos”, “primitivos”, “indignos de nuestra confianza”, “egoístas”, “desconsiderados”, “inescrupulosos”, “indecentes”, “abusivos”, “parásitos sociales” y “deleznables”, entre muchos otros. A cambio esperaríamos que las y los políticos asuman un compromiso similar y dejen de estarnos ofendiendo con el tipo de descalificativos mediante los cuales nos han pretendido desprestigiar en las últimas semanas. ¿Acepta Usted esta muy respetuosa propuesta Sr. Presidente?

Asumo que a Usted también le molesta, y mucho, porque no le queda el saco, que la gente se refiera a ustedes políticos con los desagradables calificativos antes descritos. En mi caso, como tampoco me queda el saco, no acepto y se lo reclamo con el debido respeto a su alta investidura, el que me trate como escoria de la sociedad acusándome entre otras cosas de “mafioso”. ¡Nunca lo he sido, no lo soy en este momento, y nunca lo seré gracias a mis abuelos, padres, maestros y amigos quienes me formaron en una cultura de valores!

Tampoco considero que sea correcto, como le decía antes, que a cualquier persona que piense diferente a Usted y lo exprese con respeto se le acuse de inmediato calificándolo de “enemigo de la patria” o de la “Cuarta Transformación” (4T de aquí en adelante). Quien externe críticas sustanciadas/fundadas, aporte ideas buenas o diferentes, debe ser incorporado al largo proceso de transformación pacífica del país, no acusado de hereje.

Tengo muy grabado el libro (obra teatral) de Bertolt Brecht, “Galileo Galilei”, que leí en la preparatoria. De esa lectura me quedó claro que la persecución por tus ideas, por tus posiciones críticas, por tener valor civil, representa la tumba de un país o de una civilización. Le ruego Sr. Presidente juegue el papel del líder que nos aleje de esos esquemas oscurantistas y, por el contrario, nos guíe por caminos llenos de luz, entendida la última por libertad de pensamiento y expresión, respeto a la crítica fundada, fomento a la creatividad e ideas transformadoras. Por eso le propongo que adoptemos a la ética como “estado de carácter” o “modelo para tomar decisiones” (sensu Shamoo, A.E. & Resnik, D.B. 2003. Responsible Conduct of Research. Oxford University Press. Oxford, Inglaterra) en este proceso de regeneración en el que estamos inmersos y nos olvidemos de la moral, bajo cuyo cobijo se han vergonzosamente asesinado, perseguido y torturado millones de personas en todo el mundo.

Soy felizmente científico, específicamente entomólogo (el que estudia los insectos, en mi caso la plaga conocida como las Moscas de la Fruta que agusanan nuestros mangos, guayabas, chico zapotes, papayas o naranjas) y ecoetólogo (el que estudia el comportamiento de los animales, incluyendo los insectos, y su vínculo con la ecología). Le comento Sr. Presidente, siempre con respeto, que me siento profundamente indignado por el clima de linchamiento contra los científicos y tecnólogos que Usted mismo ha motivado al llamarnos repetidamente desde sus conferencias de prensa matutinas “machuchones”, “mafiosos”, “corruptos” y demás calificativos que, siguiendo los preceptos sobre civismo que me enseñó mi querido y admirado maestro Víctor Manuel Meza en la primaria, no le corresponden, al menos en mi humilde opinión, a un Jefe de Estado.

Me preocupa que seguramente sintiéndose apoyado por estos calificativos tan denigrantes emitidos por Usted, uno de sus colaboradores haya llegado tan lejos de escribir que “ladrábamos” en un artículo de opinión reciente en la revista “Proceso”. ¿Qué tan bajo podemos caer Sr. Presidente?

