Miguel Ángel Vidal y Hugo Ricardo Navarro

El papel que las universidades públicas y las dos principales federales juegan en la sociedad ha sido motivo de muchas reflexiones en las últimas semanas, después que el titular del Ejecutivo federal hiciera críticas reiteradas, sobre todo a la UNAM, pero extendiendo en varias ocasiones las mismas al conjunto de las universidades públicas de los estados. A partir de estos señalamientos, han existido una multitud de análisis y manifestaciones públicas de diversos agentes de nuestra vida cívica y social que han ofrecido refutaciones a los señalamientos puntuales.

A continuación, expondremos algunas reflexiones desde una universidad pública estatal al respecto. Relataremos en base a nuestra experiencia como universitarios de una Universidad Pública Estatal (UPE), la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, lo que apreciamos son las características más importante de sus aportaciones, tanto a la sociedad de nuestro estado y de la región Centro del país, como a la del concierto social nacional, ya que egresados de nuestra alma mater se encuentran ejerciendo sus habilidades profesionales adquiridas en la UASLP en prácticamente cada una de las 32 entidades federativas de México.

Pero primero repasemos cuál es el universo de jóvenes mexicanos que atiende el conjunto de las 60 UPE (incluyendo las denominadas con “Apoyo Solidario”), y las dos federales, UNAM y UAM. En México, estudian algún programa de nivel superior (profesional técnico universitario, licenciatura, maestría y doctorado) al 2021 casi cuatro millones 900 mil mexicanos y mexicanas, 52.4 por ciento mujeres y el resto 47.6 por ciento hombres. Es decir, hay una preponderancia ya muy establecida desde hace al menos un decenio, de población femenina, situación que corroboramos a diario en nuestro quehacer cotidiano en la UASLP.

De este gran total de casi cinco millones de mexicanos y mexicanas, poco más de un millón 753 mil de estos jóvenes son atendidos por este conjunto de 62 universidades públicas, es decir 36 de cada 100 estudiantes adquieren su formación profesional en una universidad pública. El resto de los jóvenes se encuentran inscritos en una diversidad de instituciones de educación superior, ya sea en universidades privadas o en las instituciones públicas especializadas tales como las del sistema de tecnológicos estatales y federales, las universidades tecnológicas, politécnicas e interculturales, las normales superiores y otras.

Lo que caracteriza y distingue en su quehacer cotidiano a las universidades públicas del resto de estas otras instituciones de educación superior es su gran diversidad disciplinaria, es decir, su universalidad, su pensamiento crítico, su efervescencia intelectual y cultural, su libertad de cátedra y un ambiente de plena libertad para escoger temas de investigación, conducentes a generar nuevas aportaciones al conocimiento nacional y universal, que en muchos casos pueden y deben cuestionar los paradigmas más básicos de nuestra sociedad y de nuestro papel como especie en el destino de nuestro planeta, libertades que es posible ejercer, por el resguardo que ofrece la autonomía universitaria, conquistada por la UNAM en 1929, pero antecedida entre otras por la UASLP, que recibió del Congreso de su estado su autonomía en 1923, constituyéndose en la primer universidad autónoma de México.

Deseamos resaltar que en forma directa hemos podido observar en reiteradas ocasiones en muchos de nuestros alumnos el enorme papel que ejercen las universidades públicas mexicanas como mecanismos de ascenso social, que son una de las vías que una dirigencia responsable que gobierne a México deberá siempre considerar e impulsar para lograr la transición que saque de la pobreza de manera efectiva y constante, y supere del asistencialismo social a los vastos sectores de la población mexicana que ahora se encuentran en esta desafortunada condición.

Y como ejemplo práctico que ilustra el papel que los egresados de las universidades públicas juegan en nuestra sociedad, traigamos a colación la desafortunada pandemia del COVID que afectó nuestra vida social: la inmensa mayoría de los médicos, una gran proporción de enfermeras, que estuvieron en la primera línea del combate a los terribles efectos en la salud de este azote, y los químicos especializados en análisis biológicos que atendieron los laboratorios para diagnosticar y prevenir mayores contagios, lo fueron mexicanos y mexicanas egresados y titulados en las UPE y de las dos grandes instituciones federales, la UNAM y la UAM. También y de manera muy importante la organización y aplicación de las vacunas no hubiera podido llevarse a cabo sin los conocimiento y organización que aportan nuestros egresados al sector salud, que ha cargado con esta inmensa tarea en un país de 126 millones de habitantes.

Igualmente, estás universidades públicas, albergan y promueven, aunque con recursos limitados, los esfuerzos más importantes en investigación científica del país. Las UPE más la UNAM y la UAM, constituyen y son responsables de alrededor del 75 por ciento de los investigadores nacionales y de la productividad científica del país. La capacidad instalada en estas instituciones, más el talento y conocimiento de frontera acumulado por sus investigadores, se ha plasmado en varias propuestas en desarrollo de vacunas mexicanas para prevenir el flagelo del COVID, que se encuentran en diversas etapas de elaboración en nuestras instituciones. Igualmente, sus investigadores han efectuado constantemente análisis de las estrategias para enfrentar esta pandemia y han efectuado una recopilación minuciosa de la información requerida para tener una dimensión exacta de los efectos de esta en nuestra población.

Todos estos estudios se han hecho del conocimiento de nuestros conciudadanos, para apoyar la educación pública sobre los efectos de este mal, y se ha retroalimentado a los organismos públicos encargados de combatir regional o federalmente al mismo, cuando estos los han requerido.

Fuente: Sin embargo se mueve ...

Pin It

Comentarios potenciados por CComment