Fernando García Carreño (Cibnor)

El doctor Fernando García Carreño es investigador titular D del Programa de Ecología Pesquera en el Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (Cibnor). Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

La ciencia es el producto de una comunidad social, en donde la verdad, la razonable correlación entre explicación y fenómeno, es valorada; el conocimiento se acumula y la cooperación prevalece. Actualmente, la ciencia parece estar sitiada: los ataques provienen de varios frentes, desde políticos (léase Trump contra el calentamiento de la atmósfera), hasta grupos o individuos disfrazados de científicos y de quienes opinan a la ligera. Existe el riesgo, si la comunidad de científicos lo permite, de que los hechos científicos sean reducidos a solo una opinión más, aún y cuando esos hechos describen y explican fenómenos naturales, el propósito para lo cual la ciencia fue desarrollada.

La ciencia es persistentemente exitosa en exponer teorías científicas que explican a la naturaleza, así como para soportar avances tecnológicos. Si algo sabemos, es que la capacidad de una teoría para explicar fenómenos aún no observados o dar pauta para el desarrollo de tecnologías no es prueba de que es “verdad” en el sentido epistemológico.

A mediados del siglo XVIII la teoría mecánica de Isaac Newton no solo explica la dinámica del sistema solar conocido en su tiempo; también permite predecir, a detalle, otros fenómenos astronómicos como el retraso en el paso del cometa Halley debido a efectos gravitacionales por su acercamiento a Júpiter. Cien años después de su muerte, se encontró que la órbita de Urano se desviaba de las predicciones de Newton, no porque la teoría fuera errónea, sino debido la presencia de un planeta aún no observado la afectaba; así se descubrió Neptuno. Por supuesto, la teoría de Newton se quedó corta para explicar otros fenómenos. Debieron llegar Albert Einstein, con su “teoría de la relatividad” y otros físicos astrónomos para explicarlos.

El éxito de la ciencia ha sido tan impresionante que los filósofos desarrollaron teorías de conocimiento para explicar cómo los científicos usan la observación, la experimentación y la razón para describir explicaciones fundamentales sobre los fenómenos de la naturaleza, para descartar lo que los lógicos han sabido desde la antigüedad: que no es posible “probar cabalmente” una hipótesis independientemente del número de efectos predichos correctamente. Aun así, se pueden promulgar teorías que expliquen fenómenos y predigan comportamientos aún no observados.

El éxito de la ciencia ha sido tal que en tres siglos de existencia ha duplicado la expectativa de vida del humano. Sabemos que la ciencia ha contribuido al desarrollo de la humanidad porque ha generado teorías que explican, de manera inherente, las causas de los fenómenos naturales. Incluso, ha llegado a generar métodos para cuantificar fenómenos que durante mucho tiempo se creyeron ajenos a ella, como la cuantificación de la espiritualidad en algunas personas.

La contribución de la ciencia en entender fenómenos permite modularlos, como en el tratamiento de una enfermedad o en la generación de una tecnología. Un ejemplo de contribución inconmensurable es el lavado de manos, cuyo efecto lo explica el científico Pasteur con su “teoría del germen” así como la “teoría de las vacunas” han contribuido en el progreso de la humanidad más que cualquier tecnología, ¡piense en la que quiera!

La tecnología moderna utilizada para comunicación mediante las redes sociales ha dado voz a todos. Desde gente educada, hasta a legos que opinan sin conocimiento.

Un ejemplo reciente que confronta a la sociedad: científicos y personas educadas, por un lado, y legos, personas que opinan sin saber, por otro, es lo ocurrido durante 2019. Treinta y siete científicos expertos, miembros del “EAT–Lancet Commission”, publicaron un artículo científico en la revista The Lancet y después lo divulgaron en redes sociales bajo el hashtag #EATLancet, en el que indicaban sugerencias para mejorar la salud personal y ayudar a la ecología del planeta.

La sugerencia era reducir el consumo de carne, aumentar la ingesta de frutas, legumbres y verduras, y modificar la forma cómo se industrializa la agricultura. Al mismo tiempo, se publicaron tuits con la etiqueta #yes2meat, con una capacidad de propaganda mayor, basada en información sin sustento científico y en opiniones e intereses personales, las cuales impactan en los seguidores de esa red, generando confusión e induciendo negativamente en la toma de decisiones de sus seguidores.

La comunidad científica debe ser proactiva y manifestar su autoridad basada en investigaciones rigurosas que lleven a reducir el efecto de la desinformación en redes sociales y sus consecuencias en asuntos que afectan a toda la humanidad.

  • Modificado de The Uncomfortable Limits of Human Knowledge
  • Sobre la EAT–Lancet Commission, Los defensores de la carne plantan cara a los científicos que aconsejan reducir su consumo
  • Relevante lectura sobre la para construir una comprensión racional que guíe nuestra vida
  • Reflexiones sobre la aventura intelectual de nuestro tiempo de Jesús Monsterin. Revisión por Fernando García Carreño.

Fuente: México es Ciencia

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