¿Qué sigue en esta serie de descalificaciones a un gremio tan importante para el país que al parecer comienza a ser perseguido como lo fue en su momento Galileo Galilei? ¿Cuál es la intención detrás de denigrarnos de tan ruda manera ante la sociedad? Me preocupa sobremanera que nuestro Presidente nos trate con tal nivel de desprecio y desdén, nos denoste y acuse genéricamente, sin otorgarnos el derecho de réplica en el mismo foro desde el cual se nos ofende. Somos, en números redondos, 130 millones de mexicanos, y de esos el 0.02%, es decir, 30 mil también en números redondos, somos científicos/tecnólogos certificados por el Sistema Nacional de Investigadores. Para fines prácticos, ¡no aparecemos en el mapa Sr. Presidente! Y, sin embargo, a pesar de representar un sector tan diminuto de la sociedad/pueblo, contribuimos significativamente a la soberanía del país, a su economía y al bienestar de la población.

Le pido, con el mayor de los respetos Sr. Presidente, que deje de atacarnos y en su lugar se acerque a nosotros para dialogar y buscar vías que nos lleven a potenciar nuestra capacidad de resolver problemas y crear oportunidades.

¡Hagamos equipo Sr. Presidente! Permítanos apoyarlo, por ejemplo, en su maravilloso programa de siembra masiva de árboles maderables y frutales, porque tenemos que cuidar mucho que, si no se hace lo correcto y se carece de viveros certificados y material genético adecuado, nos vaya a salir “el tiro por la culata”, ya que podríamos estar repartiendo plagas y enfermedades del suelo, generando reservorios de Moscas de la Fruta y otras plagas y enfermedades, y multiplicando árboles sin el vigor ni características deseables. Permítanos sugerirle especies o cultivares de frutales tanto comerciales como silvestres, así como maderables, que además de producir frutas o madera podrían mejorar el nivel de ingreso/vida de sus dueños por sus propiedades nutraceúticas, farmacológicas, cosmetológicas y saludables a nuestra salud (por su alto contenido de polifenoles antioxidantes, por ejemplo).

¡Para eso servimos los científicos y tecnólogos Sr. Presidente! Para tomar decisiones basadas en el conocimiento, y para apoyar políticas públicas, entre muchas otras cosas. ¡Trabajemos juntos de manera inteligente, sumemos, respetémonos!

Los científicos le ofrecemos la enorme ventaja de operar escrupulosa y estrictamente mediante el “método científico”. Es decir, todas las aseveraciones que hacemos están sustentadas en la aplicación de ese “método científico”. No operamos por dogmas, ideologías, preconcepciones, o ideas fijas e inamovibles. Somos ciudadanos profundamente libres, creativos, y confiables ya que estamos obligados a evitar caer en todo momento en los tres tipos de conflictos éticos tipificados como graves en el medio científico: de interés (cuando intereses personales influyen sobre la toma de decisiones a favor de esos intereses personales), de conciencia (cuando se tiene una idea fija e inamovible sobre algo y se asume una posición de poder que puede frenar el desarrollo de ideas contrarias), y de esfuerzo (cuando te comprometes a más cosas de las que puedes cumplir). Es decir, Sr.Presidente seríamos aliados enormemente confiables, y por ello en lugar de denostarnos y denigrarnos, mejor respétenos y aprovéchenos. ¡No permitamos que la ciencia en México se ideologice y en consecuencia se persiga a quienes no comulgan con la ideología dominante!

Quiero compartirle Sr. Presidente, que tuve el honor de dirigir por siete años consecutivos (2010 – 2017) uno de los 26 Centros Públicos de Investigación – CPI’s coordinados por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología – CONACyT (me refiero al Instituto de Ecología, A.C. – INECOL). Pero mi relación con esta honorable institución data de al menos 30 años. Como director del INECOL tuve el honor de trabajar estrechamente con tres directores del CONACyT: Juan Carlos Romero Hicks, Enrique Villa Rivera y Enrique Cabrero Mendoza. Repruebo y lamento los ataques que esta honorable institución ha venido recibiendo desde la transición gubernamental y también repruebo los ataques que su último director, el respetado investigador del CIDE (otro CPI del CONACyT), Enrique Cabrero Mendoza, ha recibido y sigue recibiendo. No estoy de acuerdo, no son maneras de interactuar y en consecuencia considero que el Dr. Cabrero merece una disculpa pública de la persona que designó como su sucesora, con quien, por cierto, comparto el gran honor de ser Premio Nacional de Ciencias y Artes.

