“Maurice era como un fuego, imposible de apagar, quería seguir y seguir: su conocimiento musical era tal que se sabía cada nota al fondo”, a decir de Shonach Mirk Robles

Al compositor y director de orquesta Ígor Fiódorovich Stravinski se le debe una enorme cantidad no sólo de música de concierto, sino de ballets, entre ellos se encuentra La consagración de la primavera, una obra estrenada en 1913 y que produjo uno de los mayores escándalos que registra, no sólo en mundo de la danza, sino de la música, recordó el compositor Mario Lavista, miembro de El Colegio Nacional y coordinador del ciclo Stravinski, a 50 años de su fallecimiento.

En la segunda sesión del ciclo, transmitida en vivo el 21 de septiembre a través de las plataformas digitales de la institución, participaron la bailarina y coreógrafa Claudia Lavista, quien también coordina el ciclo; el director de escena Sergio Vela, y Shonach Mirk Robles, bailarina y exintegrante del elenco de la coreografía montada por el francés Maurice Béjart, obra de la que se habló en esta sesión, luego de que en la primera se abordara de la versión del ruso de origen polaco Vaslav Nijinsky.

Para iniciar, Mario Lavista mencionó que La consagración de la primavera es una obra que plantea insólitas novedades: “tan sólo a nivel de orquestación hay que recordar el solo de fagot al comienzo, que muchos de los músicos de la época opinaban que era como ir un poco en contra de la naturaleza misma del instrumento, por el registro tan agudo que usaba Stravinski para esa primera frase, aun cuando ni siquiera le pertenecía, sino era una cita musical de la música popular, variada por cuestiones rítmicas o del propio compositor”.

En su participación, la bailarina Shonach Mirk, precisó que ella bailó La consagración de la primavera con Béjart, cuando contaba con 19 años de edad y tenía, apenas, su primer año en la compañía, lo que se convirtió en “una de las experiencias que marcó mi vida como bailarina”.

“Al bailar esta coreografía, para mí fue la primera vez que me perdí tanto en una obra de Béjart: perdí conocimiento de mí como persona, encontré una mujer muy primitiva en mí que salió al escenario. La experiencia de perderme en una obra fue tan fuerte para mí que nunca lo olvidé.”

Desde aquella experiencia, la bailarina reconoció que la primera parte de la obra, enfocada en los hombres resultó muy fuerte, un tanto animal, con movimientos tan duros y llenos de energía; luego apareció el mundo de la Luna, de la mujer, “que es completamente sagrado, con la sensación de flotar, de estar sobre los pies, como encima de todo: había una sensación muy particular de estar flotando en el escenario”.

“Béjart no quería hacer La consagración, porque era tan conocida y la coreografía de Nijinski tan conocida, que Maurice dijo que no. Pero una noche vio un documental sobre los rituales de los ciervos en la Selva Negra, en Alemania, al luchar por el poder, que se inspiró a tal grado que decidió aceptar la responsabilidad, pero pidió más bailarines.”

“La leyenda dice que pusieron un anuncio en el diario y llegó un grupo de ciclistas, que pensaron que sería gracioso hacer la audición para bailarinas, dos de ellas se quedaron entre la compañía. Como no sabían bailar, Maurice buscó movimientos que podían hacer ellas: no tenían un pasado como bailarinas, pero eran fuertes y, así, encontró los movimientos que, al fundirse con los rituales de los ciervos, dieron como resultado esta obra, la cual hizo en tres semanas”, recordó Shonach Mirk Robles.

La bailarina principal del Ballet del siglo XX contó que Maurice era como un fuego, imposible de apagar, quería seguir y seguir: “su conocimiento musical era tal que se sabía cada nota al fondo y llegaba al estudio con la música tan clara que buscaba esos movimientos, saber cuándo detenerse o cambiar musicalmente”.

Calidad reinterpretativa

Como parte del ciclo, se tomó la decisión de presentar diferentes versiones coreográficas de La consagración de la primavera, quizá la que más tiene en la historia de la música; de ahí el interés por mostrar las diferentes aproximaciones a la obra de Stravinski, desde la coreografía de Nijinski, una propuesta muy controversial.

“La versión de Béjart fue estrenada en 1959. La primera vez que se ejecuta, se aleja del guión original: divide la obra en tres grandes partes; la presentación de lo masculino, de lo femenino y el encuentro entre ambos, porque Béjart trabajaba desde una animalidad en el hombre y una sutileza en la mujer y los lenguajes son completamente distintos”, a decir de Claudia Lavista.

Desde la perspectiva del director de escena, Sergio Vela, se debe recordar que la obra de Stravinski “fue rompedora”, porque sin previo aviso modificó la percepción que se tiene sobre la composición y, al mismo tiempo, permitió las diferentes propuestas coreográficas, desde la reconstrucción de la coreografía original de Nijinski.

“Lo que fue terrible es que esa coreografía fue presentada en muy pocas ocasiones, aun cuando al año siguiente –como mencionó Lavista– implicó un éxito musical. De algún modo tiene dos vías: una es la realización escénica y la otra es su incorporación plena a la música concertística.”

La consagración de la primavera se suele escuchar con mucha frecuencia en salas de concierto como una obra estrictamente sinfónica, pero cuando queremos entenderla cabalmente, debemos recordar que es música coreográfica “y, como mencionó, Mario Lavista, él fue un gran compositor de música coreográfica”, enfatizó Sergio Vela.

“En 1959, un muy joven Maurice Béjart acometió la reinterpretación de la obra: esto es algo de capital importancia, porque no sólo advertiremos que su coreografía, han transcurrido 62 años, tiene una plena vigencia estética y estilística, sino que hay una libertad recreativa, reinterpretativa, porque se aleja del guión original, de la pauta original.”

A partir del alejamiento del guión original, para el director de escena hay algo muy importante por señalar: la distinción entre las intenciones artísticas de los creadores y las instrucciones que dan para interpretar la obra y, aunque el guión de Stravinski no es seguido por Béjart, sus intenciones están magníficamente interpretadas, “desde este primitivismo que hallamos en el ímpetu masculino, la sutileza más apegada a cuestiones culturales, lunar, que ha subrayado Shonach en la parte femenina, y el encuentro erótico, fecundo, porque finalmente de eso se trata La consagración de la primavera”.

Tan sólo, bajo esa perspectiva, más allá de que Béjart fundara el Ballet del siglo XX en 1960 y, a partir de entonces, se puede decir con toda claridad que “se convirtió en una de las grandes estrellas de la coreografía a nivel mundial”.

Fuente: El Colegio Nacional

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