De acuerdo con Alejandro Frank, en México, la educación con un enfoque crítico y científico, así como el apoyo decidido a la ciencia, siguen siendo vistos como un lujo y no como lo que verdaderamente son: el camino que conduce a la soberanía y a la sustentabilidad medioambiental

“Libertad por el saber es el lema de El Colegio Nacional y creo que, en estos momentos, en México y todo el mundo, este es un tema muy importante. Libertad para hacer ciencia, para enseñar ciencia, para valorar la ciencia en nuestra cultura y valorar a quienes la generan”, comentó el colegiado Alejandro Frank al moderar la mesa ¿Para qué queremos ciencia en México?, transmitida en vivo el 22 de octubre a través de las plataformas digitales de la institución.

La sesión formó parte del VI Encuentro Libertad por el Saber. La pandemia: retos y oportunidades, coordinado por el colegiado Antonio Lazcano Araujo y contó con la participación de William Lee, Coordinador de la Investigación Científica de la UNAM; Susana Lizano Soberón y Luis Felipe Rodríguez Jorge, miembros de este órgano colegiado, y Catalina Stern, exdirectora de la Facultad de Ciencias de la UNAM.

Alejandro Frank aseguró que la astronomía fue la primera ciencia que la humanidad desarrolló cuando quiso entender el movimiento de los planetas. “Galileo apuntando con su telescopio a la Luna, a Júpiter y al Sol descubrió la imperfección del cosmos y abrió paso a la moderna investigación observacional y experimental.”

El físico mexicano explicó que la mayor diferencia que los seres humanos tienen con otros simios es su inteligencia, el desarrollo de inteligencia confirió ventajas evolutivas. “La aparición de la conciencia nos hizo preguntarnos por primera vez sobre nuestro origen, cada grupo imaginó el suyo e inventó dioses caprichosos y crueles, visión que ha subsistido hasta nuestros días en un sector mayoritario de la humanidad.”

Puntualizó que, en el mundo actual, es fundamental la defensa de la racionalidad humanista, incluyendo el ataque frontal a la ignorancia, la seudociencia y el conocimiento mágico. “Así como exhibir la charlatanería en general, la pandemia de COVID-19 hace esto mucho más evidente”. Agregó que, a pesar de sus innumerables éxitos, amplios sectores, incluyendo científicos, continúan demonizando a la ciencia. Tal es el caso de la controvertida política actual del CONACYT que coincide con esa visión catastrofista.

“La ciencia al darnos conocimientos y poder sobre la naturaleza hace posible librarnos de la esclavitud de los elementos del hambre y las plagas, como las vacunas del COVID-19 demuestran con gran claridad hoy en día. La ciencia nos ha permitido observar nuestro Universo y comprenderlo, llegar a la Luna, demostrar la igualdad entre los seres humanos, preguntarnos qué es la conciencia y cuál es el origen del Universo.”

El colegiado subrayó que, más allá del valor intrínseco de la ciencia, su relevancia como conocimiento fundamental del Universo que rodea a la humanidad, la pregunta crucial para la ciencia contemporánea es el gran reto que se enfrenta con el cambio climático, que altera dramáticamente el equilibrio existente durante millones de años. “La pregunta que se nos presenta es ¿Cómo podemos salvar a nuestra especie? Debido a la presencia de estas enormes transformaciones en nuestro hábitat, tanto la ciencia básica como la multidisciplinaria son hoy en día más urgentes que nunca.”

En palabras del científico, para comprender los desequilibrios en la naturaleza y la aparición de nuevas bacterias o virus, entre otras amenazas, se requiere un enfoque integral, desde lo básico hasta lo transdisciplinar, que incluye a las ciencias naturales, exactas y sociales, así como a los nuevos desarrollos computacionales. “Aunados a la complejidad inherente a nuestra biósfera, están los enormes desequilibrios socioeconómicos y la irracionalidad de los sistemas políticos reinantes. Es particularmente urgente crear una nueva convivencia sostenible incorporando los costos de la perturbación climática.”

