En palabras de Néstor García Canclini, “las redes proveen de una vía crítica, dan información alterna, sirven como recursos para entender de otro modo y deslizarse solitariamente. Pero son también trampas astutas para robar datos, enredarnos en algoritmos y someternos a órdenes opacas”

“La pandemia ha destacado conflictos que se habían venido preparando desde varias décadas anteriores en los ámbitos individuales, colectivos, regionales, nacionales y educativos, debido, probablemente, al crecimiento demográfico y a la evolución de la economía y la política mexicanas”, afirmó Luis Fernando Lara, miembro de El Colegio Nacional, al moderar la mesa Nueva sociedad: aislamiento, redes sociales y representación política, transmitida en vivo el 21 de octubre a través de las plataformas digitales de la Institución.

La sesión formó parte del VI Encuentro Libertad por el Saber. La pandemia: retos y oportunidades, coordinado por el colegiado Antonio Lazcano Araujo, y contó con la participación de Néstor García Canclini, antropólogo y crítico cultural; Claudio Lomnitz, miembro de este órgano colegiado, y Rossana Reguillo, especialista en antropología social.

El lingüista mexicano sostuvo que la sociedad nunca imaginó la conmoción y los daños que produciría, en todo el planeta, esta pandemia. Puntualizó que no ha sido la pandemia por sí misma la causante de este tejido social rasgado, como lo llama Claudio Lomnitz, sino los conflictos del país ligados al resto del mundo en una globalización interpretada por el neoliberalismo, y aumentados por el miedo y la desinformación. “Más claramente por la tendencia a la destrucción de una opinión pública objetivamente informada”.

Agregó que no es extraño que la Organización Mundial de la Salud acuñara la palabra infodemia, “la manera en la que la disponibilidad de medios de expresión, información y desinformación, por la vía de las comunicaciones electrónicas, ha alterado la vida personal, poniendo ante nuestros ojos una cantidad inmensa de conocimientos, pero también alterando las relaciones sexuales, conyugales, de amistad y políticas. El sentido de vivir juntos como lo dice Néstor García Canclini”.

De acuerdo con el colegiado, son necesarios los análisis de los antropólogos presentes en esta mesa debido a que permitirán a los ciudadanos llegar a comprender adecuadamente su realidad y el mundo que les ha tocado vivir. “En especial, que ayuden a comprender el México contemporáneo a los políticos que nos gobiernan, para que se den cuenta de que sólo se pueden encontrar buenas soluciones cuando antes se ha entendido cabalmente un problema.”

Al tomar la palabra, el colegiado Claudio Lomnitz centró su participación en la historicidad de la pandemia y afirmó que una de las funciones de El Colegio Nacional es ser un espacio generador de pensamiento, “lo que comparto no es el resultado de una investigación científica, sino de una idea o hipótesis que podría ser explorada”.

El antropólogo social explicó que el concepto de historicidad se refiere a las formas en que el pasado y el futuro son movilizados por diferentes actores en el presente, es decir se trata de un concepto que reconoce que, entre los humanos, el presente está lleno de pasado y futuro. En el presente, el pasado se presenta a modo de experiencia y el futuro, a modo de expectativa.

Con relación a la historicidad acotada a la pandemia, el Estado y la política, el especialista comentó que una manera de acercarse al horizonte de las experiencias que hacen legible la actual pandemia ha sido buscar antecedentes históricos de la enfermedad, desde la Influenza o Gripa Española, de 1918 y 1919, hasta el SIDA, en 1980, y la Influenza H1N1, en el 2009. Las últimas dos asimiladas de manera diferente a la actual. Sin embargo, “estos precedentes no han sido las experiencias formativas más relevantes para entender la COVID-19, en México. Lo que ha funcionado al gobierno gira más bien alrededor del término de la contingencia”.

“El supuesto en mi análisis es que estamos en un tiempo caracterizado por la inestabilidad institucional marcada por profundos cambios económicos y la arquitectura misma del Estado, pero también por un descontrol gubernamental y por la aplicación estatal respecto a funciones tradicionales como la seguridad pública y la regulación de la violencia. Al mismo tiempo, llama la atención el hecho de que ésta sea una época de grandes narrativas teleológicas.”

De acuerdo con el colegiado, es de resaltar la importancia que cobró la teleología en una época caracterizada por inestabilidad, cambio social y dificultades, para que los gobiernos tuvieran el control del ordenamiento de la economía en los territorios del país. “Lo que hace la teleología es establecer una trama, una dirección, para la historia y es lógico que la teleología haya jugado un papel importante en las etapas caracterizadas por fuertes reformas al Estado y a la economía, como fueron las reformas de la llamada Cuarta Transformación.”