No creo que sea ni ético ni honorable estar acusando al Dr. Cabrero de corrupto, de malos manejos y de una pésima administración, cuando hasta la fecha no se ha presentado una sola prueba dura a la sociedad (ya van cinco meses de acusaciones). Se han atacado sin profundo conocimiento de causa programas tan benéficos para el país como los Fondos Mixtos (CONACyT/Gobiernos de los Estados [FOMIX]), los Fondos Institucionales de Fomento Regional para el Desarrollo Científico y Tecnológico (FORDECyT), las becas al extranjero, el Sistema Nacional de Investigadores, y varios otros. También a las sociedades científicas y consejos regionales de ciencia.

Corrijamos los errores, sancionemos las acciones ilegales si es que éstas se pueden documentar fehacientemente, pero no cancelemos iniciativas tan relevantes para el país por capricho o motivaciones ideológicas o de venganza. Evitemos enlodar gratuitamente las trayectorias de decenas, quizás cientos de personas, mujeres y hombres, que trabajaron (mos) bajo el liderazgo del Dr. Cabrero y en varios casos también bajo los liderazgos de Juan Carlos Romero Hicks y Enrique Villa Rivera.

Me refiero a muchas y muchos Directo@s adjuntos del CONACyT, director@s de área, o a quienes ocuparon puestos de menor jerarquía, pero no menos importantes, todas personas honorables, capaces, comprometidas con su país y que dieron lo mejor de sí, por fortalecer el aparato científico y tecnológico del país. ¡No se vale Sr. Presidente destruir sus vidas y trayectorias, pisotear su lealtad al CONACyT y al país, hacer sentir mal a sus hijos y padres, ofendiéndol@s gratuitamente!

Nadie es perfecto, y seguramente se cometieron errores de apreciación, pero tacharlos de corruptos y mafiosos me parece un despropósito que repruebo porque en nada coadyuva a un ambiente de respeto que dignifique nuestras interacciones, algo que tanto nos hace falta en México. Una transformación o reinvención de una institución o país no requiere de la destrucción de todo lo previamente construido para ser exitosa, sino de la sustitución de lo que está mal por algo mejor, si lo que realmente se busca es mejorar y no simplemente destruir.

Su servidor ha sido crítico de la comunidad científica y tecnológica, y por ello me atrevo a escribirle de manera tan directa. Lo fui con mi propia comunidad en el INECOL. Reconozco plenamente que en la comunidad científica y tecnológica acarreamos un serio problema de egos, y en consecuencia no hemos aprendido a comunicarnos de manera sencilla, humilde y efectiva con la sociedad. También reconozco que existen algunos cotos aislados de poder y que efectivamente como comunidad nos hemos despreocupado de muchos de los problemas que agravian y laceran al país.

Cuando Director del INECOL repetí en innumerables ocasiones que al vivir de los impuestos de la sociedad nos debemos a esa sociedad y que tenemos la obligación de involucrarnos en la solución de los grandes problemas que aquejan a la sociedad, entre ellos la pobreza extrema que afecta a más de 50 millones de conciudadanos, los agudos problemas de contaminación, deforestación y pérdida masiva de suelos por la erosión y contaminación, el problema de plagas y enfermedades y su explosión por el cambio climático global, las enfermedades de todo tipo, etc., etc. Por cierto, la solución al gravísimo problema de la obesidad y diabetes no requiere de ciencia de frontera sino más bien de voluntad política para incentivar a las empresas que producen y venden refrescos y comida chatarra para que ya no lo hagan, y en su lugar le ofrezcan a la población alimentos sanos. Tan fácil como eso…

