La curadora de arte Ana Elena Mallet aseguró que “el diseño, como agente de cambio, debe ser un eje en las discusiones, centrarnos en el ser humano, su dignidad y bienestar”

El diseño es uno de los aspectos menos considerados durante la contingencia sanitaria; sin embargo, la aportación del diseño para ayudar al tratamiento de pacientes, la propuesta de un internet incluyente y la necesidad de construir vivienda con aislantes climáticos y acústicos, se han colocado como elementos indispensables en esta pandemia, se coincidió en la quinta sesión del ciclo La arquitectura y la ciudad post-COVID, coordinado por Felipe Leal, miembro de El Colegio Nacional.

Durante la mesa titulada Arquitectura y diseño, que se realizó en formato presencial con público, y transmitida en vivo el 27 de octubre, a través de las plataformas digitales de la institución, y en la cual participaron Ana Elena Mallet, curadora y especialista en diseño contemporáneo; Ariel Rojo, diseñador industrial, y el arquitecto Bernardo Gómez Pimienta, el colegiado aseguró que en este periodo de pandemia “nos hemos familiarizado con el uso cotidiano de objetos como computadoras, tabletas, teléfonos celulares, pero también con oxímetros y cubrebocas, utensilios que también han sido sujetos de diseño”.

A su parecer, la importancia del diseño al cual se le ha estigmatizado, pues se le considera como un elemento decorativo, cuando “el diseño ha creado una gran cantidad de objetos y de elementos que nos ha facilitado la vida, nos mejoran la calidad de vida, nos ayuda al bienestar”.

Para la curadora de arte Ana Elena Mallet, especializada en diseño contemporáneo, el diseño es un agente de cambio, “porque es una disciplina que trae alternativas. El arte pone sobre la mesa los grandes problemas y el diseño es la disciplina que les da soluciones”.

“El diseñador debe estar presente en cada uno de los equipos de trabajo, porque no sólo hablamos de objetos. Hoy diseñamos sistemas, futuros, estilos de vida, ése es el poder transformador del diseño.”

La también profesora del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), aseguró que la pandemia ha modificado nuestros modos de ser, de pensar y el aislamiento nos confrontó con los espacios domésticos y con los objetos con los cuales vivimos. “En nuestro país este aislamiento y la necesidad de trabajar desde el hogar acentuó carencias y visibilizó diferencias.”

Así, en 2019, los diseñadores estaban enfocados en discutir y trabajar para encontrar soluciones a la crisis climática a través de la promoción de las bondades de una economía circular. “La Ellen MacArthur Foundation, en su guía para el diseño circular, publicada en línea, ha procurado convencer a los casi 20 millones de diseñadores que existen en el mundo para virar hacia un diseño que promueva una economía circular (dicha estrategia busca reducir la entrada de materiales vírgenes, así como la producción de desechos).”

Destacó que con la COVID-19, la producción de plástico se incrementó, la demanda de guantes de látex, de máscaras para protección, se volvieron indispensables y han generado toneladas de basura. “Al principio de la crisis muchos diseñadores crearon nuevos e innecesarios objetos, como los inservibles tapetes sanitizantes, con lo que entramos en un bache en la producción de basura, regresamos al plástico.”

Dentro de los cambios surgidos en 2020, la solicitud de servicios para despachos de interiorismo aumentó hasta un 70 por ciento, el mayor crecimiento registrado en la última década. “La mayor demanda de servicios se centró en espacios para trabajar o estudiar desde el hogar, el teletrabajo y la escuela desde casa pusieron énfasis en la importancia de contar con espacios privados bien diseñados para trabajar o estudiar.”

“Debemos seguir pensando en la transformación de las ciudades, repensar y reorganizar la manera como vivimos, apostar por transporte público eficiente, económico y seguro, viviendas accesibles económicamente. El diseño como agente de cambio debe ser un eje en las discusiones, centrarnos en el ser humano, su dignidad y bienestar”, añadió.

El espacio público fomenta la cohesión social

Ariel Rojo, diseñador industrial, aseguró que “un diseñador puede responder ante un problema humano, ante una emergencia, por ejemplo, diseñar objetos que contribuyan a la atención de pacientes”.

Contó que Tom México (una organización civil internacional, encargada de diseñar objetos médicos por medio de tecnología 3D con el fin de apoyar a hospitales) lo buscó para desarrollar conjuntamente respiradores artificiales. El diseño de Ariel Rojo permitió que dicho respirador sirviera a dos pacientes al mismo tiempo, al separar el flujo de aire, del cual se logró producir tres mil piezas para México.

