De acuerdo con Arnoldo Kraus, la lectura del volumen plantea una serie de interrogantes al lector y a los especialistas, como por ejemplo si se tiene, o no, derecho de salvar a un suicida

“La gente que decide suicidarse lo hace porque ya no puede con la vida, porque siente que el peso de la vida es demasiado y requiere terminar con ella”, aseguró el médico y escritor Arnoldo Kraus, quien junto con el colegiado Vicente Quirarte coordinaron la presentación del libro Suicidio (Debate, 2021), que se llevó a cabo este 23 de noviembre en formato híbrido desde el Aula Mayor de El Colegio Nacional, y se transmitió en vivo a través de las plataformas digitales de la institución.

Durante la sesión, que contó con la participación de los colegiados Antonio Lazcano Araujo, Eduardo Matos Moctezuma y María Elena Medina-Mora, se habló sobre las múltiples miradas que se reúnen en el volumen sobre el tema del suicidio, desde la perspectiva de un politólogo, una psicóloga, un biólogo, un neurólogo o distintos literatos, a fin de construir un panorama amplio.

Kraus apunta que uno de los aciertos de las mentes reunidas en el libro es la gran pluralidad, en buena parte lograda por el hecho de que quien se encargaría de desarrollar un capítulo no sabía de qué escribiría la otra persona; sí conocían, por nombre, a la mayoría de los colaboradores, “pero esto fue un ejercicio interesante, porque cada uno se comprometía con su texto sin saber lo que diría el otro texto”.

“Así, se encontrarán opiniones no universales, quizás opiniones encontradas entre un autor y otro, y opiniones que ven ángulos diferentes que otros de autores no vieron, lo que le da una gran riqueza al libro.”

De acuerdo con Arnoldo Kraus, la lectura del volumen plantea una serie de interrogantes al lector y a los especialistas, como por ejemplo si se tiene, o no, derecho de salvar a un suicida: “aquí no voy a encontrar una respuesta, pero tendremos que intentar responder en nuestra vida, no hoy, sí es correcto salvar a un suicida y es adecuado llevarle un servicio de urgencias e impedir que fallezca”.

El gran problema que pone en la mesa es que estamos en un mundo muy enfermo, en un mundo muy dispar que lo ha llevado a plantear una reflexión que hace con mucha frecuencia, sobre qué tanto sirve acumular conocimiento, conocimiento profundo y conocimiento sensible, sin saber si se aplica bien.

“¿Se deberían encontrar las vías necesarias para, desde el conocimiento, desglosar y saber qué más tiene la persona que está enfrente de mí?, o ¿qué sucede con esta sociedad que se destruye tanto?”

En su participación, Arnoldo Kraus llamó a penetrar en las razones por las cuales una persona decide quitarse la vida, porque al final se trata de una de las decisiones más complejas que puede tomar cualquier ser humano y para evitar el suicidio se tendría que cambiar la dinámica del mundo, mejorar las condiciones sociales de las personas, “las condiciones en las que uno nace, las condiciones en las que uno pervive, las oportunidades que tendrá, lo cual me regresa a este mundo enfermo”.

“Tenemos que ofrecer ventanas de equidad, por la desesperanza en el mundo contemporáneo, que se ha reproducido un tanto por la pandemia, pero la pandemia nos ha puesto enfrente de nosotros: el COVID-19 es un gran sensor para la función actual: COVID es un maestro inesperado y un gran sensor, esta pandemia ha movido muchas redes en el mundo y nos ha vuelto a poner enfrente de nosotros de una manera inesperada, pensando que es un virus, que nada más es una partícula pequeña, pero que ha desnudado a la población.”

“Otra pregunta, que no responderé, quizás mis compañeros tengan una respuesta –pienso que no, o alguien en el público–: si podemos estar de acuerdo, si podemos aceptar e, incluso, tener una cierta dosis de paz, no de alegría, pero sí de paz, cuando sabemos que alguna persona conocida se suicidó por diversas razones que le aquejaban”, cuestionó Arnoldo Kraus.

Visiones sobre un tema

Al tomar la palabra, Vicente Quirarte leyó algunos fragmentos de su colaboración dentro del volumen, con referencias a la literatura y a una figura como Rubén Bonifaz Nuño, pero también con una mirada a la muerte de un ser querido, como su padre.

Al final de La invencible, en la que rinde un homenaje a don Martín Quirarte, el también poeta escribe: “la resistencia es mejor que la existencia, un libro comenzado mi año 56, la misma edad de mi padre cuando abandonó este mundo”.

“Lo escribí entonces y lo sostengo ahora, una década más tarde: la cercanía de la muerte por causas naturales o debido al enemigo silencioso que a todos nos hermana, no aumenta el apetito que por ella sentimos; por el contrario, nuestro deber es resistir y apoyar al prójimo en lo que podamos: llevar adelante la aventura vital que nos corresponde y encontrar los asideros que apuntalan cada uno de nuestros días. Sólo de esta manera aprenderemos a respetar plenamente la decisión del que quiere irse de la fiesta”, en palabras de Vicente Quirarte.

Para la psicóloga María Elena Medina-Mora, Suicidio ofrece 20 capítulos que tejen y desteje en torno a este tema, pero con variadas conclusiones, entre una opción que ve al suicidio como una cobardía y otra que la ve como una libertad, con una gran cantidad de apreciaciones entre estos dos extremos.