Estoy convencido Sr. Presidente y lo reiteré públicamente en muchos foros, que es nuestro deber involucrarnos en la generación de ciencia de frontera, ciencia comprometida, que derive en políticas públicas efectivas. Para eso se construyó, por ejemplo, el Clúster Científico y Tecnológico BioMimic®, en Coatepec, Veracruz, dentro del seno del INECOL, un espacio donde colaboran estrechamente el 50% de los 26 Centros Públicos del CONACyT, y muchas otras instituciones honorables del país y del extranjero, entre ellas LANGEBIO, SENASICA, el Colegio de Posgraduados, las Universidades de Valencia (España), Florida (EUA) y California (EUA), precisamente en la búsqueda focalizada de soluciones a problemas concretos de la sociedad y además con la ilusión de aprender mucho de la naturaleza, que a lo largo de millones de años ya ha encontrado la solución a todos los problemas habidos y por haber de los seres humanos. De ahí deriva el concepto de “biomimetismo” que representa el eje rector del Clúster BioMimic®.

Todo esto se lo comenté personalmente a quien hoy dirige el CONACyT cuando me honró con aceptar una invitación a conocer este proyecto y a comer en nuestra casa, su casa Sr. Presidente, disfrutando de los productos de nuestra hortaliza y granjita urbana. Lo que hoy se propone como nuevo enfoque en el CONACyT es exactamente lo que ya estamos haciendo desde hace años en este espacio público en Coatepec, Veracruz.

Es importante que sepa Usted, Sr. Presidente, que el Clúster BioMimic® se pudo construir gracias a la visión de estado que tuvo el diputado Federal Cruz López Aguilar, en su momento presidente de la Comisión de Agricultura y Ganadería del Congreso de la Unión, de un ciudadano y funcionario público ejemplar (Dr. César Turrent Fernández), y de los tres directores generales del CONACyT antes mencionados, entre muchas otras personas profundamente comprometidas con México.

También, gracias al apoyo de la Asociación de Productores, Empacadores y Exportadores de México (APEAM), la cual donó 50 millones de pesos para crear una plaza de investigador para el país y en 2004 financió una investigación, por cierto, con cero aportes de parte del CONACyT que logró abrir un mercado totalmente cerrado durante 80 años. Esta Asociación está compuesta por productores que poseen desde media hectárea hasta más de 100 hectáreas de huertos de aguacate Hass. Es decir, desde muy pequeños y descapitalizados, hasta muy grandes y capitalizados, lo que hace a la APEAM un modelo a seguir en todo el país. En su momento la APEAM invirtió un millón de dólares en la investigación arriba mencionada y esa inversión ha generado entre 2004 y hoy ingresos al país por más de 6,500 millones de dólares y la creación de más de 55 mil empleos directos e indirectos a lo largo de la cadena de valor. ¿Alguien en su sano juicio podría dudar en consecuencia del altísimo valor de la ciencia para el desarrollo del país y el bienestar social?

 

Lo invito Sr. Presidente a que pronto visite al INECOL y a muchos otros Centros Públicos de Investigación coordinados por el CONACyT. ¡Este modelo lo debe Usted multiplicar en todo el país! Estoy seguro que le entusiasmará conocer el “Semillero de Premios Nobel”, un exitoso programa que cumplirá 10 años diseñado para recomponer el tejido social y dedicado a los niños jóvenes talentosos de Veracruz y México apoyado por la iniciativa privada, además del CONACyT. También le entusiasmará conocer a decenas de jóvenes “Cátedras CONACyT”, quienes por cierto nunca debieron haber sido denigrados al acusárseles de estar “colgados de la nómina del CONACyT”, sino por el contrario, debieron haber sido felicitados por su extraordinario desempeño y labor por México.

