Dra. Damaris Godinez Vidal

Desarrolló su investigación de Maestría y Doctorado en el Departamento de Biología Molecular de Plantas del IBT bajo la tutoría del Dr. Mario Rocha. Posteriormente realizó una estancia postdoctoral con la Dra. Alejandra Covarrubias y el Dr. José Luis Reyes. Actualmente, la Dra. Godinez es investigadora en el laboratorio del Dr. Philip A. Roberts, en el Departamento de Nematología de la Universidad de California, Riverside, EUA, donde estudia el manejo integrado de nematodos parásitos de plantas, empleando resistencia introgresiva para la mejora de cultivos y líneas de reproducción en ambientes cálidos y áridos.

“Traigo yerba santa pa’ la garganta, traigo jeilimon pa’ la inchazon, traigo arrecaminos pa’ su destino… y con esta yerba se casa uste!” Tal y como lo canta en su alegre canción del Yerberito, Celia Cruz, las plantas siempre han estado vinculadas con el ser humano de innumerables maneras. Unas de las especialistas en extraer compuestos químicos de plantas con ciertas propiedades medicinales, fueron las llamadas Brujas medievales o Curanderas de Hierbatería y Crucifijo (1), quienes aliviaban el sufrimiento de la mente y el cuerpo. Así, ya en el siglo VIII, comenzaba el tráfico de especias y alcaloides alucinógenos (compuestos orgánicos que poseen una base nitrogenada), que mediante ungüentos y hierbas secas daban sosiego a las almas agitadas que andaban en busca de complacencias personales. De ese modo comenzó la fama de varios remedios que hasta el día de hoy se utilizan para obtener los favores amorosos de alguien, sin tomar en cuenta el peligro que la ingesta de éstos puede traer al organismo.

Reportes que datan de la época de la conquista en México, describen la gran diversidad de plantas con efectos intoxicantes, estimulantes o narcóticos, que eran utilizadas por los aztecas en prácticas médicas y ceremonias religiosas. Sin embargo, sólo algunas plantas han sido vinculadas con conceptos mágicos y amorosos, como por ejemplo el Toloache y el Ololiuhqui (2), entre otras.

El Toloache: ¿la pócima de amor o de veneno?

Cuando una persona enamorada dejar de pensar por sí misma y pierde el juicio propio, siempre decimos ¡“Te dieron Toluache”! Lejos de la verdad, el Toloache o mejor conocida como la Planta del Diablo (Datura innoxia), es una de las plantas más usadas para atraer el amor y hoy en día es posible conseguirla con relativa facilidad en los mercados del centro de la Ciudad de México. Sin embargo, el Toloache es una de las plantas más tóxicas conocidas debido al tipo de alcaloides que contiene, siendo usada como método de tortura por la Santa Inquisición, principalmente por sus características alucinógenas. Conocida por los mexicas asentados en el valle de México como “Toloatzin” (del Náhuatl que quiere decir cabeza inclinada), el Toloache es una planta herbácea anual que pertenece a la familia de las Solanáceas, con frutos capsulares espinosos que contienen semillas negras en forma de riñón. Unas de las características principales de las Daturas, son su alta capacidad de adaptación y su olor desagradable, el cual actúa como barrera repelente pero también como atrayente de insectos devoradores.

Todas las partes de la planta son un medio efectivo para inducir alucinaciones intensas, ya que producen alcaloides tropano (compuestos bicíclicos nitrogenados) que tienen efectos sobre la producción de dopamina y norepinefrina, ambos neurotransmisores que actuan sobre algunas partes del cerebro y el cuerpo durante situaciones placenteras y de estrés o peligro. Un ejemplo conocido de un alcaloide tropano es la cocaína, que es un estimulante eufórico y anestésico local, que a diferencia de otros alcaloides tropanos, no desencadena alucinaciones.