Recordó que los grandes cambios siempre van de la mano de una narrativa que les da un fin. Afirmó que las teleologías actuales de la historia mexicana tuvieron también la función de lograr que la gente tolerara el descontrol gubernamental y no cuestionara la incapacidad del Estado mexicano para mitigar los resultados catastróficos de los cambios que ha promovido.

Comentó que los cambios que se han generado en México, en los últimos 30 años, han desplazado personas, provocado quiebres y causado la informalización del uso de la violencia para ordenar los espacios económicos. “La teleología, la linda historia de la democracia o de la Cuarta Transformación sirve para minimizar estos hechos frente a la grandiosidad de una serie de metas a futuro. La incapacidad que han tenido los gobiernos mexicanos de hacerle frente a las pequeñas catástrofes que reverberan por todo el territorio es la caverna en que se agranda el eco de la retórica del Estado.”

Puntualizó que, en el presente, “el gobierno mexicano no consigue armar investigaciones criminales ni eficaces ni creíbles. Las matanzas se siguen unas a otras sin freno o consecuencia alguna, la impunidad ante el asesinato sigue rondando, la incapacidad de garantizar la paz en regiones como Iguala sigue siendo nula, pero se celebra con gran pompa el aniversario de la matanza del 2 de octubre de 1968 que dejó menos muertos que los asesinatos de septiembre de 2021”.

Agregó que la firma de decretos como el que busca llegar a la verdad de lo sucedido entre 1965 y 1990 es una forma de represión que se utiliza para justificar los cambios del gobierno actual y la dirección que se le quiere dar a la historia. “La función de la teleología hoy, en México, tiene bastante de siniestro.”

En palabras del especialista, la inversión sostenida en la teleología, la gran historia que legítima todo lo que no hace y hace el gobierno, busca convertir a las pequeñas y grandes catástrofes en riesgos calculados, en pequeñas crisis, en lugar de comprenderlas como efectos estructurales, previsibles, de los cuales el Estado tendría que ser capaz de responder con eficacia.

“Me parece que la recepción mexicana de la pandemia ocurre precisamente en este contexto, por lo cual se le da el trato de ‘una contingencia’ que rima con otra contingencia, la ambiental, ambas tienen en común que son resultados de la pertenencia de México a un mundo globalizado del que no puede sustraerse y del que participa. También que son enfrentadas desde el gobierno como si la única acción relevante que pudiera tener la colectividad nacional es pasar el trago amargo y seguir el camino por la teleología. Así, en México, la contingencia se ha ido naturalizando. La contingencia pandémica está cargada de otras contingencias.”

La representación política en las redes sociales

Por su parte, el escritor y antropólogo Néstor García Canclini se refirió al tipo de contingencia que ha traído la inestabilidad política junto con las transformaciones tecnológicas y a la representación de ésta en las redes sociales. “Estamos en una nueva comunicación política y de participación en la que los partidos se diluyen. No es fácil hacer pronósticos, porque no sólo se trata del desplazamiento de los partidos por movimientos sociales, feministas, juveniles o ecológicos. También hay que incluir, en la reconfiguración, la cooptación de muchos líderes de organizaciones criminales, en casi toda América Latina, o la mezcla de estos partidos con grupos religiosos y estrategias de mercado que funcionan como nuevos poderes aglutinadores, capaces de generar lealtades comunitarias no tradicionales.”

De acuerdo con el crítico cultural, la irrupción de nuevos formatos comunicacionales son modos distintos de hacer política. Uno de los poderes de los medios y de las redes es el de deshacer las formas de organizar a las sociedades y gestionar políticamente los conflictos. Lo que implica un declive de la militancia como ejercicio democrático con convicciones y el paso a un momento de combates en donde se empuñan sospechas.

“Son más los que se mudaron a las redes que confían que, en su aclamada horizontalidad, se desarrollen alternativas. Las redes, en una etapa, proveen de una vía crítica, dan información alterna, sirven como recursos para entender de otro modo y deslizarse solitariamente. Pero son también trampas astutas para robar datos, enredarnos en algoritmos y someternos a órdenes opacas.”

Recordó que hay quienes piensan que la responsabilidad última está en el cerebro de los usuarios, y otros que es importante regular el uso de los robots. “Por supuesto, hay una responsabilidad de los usuarios, de los sujetos, pero no podemos descuidar el aspecto de gobernanza mundial. Los robots están ahí hasta que se caen: Instagram, Twitter, WhatsApp.”