 

Conocerá además a decenas de investigadores e investigadoras adicionales, todas y todos comprometidos al 100% con la solución de problemas reales del país. También conocerá maravillosas colecciones biológicas, un jardín botánico y santuario de bosque de niebla de 30 hectáreas, plantas piloto 100% dedicadas a producir alimentos, plantas útiles, agentes de control biológico de plagas y enfermedades que ya están siendo utilizados por productores de tomate, café, papa y demás cultivos en todo el país. A través de las patentes generadas en tiempo récord estamos apoyando su deseo de “consolidar la soberanía científica del país”.

 

Le puedo aseverar Sr. Presidente, que en México no hay un sector de la población más auditado, más revisado y más evaluado que el científico y tecnológico. Cada año se evalúa estrictamente y sin miramientos nuestro desempeño y de esta evaluación dependen nuestros estímulos a la productividad. Cada tres años se nos evalúa por pares externos, sin conflictos de interés, y de ello dependen nuestras promociones o demociones, y dependiendo del nivel, cada cuatro o 10 años se nos evalúa en el Sistema Nacional de Investigadores.

 

El reto de obtener un doctorado y posdoctorado, ya sea en el país o el extranjero, representa un esfuerzo realmente extraordinario, muchas veces logrado con el apoyo de nuestras familias, el CONACyT u otras instituciones nacionales e internacionales. ¡Por favor no nos denigre ni insulte, y en su lugar trabaje brazo con brazo con nosotros! Por lo que significa ser científico, y más aún mujer científica en México, repruebo y lamento muchísimo la manera como ha sido tratada otra distinguida colega, la Dra. Beatriz Xoconostle Cázares, quien fue recientemente obligada a renunciar a su puesto como directora del Centro de Investigación Científica de Yucatán – CICY. Los métodos y acciones utilizadas para denigrarla, vilipendiarla, acosarla y finalmente doblegarla, son totalmente indignos del ambiente académico, pero también indignos de cualquier institución o país democrático donde se respetan los derechos humanos, leyes laborales y normas de civilidad.

Sería alarmante que nos acostumbremos a estas acciones sin levantar la voz. Al menos un servidor no se puede quedar callado porque le estaría fallando a mi país y parafraseando a Paulina Rivero Weber, me “estaría fallando a mí mismo”. Y si lográsemos llegar al acuerdo que le propongo a Usted Sr. Presidente, en el sentido de que a partir de ahora será la ética y no la moral lo que nos guie, estas acciones no tendrían ya nunca más cabida en el nuevo país que juntos estamos construyendo.

En el ámbito profesional le termino comentando, antes de abordar el ámbito ciudadano, que un servidor, así como miles de colegas en todo el país, estamos hondamente preocupados por una iniciativa de nueva Ley de Ciencia y Tecnología, que apareció cual meteorito, en el Senado y que representa un verdadero retroceso en todos los sentidos, porque el planteamiento y su justificación son aberrantes. Irónicamente, ahora ya nadie reconoce su autoría, cuando es muy claro que un documento así no surgió por generación espontánea.

¿Dónde quedó el valor civil y la ética de sus autoras y autores que ahora se esconden en el anonimato? Es inconcebible que se planteé centralizar todo el poder del aparato científico y tecnológico del país, no en una sola institución (el CONACyT), sino algo mucho más grave: en la persona designada para dirigir al CONACyT. ¡Es decir, un poder absoluto y monárquico, sin ningún tipo de contrapesos!

Retomando el acuerdo que le propongo sobre la adopción de la ética como eje rector de todas nuestras interacciones considero que no es ético querer sorprender a la comunidad científica y tecnológica con un “albazo legislativo” de esta magnitud, y es aún menos ético hacer un planteamiento tan deshonesto intelectualmente como el que está detrás de esa iniciativa de Ley.

