Para José María Micó, la Comedia podría ser el mejor ejemplo de lo que podría llamarse la traducción infinita, pues nunca se acabará de llegar al texto de Dante

Con un minuto de silencio en homenaje a la memoria del compositor mexicano Mario Lavista, integrante de El Colegio Nacional y quien falleciera la mañana de este jueves, se llevó a cabo la mesa redonda El presente de un clásico: la nueva traducción de la Comedia, como parte del ciclo Celebración de Dante Alighieri. A setecientos años de su muerte, coordinado por el también colegiado Luis Fernando Lara.

La última sesión del ciclo, que se realizó de manera presencial con presencia del público este 4 de noviembre, a las 6:00 p. m., y se transmitió en vivo a través de las plataformas digitales de la institución, se contó con la participación del también colegiado Juan Villoro, de José María Micó, Marco Perilli y José María de Tavira, quien leyó algunos pasajes de la Comedia.

Luego de reconocer que el silencio es el mejor tributo que se le podía rendir a un personaje como Mario Lavista, Juan Villoro fue el encargado de moderar una mesa diseñada para reflexionar sobre la manera en que se puede renovar un clásico, como la Comedia, a través de la traducción de José María Micó, un “verdadero acontecimiento cultural”.

“Ya había obtenido el Premio Nacional de Traducción por su versión de Orlando el furioso y ha hecho un trabajo extraordinario, que renueva las posibilidades de visitar este clásico. Él mismo ha descrito a Dante y su Comedia como una obra medieval cargada de futuro; estamos pues celebrando este futuro”, destacó Villoro, antes de darle la voz a José María de Tavira, encargado de leer en voz alta algunos pasajes de la obra.

Para el editor y traductor italiano Marco Perilli, la versión de Micó nos devuelve a un Dante más vivo y sensible que nunca: la Comedia, una obra escrita a principio del siglo XIV, al mismo tiempo es la constelación de todas las lecturas que generación tras generación se ha producido a lo largo de los siglos, comenzando por el título, pues en la portada de la edición de Acantilado, traducida por José María Micó leemos Comedia.

“La mayoría de las ediciones que podemos conseguir en cualquier librería dice Divina Comedia, sabemos que el título original es Comedia y que fue Boccaccio quien le agregó el adjetivo de ‘Divina’ y que tuvimos que esperar hasta el siglo XVI para que, en las ediciones ya impresas, este adjetivo espurio se convirtiera en el título convencional de la obra.”

Una confusión, equívoco o como se le quiera llamar que ha acompañado a la obra a lo largo de su existencia, a decir de Perilli, quien recordó que el canto más celebrado, tal vez el más comentado y amado dentro de la Comedia, es el de Paolo y Francesca: todo mundo habla de Paolo y Francesca, excepto una persona, Dante, quien jamás habla de Paolo; sin embargo, la tradición dantesca que se sobrepone al texto escrito por Dante “es algo que legítimamente late todo el tiempo en el texto y nosotros no podemos prescindir de ello”.

“Este es un punto que nos conviene tomar en cuenta al abarcar la idea de traducción, porque traducir no significa solamente pasar una palabra de un idioma a otro, un texto de un idioma a otro: es un problema de cultura, de contexto, de perspectiva desde la cual estamos leyendo, asimilando y, diría yo implícitamente, reescribiendo un texto.”

Para el editor, no se trata sólo de un asunto del traductor, sino también del lector, quien también hace una tarea de traducción, con lo cual surge una pregunta importante para acercarnos a la figura de Dante: qué leía Dante, qué no leía y, sobre todo, cómo leía, lo que nos lleva a considerar los ejes, las líneas esenciales de la formación de la cultura de Dante.

“Dante trabaja dentro de una serie de lagunas a partir de una carencia de información y, pese a ello, logra reconstruir y transmitirnos un pasado: las dos líneas paralelas de la cultura de Dante son la cultura clásica tradicional grecolatina y la tradición judeocristiana. Entonces siempre se da un diálogo a partir de estas dos líneas entre las cuales Dante se va moviendo.”

Al no conocer el griego, por ejemplo –no porque fuese especialmente ignorante, sino porque en su época no se conocía el griego, se había quedado relegado en la oscuridad del pasado– y no existían traducciones de la de muchos textos griegos al latín, por lo cual no conocía a Homero, a Aristófanes, ni a la mayoría de las obras de Platón; conocía algo de Aristóteles y todo lo que conocía venía de comentarios de la cultura latina o de reinterpretaciones.

“Dante es hijo o nieto de una tradición que es la traducción de una traducción: como hombre medieval cristiano está releyendo, a la luz de la cultura del cristianismo, de toda la iconografía y la mitología de la iglesia, está leyendo la mitología clásica.”