El Toloache particularmente, produce tres tipos de alcaloides tropano: la escopolamina, hiosciamina y atropina. La escopolamina es un depresor del sistema nervioso central; la histosciamina promueve la vasodilatación y la constricción de la pupila; mientras que la atropina dilata la pupila, produce estreñimiento y acelera el ritmo cardíaco.

Usos y mitos

El Toloache se ha usado como remedio para tratar diversos trastornos, desde fiebres ligeras hasta el tratamiento de huesos rotos y articulaciones inflamadas; para desinfectar heridas, para los dolores de parto e incluso para tratar el asma y diarreas. Dependiendo de la dosis, los efectos pueden ser curativos y afrodisíacos, llegando a producir visiones chamánicas (3). La sobredosis puede comenzar con excitación y terminar en muerte por paro respiratorio. Lo que sabemos hasta ahora, es que el Toloache ha sido una planta satanizada por los efectos que genera, y ha sido vinculada con magia y hechicerías para atraer el amor, desde la época prehispánica hasta la Colonia. Sin embargo, hoy sabemos que los alcaloides producidos por D. innoxia se emplean por la industria farmacéutica en diversos medicamentos: la escopolamina en combinación con la morfina se emplea para los dolores de parto y para prevenir el mareo; la hiosciamina es usada para el tratamiento de espasmos vesiculares y gastrointestinales; y la atropina usada durante los exámenes oftalmológicos, también se emplea para contrarrestar el envenenamiento por insecticidas (organofosforados) y por hongos venenosos (Amanita muscaria). Los estudios de hoy en día, ya no sólo están basados en los efectos que los alcaloides producen en el humano, ahora se están investigando los efectos sobre los insectos devoradores de las Daturas, la generación de resistencia contra otros herbívoros y los genes implicados en la resistencia. Con toda la información generada sobre D. innoxia, ahora el lector ya sabe que lo popularmente aceptado no siempre es correcto y que tomar Toloache es más un acto de odio que de amor.

Ololiuhqui: Regalo de los dioses

El Ololiuhqui o Gloria de la mañana, abarca 50 géneros y más de 1000 especies de plantas, que en su mayoría son anuales, herbáceas y ornamentales pertenecientes a la familia de las Convolvuláceas. Turbina corymbosa (Rivea corymbosa) también llamada Coaxihuitl (planta serpiente) e Ipomoea violacea o conocida como Tlitlitzin (badoh negro), fueron consumidas por aztecas y mayas En general el Ololiuhqui posee flores infundibuliformes (o en forma de campanilla) que se cierran por las noches y se abren por la mañana como R. corymbosa, o como en el caso de las flores de I. violacea, que se abren por la noche y su dulce fragancia perdura hasta que sale el sol. La palabra Ololiuhqui proviene del Náhuatl que significa “cosa redonda” y se refiere a las semillas pequeñas que para R. corymbosa son de color café (hembras) mientras que las de I. violacea son negras (machos). Hasta ahora la ingesta de semillas hembra es realizada por las mujeres, y la de semillas macho (con un efecto más potente) por los hombres. Las semillas molidas e ingeridas con agua, pulque, mezcal o aguardiente, provocan alucinaciones a t e r r a d o r a s , ilusiones perceptivas y visuales (tipo caleidoscopio), sinestesias (sensación que un estimulo aplicado en una parte del cuerpo produce en otra parte del mismo), euforias y alteraciones en la memoria.

En el patio de Tepantitla en Teotihuacán, se encuentra un mural (500 d.C.) en dónde figura una diosa azteca y sus sacerdotes con una enredadera de Ololiuhqui, en la que puede verse el néctar alucinógeno emanando de las flores.

Usos y mitos

El Ololiuhqui, al igual que el Toloache, se ha asociado con brujerías y fines amorosos, desde la época prehispánica. Del mismo modo que los hongos sagrados (como el peyote), el Ololiuhqui sigue empleándose en las sociedades indígenas mesoamericanas durante sus rituales ceremoniales. Actualmente se sabe que son de uso común en tribus de zapotecas, chinantecos, mazatecos y mixtecas, que viven en las lejanas montañas del sur de México en un aislamiento poco o nada influenciado por el cristianismo.