¿Qué intención hay detrás del mismo? Por respeto a su muy valioso tiempo Sr. Presidente, no podré abordar los detalles aquí, pero créame por favor que se trata de una propuesta insostenible, y por ello considero que lo más ético y sano para el país es retirarla y archivarla. O si se insiste en discutirla, le propongo que se les dote de plena autonomía financiera y operativa a los Centros Públicos de Investigación ahora coordinados por el CONACyT, ya que representamos la segunda fuerza científica y tecnológica del país y, por lo tanto, ya estamos listos para independizarnos.

En el mismo orden de ideas, le comento Sr. Presidente que miles de integrantes de la comunidad científica y tecnológica del país nos sentimos decepcionados y engañados por el presupuesto asignado al CONACyT en 2019. Usted, en al menos tres eventos públicos de los cuales existen versiones grabadas, empeñó su palabra en el sentido de que el presupuesto del CONACyT no sufriría merma y además sería ajustado a la inflación. Es por ello que no entendemos cómo fue posible que se le recortaran al menos 2,500 millones de pesos al CONACyT y tampoco entendemos cómo fue posible que su titular haya guardado sepulcral silencio ante tan grave atentado. Le solicito, con el mayor de los respetos, que la promesa empeñada sea cumplida cabalmente, así como fue el caso con las universidades públicas.

 

Termino esta ya larga reflexión expresando algunas ideas, sugerencias y críticas de buena fe desde la perspectiva de ciudadano. Los más de 30 millones de votantes que lo eligieron de manera abrumadora, gritándole al mundo con toda razón que los mexicanos queríamos un cambio de fondo, que estábamos hartos de la corrupción y violencia descarnada, no otorgaron una mayoría absoluta al partido hegemónico, ni en el Congreso ni en el Senado. Ese mensaje fue profundo. Haber logrado “a toro pasado” esa mayoría absoluta en el Congreso corrompiendo los preceptos de democracia más elementales, por medio de burdas deserciones de un partido a otro me parece gravísimo para nuestro futuro y resta legitimidad democrática a cualquier Ley que se vote en esa cámara baja.

Ojalá escuche de su parte un pronunciamiento enfático en ese sentido. Como ciudadanos no debemos tolerar que “diputadas (os)” sin ética alguna se muevan de un partido al otro, cuando fueron elegidos mediante una boleta asociada a un partido claramente definido, socavando gravemente nuestra democracia.

También le pido encarecidamente Sr. Presidente, con el mismo respeto con el que inicié esta reflexión, que por favor analice reconsiderar algunas de sus decisiones. Errar es de humanos, reconocer los errores enaltece.

Usted tiene una enorme y bien ganada legitimidad y deseo mucho que esa legitimidad le siga acompañando a lo largo de toda su gestión de seis años. En consecuencia, le solicito reconsidere la, para muchos, incomprensible decisión que tomó en relación al nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. Comprendo perfectamente que su intuición y la información confidencial a la que tuvo acceso le haya llevado a concluir que en esa obra había mucha corrupción o al menos manejos poco aseados.

Lo que esperábamos muchos mexicanos es que se documentaran los supuestos actos ilícitos, se denunciaran y se enjuiciara ejemplarmente a las y los potenciales responsables. Pero jamás imaginamos que Usted cancelaría una obra tan urgente y necesaria para el país, que traería tantos beneficios para el mismo.

Argumentar que un lago muerto y apestoso (lo que fue el lago de Texcoco es hoy un caño de la CDMX), destruido hace muchos años era la razón para cancelar la obra, es poco creíble. En cambio, el Lago de Zumpango, aledaño a Santa Lucía, sí es aún rescatable. Un geólogo de la UNAM ya nos informó que los suelos en Santa Lucía son idénticos o muy similares a los de Texcoco, por lo que el argumento de la falta de idoneidad de los suelos también pierde peso.