Aseguró que, en México, la educación con un enfoque crítico y científico, así como el apoyo decidido a la ciencia, siguen siendo vistos como un lujo y no como lo que verdaderamente son: el camino que conduce a la soberanía y a la sustentabilidad medioambiental. “Debemos por ello defender la ciencia, la cultura y la autonomía de nuestras universidades.”

“El llamado a que nos escuchen está abierto, yo creo que el enemigo del pueblo no es la ciencia y no es la academia, tenemos que dialogar, abrir el diálogo para lograr este acercamiento”, finalizó el colegiado.

La ciencia en México en el ámbito global

Al tomar la palabra, la colegiada Susana Lizano Soberón se refirió a la ciencia en México con relación al ámbito global. Recordó que el gasto federal en investigación y desarrollo, en el país, es del 0.3% del Producto Interno Bruto, mientras que el promedio en los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) es del 2.4%.

Con relación al capital humano y a la producción científica, la astrofísica mexicana comentó que México ocupa el último lugar de la OCDE con sólo un investigador por cada mil habitantes activos, en comparación con el promedio de 8.6 investigadores por cada mil habitantes de los países miembros, lo que significa un gran reto.

De acuerdo con la especialista, la producción de artículos científicos en el país es de un porcentaje de 0.66, sólo por arriba de Argentina, Chile y Colombia, y muy por debajo de Estado Unidos, que produce en promedio 16.92. “Las áreas en que se produce más en México son las ciencias espaciales, los animales y las plantas, la agricultura, la ecología y el medio ambiente y la microbiología.”

Agregó que, en el tema de las patentes, se conceden más a los investigadores mexicanos en el extranjero que en el país. Y de acuerdo con el Índice de Desarrollo Humano del programa de Naciones Unidas para el Desarrollo de 2019, que mide el nivel de salud, educación y de vida, México ocupa el lugar 76 de un total de 189 países, en su capacidad de avance en desarrollo humano, y es el décimo lugar, en América Latina.

Además, México ocupa el lugar 48 en el Índice de Competitividad Global, que mide el conjunto de instituciones, políticas y factores, que influyen en la prosperidad económica de un país. Y el lugar 55 de 131, en el Índice de Innovación, que mida la capacidad o habilidad para inventar nuevos productos.

Al responder a la pregunta ¿Para qué queremos ciencia en México?, la colegiada aseguró que, “por sus características en territorio, población, diversidad de recursos naturales, potencial energético y económico, México debería ser uno de los principales actores en el ámbito geopolítico y económico global. Sin embargo, existen grandes rezagos y múltiples aspectos en la vida nacional”.

Puntualizó que las naciones que han alcanzado mayores niveles de bienestar son aquellas que han invertido recursos humanos y financieros en educación y en ciencia y tecnología, ejemplo de lo anterior es Corea del Sur, que hace 60 años tenía un ingreso per cápita tres veces menor al de México, y hace tres décadas lo sobrepasó y ahora lo supera tres veces más, gracias a su inversión en tecnología y educación.

Entre las acciones concretas que se deben tomar en el país, Susana Lizano mencionó la urgencia de fortalecer los lazos de la academia con la industria, ofrecer becas a estudiantes de maestría y doctorado para estancias en la industria, así como preparar a los estudiantes con competencias como Matemáticas, Computación, Estadística y manejo de grandes bases de datos. “En palabras de Luis Aguilar, si queremos mejorar al país a largo plazo y de forma permanente debemos invertir en educación, ciencia, tecnología y cultura.”

¿Para qué queremos ciencia en México?

Por su parte, Catalina Stern, exdirectora de la Facultad de Ciencias de la UNAM, afirmó que la ciencia no está constituida sólo por un conjunto de conocimientos, sino también de una serie de prácticas que extienden, sistematizan, verifican y refinan el conocimiento previo.

Explicó que el pensamiento científico analiza, cuestiona, comprueba y comparte las ideas para ser nuevamente analizadas y comprobadas antes de proponerse como acertadas. “Mediante este proceso, que a veces parece lento, es que se han entendido muchos procesos del cuerpo humano, de los sistemas terrestres, de la estructura de la materia y se han hecho medicamentos para salvar vidas, así como análisis económicos.”

