De acuerdo con Bárbara Arroyo, “esto dejó ver a un sitio sumamente productivo, con muchas flores, con huertos muy cercanos a los edificios, además de un paisaje sagrado, donde el agua era elemental”

El manejo hidráulico que tuvo la antigua ciudad de Kaminaljuyu, en Guatemala, y su importancia en el estudio de Mesoamérica, fueron los ejes principales de la conferencia Kaminaljuyu, Guatemala: un sitio Preclásico y Clásico en el Altiplano Maya, que impartió la arqueóloga Bárbara Arroyo, como parte del ciclo La arqueología hoy, coordinado por el colegiado Leonardo López Luján.

En la sesión, transmitida en vivo el 23 de septiembre por las plataformas digitales de El Colegio Nacional, López Luján recordó que Manuel Gamio tuvo la gloria de ser el primer arqueólogo mexicano en excavar en el extranjero, en lugares como Guatemala. “En el invierno de 1926 realizó una temporada de campo de seis meses, en Kaminaljuyu. Basándose en sus análisis, Gamio propuso cuatro fases para los Altos de Guatemala: la arcaica, la neoarcaica, la maya primitiva y la maya histórica. Además, analizó monumentos escultóricos y numerosas colecciones privadas”.

De acuerdo con el especialista en sociedades prehispánicas del centro de México, Manuel Gamio planteó que la historia económica de Guatemala, a partir de la conquista de Pedro de Alvarado, se dividía en cuatro periodos, el de la introducción del trigo y ganado; el de los colorantes de la grana cochinilla y el añil; el del café y el plátano; y el de la industria hidroeléctrica. “Estimó que la población indígena en esa región estaba compuesta por más de un millón de habitantes, medio millón de mestizos y más de un cuarto de millón de blancos.”

Al tomar la palabra, Bárbara Arroyo, investigadora asociada del Museo Popol Vuh de la Universidad Francisco Marroquín, en Guatemala, recordó que Kaminaljuyu fue un sitio importante en el Altiplano Maya, ubicado en la línea divisoria continental, cerca de las cuencas del Pacífico, lo que le otorgó un lugar privilegiado. “De acuerdo con los registros, su historia inicia en el año 1000 a. C. y culmina alrededor del 900 d. C., sin abandonarse en todo ese tiempo.”

La arqueóloga guatemalteca comentó que las primeras referencias que se tienen sobre el sitio son el Plano de Jácome López Corzo, documento de 1606, que muestra el montículo de la Culebra. “El montículo de la Culebra es una estructura construida con tierra y rellenos de arena, elevándose hasta 10 o más metros de altura, en algunas partes, se ha propuesto que el edificio tuvo alrededor de siete kilómetros de largo y que tenía una función hidráulica.”

La especialista, que estudia desde hace diez años los vestigios de este asentamiento prehispánico, recordó que fue el arqueólogo mexicano Manuel Gamio, quien realizó la primera excavación estratigráfica en la zona maya, en Guatemala.

Afirmó que Kaminaljuyu tiene una esencia acuática. Fue el mayor asentamiento prehispánico de las Tierras Altas y alcanzó una posible extensión de 86 kilómetros cuadrados. El montículo de la Culebra es considerado la obra arquitectónica prehispánica más grande de Mesoamérica y está relacionado con el acueducto de Kaminaljuyu.

“El agua era un elemento fundamental. El montículo de la Culebra en algunos espacios tenía canales para conducir el vital líquido y posiblemente para transportar materia prima, como la piedra que serviría para construir las esculturas. Después se pudo confirmar la presencia de canales agrícolas.”

La investigadora agregó que el conjunto de Kaminaljuyu fue una de las principales arterias de la ciudad, tenía una serie de canales que no estaban relacionados con los campos de cultivo, se encontraban al interior y permitían conducir agua dentro del lugar. “Esto dejo ver a un sitio sumamente productivo, con muchas flores, con huertos muy cercanos a los edificios, además de un paisaje sagrado, donde el agua era el elemental rodeando todos los edificios y demostrando el poder del lugar para crecer y tener abundancia en vegetales y comestibles.”

“El sofisticado sistema hidráulico impactó de manera muy grande a la población, tenían un paisaje acuático elaborado. En el Preclásico se pueden observar grandes canales cortados en el suelo natural con pequeñas ramificaciones y en el periodo Clásico se ve que el agua se aprovechaba al máximo. Se construyeron tubos de cerámica que condujeron el agua entre los edificios y hacia espacios donde se podía almacenar el líquido.”

En palabras de la arqueóloga, indudablemente el agua estuvo vinculada con la religión y el gobierno Kaminaljuyu. Muestra de lo anterior fueron las piedras esculpidas al inicio del periodo Preclásico, en el 600 a. C., que representan elementos como el dios acuático, posiblemente referido a la abundancia de lluvias y la fertilidad agrícola. “En las piezas se puede observar una enorme relación de los gobernantes o reyes con la lluvia y los elementos acuáticos. Esta abundancia de agua parece terminar alrededor del año 200 d. C. debido a la sequía.”

“Y los gobernantes divinos, quienes proporcionaban el agua y a quienes se les dedicaba tributos escultóricos, ya no pueden proveerla, ese poder mágico que tenían lo van perdiendo. Hay un tipo de rebelión de la población en la que destruyen y rompen todos estos monumentos como una queja. Nos damos cuenta de que alrededor del 150, del 180 d. C., hay muchas quemas, hay niños que son sacrificados, mutilados de las piernas, y depositados como rituales para pedir por el agua de regreso.”

Bárbara Arroyo puntualizó que, a diferencia de Teotihuacán, donde la arquitectura era majestuosa, en Kaminaljuyu todo era muy concentrado, muy apretado. Sin embargo, se encontraron una serie de ofrendas en las tumbas de la sección sur al estilo teotihuacano, “sabemos que vienen del centro de México. Según estudios, este acercamiento fue por alianzas entre élites, en el Clásico había un control de Kaminaljuyu sobre la costa de Escuintla, donde probablemente controlaba el cacao, y a Teotihuacán le interesaba lo mismo y se conocían desde el tiempo Preclásico”.

Al finalizar, la especialista sostuvo que Kaminaljuyu no fue el nombre original del sitio, fue un nombre asignado por Antonio Villacorta, ministro de educación. “Kaminaljuyu quiere decir Cerro de los muertos, en idioma quiché; sin embargo, no quiere decir eso literalmente. Hoy es un lugar sagrado para la práctica de la espiritualidad maya contemporánea y todos los días se realizan ceremonias en el parque arqueológico.”

Fuente: El Colegio Nacional

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