Lo que sabemos es que las semillas de Ololiuhqui contienen altas concentraciones de alcaloides indólicos del ácido D-lisérgico. Las amidas del ácido lisérgico, la ergina e hidroxietilamida, son compuestos similares al LSD cuya estructura les facilita su unión con receptores de la serotonina. El LSD, dietilamida del ácido lisérgico, es el alucinógeno semisintético más potente conocido hasta ahora, y ¡sólo por el reemplazo de dos átomos de hidrógeno por dos grupos etilo!! ¡Impresionante! Hoy en día se sabe que la dosis alucinógena del Ololiuhqui de 2 a 5 mg, es 100 veces menos potente que el LSD (0.05 mg); sin embargo, los efectos alucinógenos y la ansiedad que provoca son similares al LSD y duran aproximadamente 6 h. Sobredosis de Ololiuhqui inducen abortos espontáneos, trastornos hepáticos, emocionales y psicológicos, desencadenando algunas veces enfermedades mentales en personas con antecedentes familiares de esquizofrenia. Ahora sabemos que los trances chamánicos, la euforia y la excitación que embarga a las personas que ingieren la Gloria de la mañana se debe a la relación Ololiuhqui-neurohormonas (serotonina y norepinefrina), lo que hace posible suponer que su influencia sobre el sistema nervioso central provoca la psicosis aguda.

Como el lector puede darse cuenta, existen varias opciones de plantas para “embrujar" o para “atraer el amor”. En Europa, a diferencia de América, varios miembros de la familia de la belladona se asociaron con las artes amatorias. Las principales plantas intoxicantes usadas para tal fin fueron el beleño (Hyoscyamus niger), la belladona (Atropa belladonna) y la mandrágora (Mandragora officinarum), que al igual que las Daturas su extraordinaria reputación recayó en los efectos de psicoactividad que inducían, principalmente por la elevada concentración de alcaloides tropano . De todas éstas la mandrágora ha sido la protagonista a través de los tiempos, tomando diversos nombres como: manzana del amor, raíz mágica, Satan’s apple, mano di gloria, mala canina, pomo di carne (4), entre otras. Los relatos sobre los usos de la mandrágora se remontan al antiguo Egipto, donde era un símbolo de amor y un apreciado afrodisíaco; incluso en el antiguo testamento hay un famoso pasaje que menciona a las manzanas del amor y sus efectos (Génesis, 30:14-17). La mandrágora ha dado lugar a innumerables historias, unas afirmaban que toda la planta estaba rodeada por un aura secreta, que tenía alma con forma humana y que podía matar, si era arrancada de la tierra, con un grito agónico a su recolector. Reportes de pruebas con ungüentos brujeriles que incluyen mandrágora, opio, hachís, betel, belladona, datura y beleño negro, mencionan que dichas pomadas provocaban una embriaguez con tintes eróticos. Hasta ahora la mandrágora se conoce como “la hierba de la vida y la muerte”, todavía se considera como una planta erótica y un afrodisíaco par excellence que causa amor, matrimonio y felicidad. ¡Que tal eh!

¡Benditos alcaloides tropano!

En las culturas indígenas actuales los alucinógenos siguen siendo empleados como instrumento para mantener el chamanismo, la inducción de estados alterados de consciencia y las ceremonias curativas. Incluso el Ololiuhqui es uno de los alucinógenos menos conocidos en el mundo, pero quizás el más utilizado entre los pueblos indígenas de México. Por eso es importante conocer qué plantas producen los alucinógenos, qué tipos de compuestos producen y cuales son sus efectos. Hoy en día, el abuso de alucinógenos con fines hedonistas, es un hecho que afecta a las sociedades posmodernas por lo que debemos ser cuidadosos al utilizar alucinógenos. Éstos deben ser empleados sólo con fines curativos para asegurar la posibilidad de su uso en el futuro.

Fuente: Revista Biotecnología en Movimiento

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