En palabras de Juan Villoro, “tenemos una capacidad biológica de comprender el mundo, pero también una necesidad social de hacerlo. En este intercambio, las historias son fundamentales para la coexistencia y para soportar el peso de la realidad”

Con una sesión dedicada a la literatura y transmitida en vivo el 14 de diciembre, a través de las plataformas digitales de El Colegio Nacional, concluyó el ciclo El azar y la necesidad: 50 años después, coordinado por el colegiado Pablo Rudomin, y Ranier Gutiérrez, del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados.

La sesión contó con la participación de Juan Villoro, miembro de esta institución, quien habló sobre La baraja de las historias; y Liliana Weinberg, ensayista y crítica literaria, quien impartió la ponencia “El vago azar o las precisas leyes”. Al tomar la palabra, Weinberg comentó que, tal vez, una de las grandes tareas de la literatura y el arte haya sido la de conjurar, domesticar, nombrar y explorar imaginativamente las consecuencias de las ideas de azar y necesidad en el ámbito de la vida humana.

“La propia amistad, el propio encuentro en lo más profundo entre dos personas en diálogo, es en sí mismo un curioso producto del azar y la necesidad. Las diversas y plurales formas de amistad que unieron a Borges y Reyes, a Monod y Camus, la producción de sentido a través de su conversación infinita es también una de las claves del ensayo como género que, en muchos casos, se convierte en el despliegue de un largo diálogo vital e intelectual”, agregó.

La ensayista sostuvo que uno de los detonantes del propio ensayo moderno es la inclusión de la idea de fortuna, que a su vez habilita la posibilidad de exploración del mundo con un sentido abierto, no clausurado, siempre en construcción. Sobre el texto de Monod, afirmó que se trata de un ensayo que no sólo intenta compartir conocimientos, ponderarlos e integrarlos en una nueva síntesis, sino que busca participar con sus lectores y sus reflexiones, así como transmitir una valoración de las consecuencias que tiene para el conocimiento la vida de la sociedad y el ámbito de la moral en la incorporación de estos hallazgos.

“Como nos previene el autor, hay que evitar toda confusión de las ideas sugeridas por la ciencia y la ciencia misma. Hay que llevar hasta sus límites las conclusiones que la ciencia autoriza a fin de revelar su plena significación”, puntualizó la especialista.

De acuerdo con la crítica literaria, El azar y la necesidad supera en mucho un ensayo de divulgación o de popularización de ideas científicas, ya que muestra que los hallazgos de la ciencia conducen a una nueva visión objetiva de los principios de la vida y con ello a una nueva reflexión de naturaleza humana. Existe la relación entre conocimiento y ética en que la ciencia se hermana con la conciencia.

“Se trata de un ensayo ligado a la misma vida de Monod, los diálogos, los avances en la investigación que hizo él con el equipo Pasteur, la integración de los nuevos hallazgos en su campo para poner en circulación nuevas herramientas y entender este proceso que podemos llamar el desencantamiento del mundo.”

Recordó que las primeras claves de lectura del ensayo de Monod se proporcionan desde el propio título con epígrafes que preludian su texto, “tanto el título como el primer epígrafe envían la expresión de Demócrito: Todo lo que existe en el Universo es fruto del azar y la necesidad”.

En palabras de la especialista, para Monod la analogía entre las máquinas cibernéticas y el sistema nervioso central es impresionante y fecunda su comparación, “y todo esto nos lleva a reflexiones abismales que nos conducen a la filosofía del lenguaje”.

La baraja de las historias

Por su parte, el colegiado Juan Villoro impartió la ponencia La baraja de las historias y comentó que el arte es una de las maneras de otorgar sentido a un Universo que, en forma manifiesta, carece de ese mismo sentido. “Otros caminos son los de la religión o la filosofía, estamos ante formas subjetivas del conocimiento, no ante ese conocimiento objetivo.”

El escritor se refirió a cómo el azar y la necesidad, que puso sobre la mesa el bioquímico francés Jacques Monod, operan en la construcción de las historias. Retomó la novela Jacques el fatalista y su maestro, de Denis Diderot, obra del siglo XVIII, que le permitió al filósofo francés poner en práctica sus ideas inspiradas en los temas abordados por Monod, como las probabilidades. “Está relacionada con el hecho de cómo se cuenta una historia a través de digresiones, es decir de cambios de tema que son una puesta en práctica de las probabilidades.”

Explicó que la relación entre el azar y la necesidad tiene que ver con entender la vida y el destino como un todo o como la suma de pequeñas casualidades. Y recordó que, en este sentido, una de las preguntas de Diderot fue el papel de la voluntad y en su novela refuta este concepto. “Es una manera extraordinaria de reflexionar sobre las condiciones probabilísticas de la existencia humana. Es uno de los muchos ejemplos que podemos encontrar en la literatura para abordar los conceptos de Monod.”

El autor de libros como El testigo y Dios es redondo se refirió también al término destino como la historia que da significado. “Ante un mundo inhóspito, ajeno, que está mal hecho y que nos queda a deber, la manera de conferirle un significado es, entre otras muchas, contando historias, es decir tratando de darle una unidad de sentido a lo que acontece.”

De acuerdo con Villoro, la manera de reaccionar instintivamente ante cualquier sobresalto es tratar de insertarlo en una historia que lo atempere y le dé un sentido que lo vuelva llevadero. “Necesitamos historias para vivir, es una condición biológica de una especie que tiene inteligencia individual y social, es decir tenemos una capacidad biológica de comprender el mundo, pero también una necesidad social de hacerlo. En este intercambio, las historias son fundamentales para la coexistencia y para soportar el peso de la realidad.”

Agregó que la gran pregunta para los seres humanos es saber qué es el destino, “me parece que la manera de definir destino, tema esencial de cualquier novela, es justamente la vinculación de la determinación con el azar, la necesidad y el azar, esas dos categorías son las que configuran un destino. La gran paradoja es que el destino se entiende en forma retrospectiva”.

Al final de su participación, Juan Villoro afirmó que, además del destino, la fortuna, tema relacionado con el azar, también es utilizada como método en la construcción de historias. “Durante mucho tiempo se utilizó de diversas formas, tratando de buscar fórmulas para que el azar determinara resultados positivos. La poesía, a través de la métrica y la rima, ha establecido obstáculos creativos que ayudan a llegar a resultados impensados, de alguna manera es una forma de convertir el azar en necesidad.”

Fuente: El Colegio Nacional

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