“El libro es más que oportuno, especialmente en esta época, en que se conjuntan factores de riesgo para su aumento, especialmente la pobreza y la violencia doméstica, que incluye el abuso sexual; la falta de interacción social, sobre todo en las épocas de desarrollo infantil y de la adolescencia; el aumento del estrés, de la desesperanza, de duelos prolongados y de soledad que aumentan en este periodo.”

A decir de la colegiada, se trata de un fenómeno en crecimiento, en particular en América, y las evidencias señalan que ocurre por encima de la tendencia de crecimiento previa a la pandemia en un 30%, por lo cual se vuelve muy importante hablar del tema.

En ciertos países, el suicidio es penalizado, por considerar que va en contra de la sociedad; incluso, algunas religiones excluyen a las personas o familias que pasan por esta experiencia y, en algunos casos, no es posible seguir los duelos que mitiguen el dolor, y “quiénes sobreviven, además de curar sus heridas y atender las razones que sustentan esta decisión, deben enfrentar a la incomprensión, al estigma, al rechazo social y al aislamiento.

“Por ello, el eslogan ‘hablemos’ en los programas preventivos, los cuales buscan hacer visible y combatir la discriminación. Familiares, amigos y compañeros necesitan entender, hablar y hablar: un libro que nos lleva a hablar de él es, por tanto, muy bienvenido. Se trata de un fenómeno que nos reta y nos lleva a reflexionar en la propia muerte y nos motivan a analizar para encontrar mecanismos que nos ayuden a mitigar el dolor de quiénes están en esta circunstancia y las personas cercanas”, aseguró la especialista.

Afortunadamente ha sido un tema ampliamente estudiado y en la actualidad se cuentan con mecanismos para enfrentarlo y manejarlo, alternativas psicoterapeutas para que la persona que quiere recobrar su libertad; estrategias de prevención para la atención de los superviviente y sus seres queridos y también ideas para hacerlas llegar a la sociedad, explicó María Elena Medina-Mora durante su participación.

Por su parte, Antonio Lazcano Araujo reconoció que el tema del suicidio suele ser un asunto que debe abordarse, de ahí su definición del libro como una obra de “una valentía enorme, de un arrojo considerable, porque se toca un tema del que no hablamos y hay una serie de prejuicios de distintas sociedades mexicanas que convivimos en el tiempo y en el espacio, que nos impiden tocar un tema como este o el de la eutanasia”.

“Pienso que el suicidio es un derecho que la gente tiene cuando lo decide de manera muy consciente, pero escuchando a la doctora María Elena Medina-Mora me doy cuenta de que debí haber platicado con ella antes de escribir el capítulo, porque no había entendido este entramado tan intrincado, tan complejo, de redes de apoyo, de diagnósticos, de fragilidad emocional, de debilidad por género, por situación económica, por angustia, en la que creo que, efectivamente, el suicidio es un acto que se tiene que evitar a tiempo.”

En el texto compilado en el volumen escribe un párrafo, profundamente sincero, en el que se dice firmemente convencido de la obligación de ayudar a quienes se encuentran atrapados en una situación de depresión o angustia que los puede empujar al suicidio, “aunque ignoro si sabría prestar auxilio en estas circunstancias”.

“Probablemente lo que más me afectaba era la idea de que alguien pueda morir a destiempo: la idea de que alguien muera cuando no le toca, por la edad por el potencial que tiene, por las circunstancias que lo están empujando, es algo que me aterra mucho. No me aterra, en cambio, para nada suicidios como el de Stefan Zweig o el de Arthur Koestler, que vivió con una intensidad extraordinaria como de fuego y entiendo perfectamente que uno quiera evitar esos dolores.”

El biólogo y miembro de la institución recordó que hace 30 años estuvo gravemente enfermo, de lo que no se dio cuenta hasta abandonar el hospital, cuando sí se dio cuenta que no le tiene miedo a la muerte, “pero lo que sí no estoy dispuesto es a padecer estás agonías interminables, en donde la gente está en un hospital o está siendo adormecido por tranquilizantes. Eso no lo quiero padecer”.

“El suicidio de Luis González de Alba ha sido mi único contacto directo con el tema: una decisión trágica, pero también un acto de libertad extrema y estoy convencido de que lo que lo llevó a la muerte fue su amor por la vida”, aseveró Antonio Lazcano.

El arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma también ofreció su reflexión sobre el tema dentro del libro, no sin antes reconocer la importancia de la pluralidad de opiniones que se leen el volumen, no deja de asombrar la variedad de especialistas y las plumas diferentes, donde lo mismo aparecen obras clásicas, que experiencias clínicas o personajes de novela o de poesía “que aparecen por aquí y por allá “con su carga suicida acuestas”.

“El impacto que provoca en la infancia alguna representación en la que el suicidio tiene cabida, sacude la mente de un especialista; en tanto que un destacado literato nos lleva de la mano para recordar la frase de Herman Melville ‘preferiría no hacerlo’ y también está Virginia Woolf, prolífica novelista que decide suicidarse a los 59 años de edad.”

En los textos no falta quién ilustra acerca de la muerte colectiva y aún se nos dice de la muerte por suicidio de los animales; hay quienes relatan experiencias de familiares que acudieron al suicidio y otros prefieren darnos su sentir sobre el tema, “cada página conlleva palabras y experiencias que convierten a este libro en un corpus que difícilmente podemos encontrar en cualquier tratado sobre el tema”.

Fuente: El Colegio Nacional

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