Comentó que la sospecha hacia la organización electrónica de los comportamientos confluye con las suspicacias de la política. “Las agresiones y trampas comunicacionales son los instrumentos, como las noticias falsas emitidas por cuentas falsas, Aquí surgen preguntas, acerca de a dónde nos lleva este movimiento de culpabilidad cultivada. En vez de militancia, activismo. En vez de instituciones, acontecimientos.”

Agregó que la pregunta sería ¿cómo protegernos de la confluencia destructiva entre los robos de datos digitales y la descomposición del sistema de partidos? “Efectivamente, estamos actualizando en las ciencias y en las conductas de los usuarios la conciencia de lo que significa vivir entre redes. Las artes y la literatura ayudan a definir ¿qué es una red? Una red es un montón de huecos amarrados con hilos cuya paradoja nos trae el punto de vista del pez.”

Redes sociales y horizontes digitales en tiempos de pandemia

Al tomar la palabra, Rossana Reguillo, profesora, investigadora del Laboratorio Interdisciplinario del ITESO, habló de las redes sociales y los horizontes digitales en tiempos de pandemia. Consideró que el desafío fundamental actual es tratar de entender la nueva ecología comunicativa, este nuevo ecosistema sociocultural informativo que atraviesa a la sociedad.

Argumentó que el desafío primordial estriba en que se piensa al calor de los acontecimientos que se dibujan continuamente. Destacó que existe un elemento llamado hostilidad digital, que se refiere a la violencia y manipulación en las plataformas y sucede casi como una política del odio impulsado. “Aquí lo que quiero decir es que no toda la culpa es del algoritmo ni de las plataformas, hay agencias digitales, de publicidad, hay políticos pagando campañas sucias y esto es muy importante entenderlo y descifrarlo como ciudadanos comunes.”

La antropóloga social se refirió a los elementos que componen las operaciones lingüísticas de las políticas del odio en las redes digitales, el primero es que la prensa no oficialista está bajo asedio. “Estamos enfrentando el ataque y el descrédito, la difamación y la humillación y las diferencias de género. Lo que hemos encontrado, a través de análisis, es cómo, en estas estrategias de manipulación, a las mujeres las sexualizan para atacarlas, pero a los hombres los feminizan, de tal suerte que la condición femenina en estos momentos de redes digitales se vuelve una especie de blanco de ataque que genera procesos complejos y que tienen impactos en las personas.”

La segunda operación lingüística es la construcción del enemigo en las redes sociodigitales, “hemos visto cómo recurrentemente, o son los 31 científicos, o son los 650 firmantes, pero es continua la construcción del enemigo y el uso de las redes y las estrategias de comunicación para acallar, atajar o desviar la atención sobre un fenómeno”. La tercera, es la desacreditación del árbitro en tiempos electorales, que se genera con la fabricación de tendencias artificiales que marcan el debate antes de la jornada electoral.

“Más allá de lo terrible que pueden resultar estas milicias digitales, existe y prevalece la dimensión conectiva de las redes sociales. Es decir, hemos pasado en este nuevo ecosistema de una acción colectiva a una acción conectiva no afiliativa, sino que nos permite configurarnos en red.”

En palabras de la especialista, si la manipulación y violencia digital se expresa, a través de la polarización, en la dimensión de la acción conectiva existen vectores como el hashtag que son articuladores políticos, que permiten el crecimiento de comunidades de sentimiento y zonas de intensificación afectiva detonadas en la medida que se involucra la sociedad en un debate colectivo en redes.

Quien también es miembro de la Academia Mexicana de las Ciencias explicó que los afectos, las afecciones y la pandemia en redes operan como sistema de paso con trayectorias abiertas que se interconectan. “Una de las primeras palabras que se empezaron a compartir fue insomnio, después miedo y le siguió tristeza.”

Puntualizó que uno de los desafíos de las redes digitales es ¿cómo reconfigurar la relación poder-saber, opinión-dato, que día tras día desde los inicios de la pandemia pavimentan la escena para un colapso de la episteme que comanda la contemporaneidad? “Es importante entender cómo se están configurando los afectos, las afecciones, las comunidades de sentimiento y qué impacto tiene en ser apartidarios. Además, de encontrar las estrategias para combatir la maquinaria propagandística, de odio y manipulación.”

Fuente: El Colegio Nacional

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