Un ejemplo de ello está en el segundo canto del Purgatorio, donde Dante se encuentra a un amigo, un músico florentino, y al verse quieren abrazarse, nada más que Dante es cuerpo y el otro es una sombra, espíritu. Entonces dice Dante “tres veces extendí mis brazos hacia él y tres veces mis brazos volvieron a mi espalda”, es decir, estaba abrazando aire.

“Dante sabe y lo hace muy conscientemente que está citando, está traduciendo literalmente del latín al italiano, unos versos de Virgilio: lo que no sabe es que en realidad estaba traduciendo Homero, porque Virgilio toma estos versos del libro 11 de la Odisea, que Dante no conocía. Vemos cómo la cultura va circulando a través de traducciones conscientes, pero también inconsciente y esa es la savia que nos permite mantener vivo a autores, quienes siguen presentes.”

Las traducciones se complementan

Bajo el convencimiento de que la Comedia es “uno de los artefactos literarios de mayor perfección que se conocen, José María Micó se dio a la tarea de introducir antes de cada canto, una pequeña estampa explicativa, en donde no descifra al poema, sino lo pone en circunstancia, reconoció Juan Villoro.

“Es una manera doblemente amable de acercarnos al poeta: por un lado, una versión diáfana, que se puede leer perfectamente; y, por otro, la puesta en circunstancia de cada uno de los cantos. Es un acompañamiento extraordinario”, puntualizó el escritor mexicano.

A finales de 2018 apareció la traducción de la Comedia, publicada por Acantilado, por la conmemoración de Dante ha hecho que parezca una obra reciente, aunque han salido otras traducciones tanto en España como en Argentina.

“Los centenarios tienen también algo de perverso, esto lo dijo muy bien Jorge Luis Borges a propósito del centenario de Luis de Góngora, en 1927, cuando comento ‘qué es un centenario: 99 años olvidadizos y uno de liviana atención’; estamos en ese año en que dedicamos una atención no liviana, en realidad, porque Dante es uno de esos pocos autores afortunados que parece que cada día es su centenario.”

José María Micó reconoció que la aparición de su traducción de la Comedia se vivió como si hubiera sido la primera de la historia y, sin embargo, al español se habrá traducido entre 30 y 40 veces, “muchas en prosa, bastantes en verso”: han sido tres años intentos desde la publicación de su versión, una traducción que fue recibida de manera muy generosa, pero en el fondo tendrá un mismo final.

“Porque las traducciones envejecen y yo estoy seguro de que la mía envejecerá y morirá cuando le toque, a diferencia de las obras clásicas qué son, por definición, eternas, aunque esta eternidad de las obras clásicas no se refiere a la materialidad de su conservación, sino más bien a la perennidad de su escritura.”

Resultado de un largo aprendizaje que, sin embargo, no ha terminado, sigue empeñado en la corrección del texto, aunque de ese proceso llegó a ciertas conclusiones alrededor de la traducción en general, lo cual es hablar de la literatura, y de una traducción en concreto: “algunas de las conclusiones a las que ha llegado hubiera sido incapaz de formularla al principio; incluso, me la habrían reprochado”.

“He llegado a la conclusión, primera, de que la traducción es la filología máxima, no hay mejor filología que la traducción; al mismo tiempo, he llegado a otra conclusión, quizá menos solemne: un clásico es igual a la suma de sus traducciones y esto implica algo que los traductores debemos tener siempre en cuenta, por lo que dicho antes de la cantidad y de la mortalidad de las traducciones, que todas las traducciones son complementarias.

“La mía no hace más que complementar las anteriores, aunque yo no los haya tenido en cuenta, pero Dante efectivamente es la suma de todos los textos, de todas las soluciones con que hemos intentado traducir lo que dijo en la Comedia.”

Para el traductor, la Comedia podría ser el mejor ejemplo de lo que podría llamarse la traducción infinita, pues nunca se acabará de llegar al texto de Dante, sin tomar en cuenta que la historia de sus traducciones es muy larga y al castellano se tradujo de manera relativamente temprana para lo que fue evidentemente la historia de la cultura y tenemos una traducción de Enrique de Villena, en el siglo XV.

“Juan Villoro ha explicado muy bien que traducir a Dante no quiere decir traducir al castellano medieval, ni utilizar la lengua de Dante, sino traducir para los lectores de hoy.”

La traducción de José María Micó llegó ya a la quinta edición, lo que termina por reflejar el recibimiento de cuatro años de esfuerzo, reconocido con el Premio de traducción Ángel Crespo 2019.

Fuente: El Colegio Nacional

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