“Al inicio de la pandemia en México había alrededor de mil 500 respiradores instalados en hospitales, se necesitaba duplicar esa capacidad a corto plazo, casi imposible. Nosotros desarrollamos un respirador a partir de una pieza que nos dieron. Con la ayuda de los makers (pertenecen a la subcultura del hacedor, fabrican objetos a través de la tecnología y el uso de herramientas) se pudieron hacer 300 piezas y se donaron a hospitales. Antes se hicieron pruebas en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán”, precisó.

También a petición de Tom México, junto con su equipo diseñaron una máscara basada en un desarrollo realizado en Europa, con máscaras de buceo para evitar intubar a los pacientes o infecciones en la garganta. “Las máscaras de buceo generan una atmósfera de presión mayor de aire, así se mantienen los pulmones inflados, eso evita el colapso. El mérito no es mío, el apoyo de doctores e ingenieros que compartieron sus experiencias fue muy valioso. Las máscaras se elaboraron con tecnología 3D; ayudaron a salvar vidas. Se distribuyeron a la Cruz Roja y al personal de las ambulancias”, puntualizó.

Al hablar del espacio público, Ariel Rojo precisa que se debe trabajar como sociedad en ello, pues “éste no solamente es más sano en términos COVID, de salud, sino también en el aspecto social, fomenta otros beneficios como la cohesión social”.

Durante su charla también colocó sobre la mesa la necesidad de contribuir al tema ambiental, para lo cual es apremiante ser un consumidor responsable e informado. “El cuidado del medio ambiente nos compete a todos, no debemos enfocarnos en que las compañías nos darán soluciones, éstas vendrán de parte de nosotros, no de las empresas.”

Los espacios deben renovarse para ser más humanos

Bernardo Gómez Pimienta, doctor en Arquitectura, luego de hacer un recuento del desarrollo de la pandemia en el mundo, sus efectos sanitarios, económicos y sociales, señaló que “en el pánico inicial, en la histeria colectiva porque la prensa y las redes difundían sin reposo noticias, nos quedamos paralizados en lo que podríamos diseñar como arquitectos y diseñadores”.

En gran parte, por ello en un primer momento no se le ocurrió diseñar una silla más cómoda o una mesa. Ante esa situación, fabricó en los Fab Lab de la Universidad Anáhuac, lo que los hospitales solicitaban, como caretas y varios modelos de caretas inclusivas, transparentes, pero éstas no tuvieron éxito. “También fabricamos tres mil sujetadores de cubrebocas que ayudaron al personal médico a sobrellevar las larguísimas horas en urgencia.”

También diseñó varios modelos de protectores de escritores en acrílico; pero en retrospectiva, el fundador de BGP Arquitectura reconoce que fueron poco útiles en el combate contra el virus, “ocupan mucho lugar y emplean mucho material”. Comentó que, ante los requerimientos de intubar a los pacientes, el personal médico no contaba con suficientes laringoscopios, se enfocó en la fabricación de 120 piezas, las cuales donó. “Todos hicimos lo que pudimos.”

Frente al crecimiento del teletrabajo, Bernardo Gómez Pimienta se refirió al servicio de internet, el cual “debe mejorarse, ser de alta calidad y ancho de banda para toda la población. El teletrabajo llegó para quedarse. Eso generará que muchos metros cuadrados de oficina queden desiertos, pero transformarlos en vivienda no es tan sencillo como parece”.

Si bien, en ese camino también está otro tema como el de las compras, que se realizarán cada vez más de manera digital, y probablemente algunos centros comerciales cerrarán, las escuelas y las universidades serán en parte virtual sin perder de vista el fortalecimiento de las interacciones y las relaciones humanas.

“Para todos estos casos se deben transformar y adaptar los espacios, en especial las viviendas y hacerlas más plurifuncionales. Además, se debe corregir la estética, la funcionalidad y la conectividad de éstas, al tiempo de mejorar la habitabilidad con mejores aislantes térmicos y acústicos”, especificó.

Se debe modificar la manera como se edifican inmuebles, “construimos igual que hace dos mil años. En la arquitectura, salvo contados casos, seguimos haciéndolo similar a como construían los babilonios. Debemos mejorar los aislantes, tanto térmicos como acústicos, debemos cambiar nuestros estándares para convertirnos en un país más moderno, lo importante es que la construcción ofrezca mayor bienestar a la gente. Nuestros espacios deben tener mejor ventilación e iluminación, deben renovarse, reestructurarse y rediseñarse para ser más humanos, funcionales y amables”.

El también director de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Anáhuac dijo que “estamos en un proceso de modificar de manera dramática nuestra manera de vivir, trabajar, comprar y estudiar. Estos cambios, gracias a la tecnología, deberán tener un impacto en la movilidad, lo cual permitirá a nuestra ciudad ser más sustentable. Necesitamos objetos mejor diseñados que faciliten la vida y tengan precios accesibles”.

Fuente: El Colegio Nacional

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