En palabras de la académica, para tener científicos, primero hay que formarlos. Aseguró que la ciencia debe enseñarse a todos, desde estudiantes preuniversitarios hasta alumnos, en la universidad, con y sin vocación científica. “La ciencia es para todos, y cuando hablo de ciencia, hablo de todas las ciencias, que me disculpen los matemáticos, pero también están incluidos. Hablo de todos los que tienen un pensamiento estructurado y que tienen un proceso para poder decir a qué conclusiones han llegado.”

La especialista puntualizó que las dos grandes preguntas del siglo XXI son ¿qué debemos enseñar?, y ¿cómo enseñar? “Debemos tener flexibilidad para que nuestros estudiantes puedan cambiar y atender diferentes tipos de problemas ante un mundo con posturas e ideologías distintas. Necesitan capacidad para estructurar con evidencia y comunicar. Necesitan trabajar en equipo y desarrollar habilidades matemáticas y computacionales. No son ideas nuevas, pero no se están implementando en la actualidad, seguimos con clases magistrales en donde el profesor da una conferencia y el estudiante debe aprender todo lo que se dijo.”

De acuerdo con Stern, primero se tuvo que hacer ciencia y luego aplicarla, esa es la manera más amplia de ofrecerles conocimientos a los estudiantes. “Podemos tener una clase tradicional por Zoom, pero sin ideas modernas. Lo que debemos hacer es utilizar herramientas nuevas, es importante seguir promoviendo la discusión, porque los alumnos cada vez preguntan menos en clase. También se deben promover las aulas invertidas, en donde el alumno estudia solo y después se llega al salón a discutir.”

Agregó que también existen herramientas como el banco de créditos académicos, que consiste en que los jóvenes pueden tomar materias en todas partes del mundo y las universidades los acrediten en su cuenta como estudiante. “Si queremos hacer ciencia y ser originales tenemos que promover todo esto que incluye fuertes críticas.”

Sostuvo que lo más difícil para todos es formar científicamente al ciudadano del siglo XXI. “De alguna manera, lo que se hace en el salón de clase está controlado, pero lo que se hace afuera como el periodismo científico, por ejemplo, no tiene ningún tipo de control y me parece muy delicado. Por otro lado, hay que tener cuidado con el público, a veces creemos que con explicar claramente vamos a lograr que nos entiendan, pero no es cierto, las ideas preconcebidas pueden simplemente evitar que el mensaje llegue adecuadamente.”

Subrayó que es fundamental insistir al público que se requieren evidencias, “lo que no hemos logrado es que el público, en general, se apropie de los beneficios de la ciencia, que los entienda, que los haga suyos y que sepa que una parte de todo este trabajo es para ellos”.

Al tomar la palabra, el colegiado Luis Felipe Rodríguez Jorge aseguró que una sociedad moderna tiene muchos requerimientos. “Una cosa es tener una población de científicos de alto nivel y otra es que la derrama económica y tecnológica que propicia que la ciencia genere trabajos y recursos. Hacen falta más actores para que se implementen cosas.”

Argumentó que es importante entender la diferencia entre lo que significa idea científica y lo que es su posible aplicación comercial. “Hay un dicho muy bueno en ese sentido. En la tecnología, una vez que está terminada la parte científica falta el 99% del trabajo. Falta hacer una patente, falta la asesoría de los abogados, necesitamos gente que invierta, necesitamos ingenieros, capital, lo que es muy difícil. En México, no hemos logrado conjugar estas cosas y por eso luego la gente dice: estos científicos no han resuelto nada.”

De acuerdo con el astrónomo e investigador mexicano, se han tenido grandes logros en lo que se refiere a educación, a desmitificar y a sacar a la gente del pensamiento mágico. “A parte de quejarnos de los gobiernos que nos ha tocado vivir, también tenemos que ver al interior de nuestras instituciones, debemos responder a preguntas como: ¿estamos usando los recursos de manera óptima?, y ¿cuáles son los criterios que usan las instituciones para asignar recursos?”

