De acuerdo con Luis Fernando Lara, los cinco conceptos para situar la facultad del lenguaje con relación a la teoría darwiniana de la evolución, el papel del azar y el de la necesidad son: una diacrisis, una señal, un código, la facultad del lenguaje y el concepto de teleonomía en Monod

La construcción del lenguaje, su transmisión de generación en generación, así como el ritmo en el habla y su relación con las interacciones del cerebro, fueron los temas que se abordaron en la sesión transmitida en vivo el 22 de noviembre a través de las plataformas digitales de El Colegio Nacional, como parte del ciclo El azar y la necesidad: 50 años después, coordinado por el colegiado Pablo Rudomin y Ranier Gutiérrez, del CINVESTAV.

En la sesión participaron el lingüista Luis Fernando Lara, miembro de esta institución, quien impartió la ponencia La facultad del lenguaje y la teleonomía, y Florencia Assaneo, investigadora del Instituto de Neurobiología de la UNAM, en Juriquilla, quien intervino con el tema Los ritmos del habla.

Al tomar la palabra, el colegiado Luis Fernando Lara, recordó que El azar y la necesidad, de Jacques L. Monod (1970), fue una influencia muy importante para su acercamiento a la comprensión contemporánea de la evolución, en particular, la humana y para plantear la facultad del lenguaje. Puntualizó que los especialistas interesados en esta capacidad del habla no lograrán construir una concepción integral de lo que define al Homo sapiens de manera aislada, sino a partir de un diálogo conmensurable y comprensible para todos.

Durante su participación, el especialista mencionó cinco conceptos necesarios para situar la facultad del lenguaje con relación a la teoría darwiniana de la evolución, el papel del azar y el de la necesidad. Describió que “la facultad del lenguaje es una capacidad que compartimos con otros seres vivos como las abejas, los pájaros, las ballenas, los delfines o los primates, mediante la cual se pueden transmitir a otros miembros de la misma especie y de la comunidad mensajes que amplían su percepción de la realidad orientados a su supervivencia y a su adaptación”.

Agregó que el origen de todo mensaje es diacrítico, es decir consiste en una distinción de aquello que se percibe en orden al instinto de supervivencia y que está dotado con una señal. “La facultad del lenguaje consiste primero en la atribución de una señal a la percepción de ciertos acontecimientos naturales que resultan pertinentes para la supervivencia, por ejemplo, un trueno, un rugido o un llanto.”

Explicó que las señales pueden construir códigos relacionados uno a uno con la información que transmiten. En ese sentido, los cinco conceptos para situar la facultad del lenguaje con relación a la teoría darwiniana de la evolución, el papel del azar y la necesidad son: una diacrisis, una señal, un código, la facultad del lenguaje y el concepto de teleonomía en Monod, el cual consisten en la transmitir, de una generación a otra, el contenido de invariancia característico de la especie.

En palabras del lingüista mexicano, la facultad del lenguaje existe en muchas especies vivientes y se manifiesta en código de señales, en lenguas y en lenguajes como el de la música o las matemáticas. Comentó que, para Monod, la facultada del lenguaje formaba parte de los efectos de la aparición al azar de ciertas mutaciones en el ADN de los antepasados primates que recalaron en la evolución del cerebro.

De acuerdo con el experto, dada la invariabilidad resultante de los efectos de las mutaciones azarosas en el ADN, Monod sostuvo que la adaptación de los seres humanos dio lugar a cambios epigenéticos en el cerebro humano, es ahí donde reside la facultad del lenguaje. “Lo que hace falta preguntarse es cómo se integra en el cerebro esa facultad, a partir de las investigaciones sobre la existencia de las neuronas espejo se abren caminos en esa dirección. Este es uno de los temas que debiéramos comenzar a explorar juntos neurólogos, neurofisiólogos, psicólogos y lingüistas.”

Luis Fernando Lara concluyó que el concepto de teleonomía propuesto por Jacques L. Monod merece atención y el desarrollo en la construcción de una teoría integral de la facultad del lenguaje, “que permita entender mejor los procesos cerebrales de producción y comprensión de las lenguas, así como la ilimitada variedad de soluciones lingüísticas que ha encontrado la humanidad en la historia de sus adaptaciones”.

Los ritmos del habla

Por su parte, Florencia Assaneo, investigadora del Instituto de Neurobiología de la UNAM, en Juriquilla, dictó la ponencia Los ritmos del habla y definió este concepto como la capacidad que tienen los seres humanos de comunicarse, a través de la generación de una secuencia de sonidos.

Comentó que para poder hablar se necesita una coordinación exacta en el orden de microsegundos de todos los elementos del tracto bocal, la lengua, la mandíbula, los labios y la vibración de las cuerdas vocales. “La coordinación de estos movimientos es muy compleja, pero lo percibimos muy fácil porque durante los primeros años de vida nos entrenamos constantemente para hacernos expertos en el habla.”

Agregó que el habla es una secuencia organizada de sonidos silábicos. De acuerdo con las gráficas de voz, se puede afirmar que cuando hay picos altos en la señal se debe a que el tracto vocal está abierto, no existe ninguna obstrucción. Sin embargo, con sonidos como la “F” se generan barreras entre la punta de la lengua y el paladar. “El habla es la secuencia de aumentos y disminuciones en la señal acústica y estos ciclos se generan con una organización de sílabas.”

La especialista adscrita al Laboratorio de percepción y producción del habla, de la UNAM, se refirió a un estudio mundial realizado en 2017 para determinar el ritmo de muchos idiomas. “El resultado fue que los idiomas tienen una estructura rítmica muy estable en todas las lenguas. Es decir, en todas las lenguas estudiadas se emiten entre tres y ocho sílabas por segundo. Es muy sorprendente, porque son muy distintos los orígenes y los idiomas, pero todos convergen en los mismos ritmos.”

Sostuvo que estos ritmos no sólo están presentes en seres humanos. “Se hizo un estudio con animales y los resultados obtenidos fueron que el ritmo lo comparten diversas especies, es parte de una actividad cerebral que refleja esa reciprocidad intrínseca que posee el cerebro.”

Explicó que, en una investigación donde se tomó una frecuencia del habla y se modificó su longitud de onda, es decir se aceleró y se alentó, el resultado fue que el promedio de tres a ocho sílabas por segundo facilita la comprensión del habla y cuando se modifica la frecuencia se cometen muchos errores en la comprensión del mensaje.

Concluyó que la producción del habla ocurre de manera rítmica, “la secuencia de sílabas se genera de manera rítmica como consecuencia de propiedades biofísicas de áreas cerebrales que manejan la activación motora de nuestra periferia. Por otro lado, entendemos que la percepción resulta rítmica y pareciera ser que el habla está facilitada para los ritmos que están dentro del rango natural”.

De acuerdo con la especialista, estos ritmos son consecuencia de la biofísica de las áreas cerebrales y su convergencia podría representar un proceso teleonómico. “Para utilizar la nomenclatura de Jaques L. Monod, debemos pensar que esta convergencia que existe entre los ritmos motores de la corteza motora y corteza auditiva pudieron evolucionar en conjunto para converger y trabajar al mismo ritmo y así facilitar la interacción entre seres.”

Fuente: El Colegio Nacional

Pin It

Comentarios potenciados por CComment