Además, proponer que en esos suelos totalmente salinizados se implementará un programa de reforestación es poco serio, salvo que se generen árboles tolerantes o resistentes a tales niveles de salinización por medio de la tan vilipendiada ingeniería genética. Nadie en su sano juicio aprueba los abusos sociales cometidos previos al inicio de la obra, pero estos últimos se deben resarcir generando empleos dignos, no cancelándolos.

Y algo aún más de fondo: hoy no tenemos prácticamente opciones para construir un aeropuerto de la magnitud que requerimos, porque durante decenas de años se permitió, mediante esquemas corruptos e irresponsables, la urbanización caótica y voraz de millones de hectáreas de terrenos agrícolas y forestales. Mejor ataquemos de frente eso y no cancelemos, repito, una obra tan necesaria para el país en la que ya se han invertido cientos de miles de millones de pesos y que tendrá, al momento de su cancelación total, un 40% de avance.

Además, ya la IATA, MITRE y muchas otras instituciones calificadas para emitir opiniones altamente especializadas y técnicas han dicho una y otra vez que el esquema de tres aeropuertos no es viable por muchas razones técnicas. Le propongo Sr. Presidente, que mejor acuerde con los constructores y demás beneficiarios de la obra y del aeropuerto una vez funcionando que financien, obligatoria y permanentemente, un masivo programa de reforestación en todas las montañas y cuencas hidrológicas que rodean a la CDMX.

Que también se frene por ley la urbanización de todo suelo agrícola y forestal que aún es viable alrededor del nuevo aeropuerto, que se rescaten todos los ríos y cuerpos de agua aledaños a la CDM y finalmente que se genere un esquema masivo de captación de agua de lluvia en la gigantesca metrópolis que ya casi cubre, sin mediar fronteras de por medio la CDMX, el Edo. de México, Puebla, Tlaxcala e Hidalgo. Eso será mil veces más benéfico para la sociedad y el pueblo, que cancelar una obra tan necesaria para el país.

Sr. Presidente, no perderá Usted un ápice de legitimidad si da marcha atrás, por el contrario, ganará mucha credibilidad y confianza, incrementará su imagen de estadista visionario y desde una perspectiva ética recuperará lo perdido con la “encuesta” que no fue en realidad tal cosa, sino más bien un ejercicio que debería ser archivado en los anales de la historia como vergonzoso. Por eso mismo, su imagen, su credibilidad, su liderazgo, se incrementará enormemente si es capaz de aceptar que, en este caso particular, fue mal asesorado y en consecuencia se equivocó de buena fe.

¡Anímese Sr. Presidente, la historia se lo reconocerá! Hay otros temas sobre los cuales me gustaría platicar largamente con Usted pero considero que he abordado temas torale, y tampoco deseo abusar de su valioso tiempo. Por ejemplo, la idea de que tod@s l@s beneficiarios de sus programas de apoyo a sectores desprotegidos sean invitados a desarrollar una labor social a cambio del apoyo recibido. Eso generaría un maravilloso círculo virtuoso. O que generemos un esquema masivo de hortalizas urbanas y periurbanas en todo el país.

Espero que esta propuesta de “Constitución Ética” y respetuosa reflexión sobre la ciencia en México sea bien recibida por Usted Sr. Presidente porque fue escrita con genuino respeto a su persona, a lo que Usted representa, y con la enorme ilusión de aportar algo útil a mi querido México. Espero poderme sentar a dialogar con Usted muy pronto si acepta la respetuosa invitación de visitar al INECOL y al Clúster Científico y Tecnológico BioMimic® en Coatepec, Veracruz en fecha próxima. ¡Será tratado con mucho respeto, civismo y calor humano! Y, además, su visita seguramente ayudará a resolver en parte la terrible espiral de violencia descarnada y demencial que sufrimos, cada vez con mayor angustia y zozobra, los ciudadanos de Coatepec y la ciudad capital de Veracruz, Xalapa.

Martín R. Aluja Schuneman Hofer

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