Aseguró que la ciencia es indispensable, porque fomenta una población que basa sus acciones en datos y no en creencias, ni en ideologías, eso salva a la ciencia y la justifica. “Forma parte crucial de la educación moderna. Permite dar el primer paso hacia la implementación de desarrollos tecnológicos, que en la actualidad son parte importante del producto de las naciones desarrolladas, pero no es el único factor, necesitamos la concurrencia de toda la población, de toda la gente preparada, de los gobiernos y de los inversionistas, esto, por desgracia, no lo hemos logrado.”

Por su parte, William Lee, Coordinador de la Investigación Científica de la UNAM, definió a la ciencia como una manera de confrontar la observación del mundo con explicaciones para ello, buscando un poder predictivo y de repetibilidad. “Es auto correctiva, es incremental y, de vez en cuando, uno debe desmontar algo que habíamos pensado y construir una ecuación mayúscula. Esto aplica a todas las ramas del conocimiento que nos ayudan a conocer el mundo que nos rodea y a nosotros.”

El físico, experto en estrellas de neutrones y agujeros negros, agregó que es importante hacer la distinción ente lo que significa ciencia y su aplicación que se deriva en tecnología. “La ciencia es también una manera de formalizar el conocimiento personal y colectivo de manera sistemática. Esto ha evolucionado de manera importante en los últimos 300 años y es innegable que ha llevado a la burocratización del proceso. Y en el fondo es bueno revisar periódicamente los mecanismos de evaluación y gestión que usamos, y replantearse los objetivos de muy alto nivel para la investigación.”

En palabras del especialista, si la ciencia cuestiona por naturaleza y el poder económico y político buscan que no se les cuestione, no existe una relación armónica entre las dos. “Hace falta un cierto nivel de técnica, no hay forma de evitar esto para ejecutar de manera eficiente cualquier decisión política. Cada nación ha tenido que lidiar con esto a su manera. Aquí me parece que hay que apreciar una falacia de fondo y un choque de origen, si queremos poner un concepto de ciencia de Estado o ciencia para el Estado, es una contradicción que nunca se va a resolver, hay que vivir con eso.”

Explicó que en la primera mitad del siglo XX hubo inestabilidad y después una estabilidad hostil a gran escala con el dedo en el gatillo, con la Guerra Fría, con guerras periféricas y enormes avances tecnológicos que produjeron destrucción y descubrimientos en salud. “Ese desarrollo acelerado fue y es muy diferenciado y provocó muchas desigualdades que laceran al interior de los países. Parece que esta mezcla de factores es, en parte, lo que ha llevado a un hartazgo y a un cansancio y falta de confianza en las instituciones.”

Puntualizó que hay una degradación en la discusión de los sistemas en partidos de democracias liberales del estado de derecho, del entendimiento de las tecnologías, del razonamiento que ha permitido todos los avances que habilitan el mundo moderno y de sus conveniencias y problemas. “Es fácil echarle la culpa a lo que no se entiende. La solución es buscar respuestas simples a problemas complejos. La manifestación de esto a nivel político se traduce frecuentemente en populismos que pueden ser autoritarios.”

“Yo creo que la ciencia es una de las mejores maneras que hemos encontrado hasta ahora para lograr avances de una forma consistente, que se puede comprobar, que se puede corregir y que requiere por definición un ambiente libre para su discusión. Ese ambiente para la discusión tiene muchos beneficios para la sociedad, sin ellos, es imposible esta ciencia”, aseguró el investigador de la UNAM.

Al responder a la pregunta ¿cómo transmitir la ciencia?, el académico comentó que la razón va contra el dogma y la creencia que no se debe de comprobar por definición. “Pensar que con argumentos racionales se va a poder desmontar una postura que está más cerca de la fe que de otra cosa, es una manera de plantear el problema de forma inadecuada de inicio. Me parece que la única solución es la educación, la persuasión individual en grupos pequeños, la rendición de cuentas y la discusión pública sensata sin estridencias y respeto, que reconozca la opinión y los argumentos justificados de todas las partes, sin diferencias.”

Agregó que para lograr lo anterior “se necesita liderazgo, y eso no se puede sustituir, si lo hacemos bien tendremos una sociedad más equitativa, más democrática y con mayor bienestar”.

Fuente: El Colegio Nacional

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