“La pandemia nos puede hacer cambiar nuestra óptica, más que replantearlo, nos hacer ver el futuro con un rumbo ligeramente distinto”: Billy Springall

“Ha sido un error histórico pensar que hay desastres naturales que llegan de manera fortuita, casi como una maldición o una mala suerte, y que se centran en algún territorio, y lo vemos como algo accidental, como fuerzas naturales contra las que no se puede hacer nada”, aseguró la arquitecta Fernanda Canales al participar en la mesa redonda La ciudad post-COVID, transmitida en vivo el 8 de septiembre, a través de las plataformas digitales de El Colegio Nacional.

Durante la sesión, que forma parte del ciclo La arquitectura y la ciudad post-COVID, organizado por el colegiado Felipe Leal, participaron los arquitectos Fernanda Canales, Isadora Hastings y Billy Springall, además del antropólogo social Néstor García Canclini.

Al tomar la palabra, la arquitecta y crítica Fernanda Canales aseguró que aún no podemos hablar de la ciudad post- COVID, sino de una ciudad con COVID, pero también con pandemias, con terremotos y con inundaciones. “No podemos pensar que hemos puesto un antes y un después, o que vamos a poner un alto en estas tragedias o causas bastante predecibles, las cuales debemos considerar para mejorar el desarrollo de las ciudades. Todo lo queremos dejar atrás, pero son cosas recurrentes, van a seguir pasando, entonces hay que seguirse preparando, a través de ciudades que planean con estos eventos y no ciudades que quieren dejar atrás hechos que van a volver a suceder.”

De acuerdo con la arquitecta por la Universidad Iberoamericana, los seres humanos han dado la espalda a las condiciones de la naturaleza, y no se ha aprendido sobre los lugares más convenientes para construir, “siempre habrá volcanes en erupción, terremotos o lluvia”.

“Ya no podemos hablar de grandes tragedias que nos persiguen, sino que son cosas que nos van a seguir pasando, y son cosas que se pueden diseñar de mejor o de peor manera”, recalcó Fernanda Canales, quien durante su conferencia planteó cuatro temas sobre los que debemos trabajar como sociedad.

Entre ellos habló de “La ciudad a largo plazo o la ciudad en manos de especialistas”, para que dejemos de pensar que las ciudades estén en manos de políticos, de visiones de corto plazo o de decisiones que contemplan el mercado sólo como prioritario.

“Todo esto tiene que ver con los errores o lo que padecemos de las ciudades, por lo que resulta indispensable pensar en las ciudades del mañana y ponerlo en manos de quienes están haciendo los estudios, quienes tienen la información y no dejarlo en manos de un puesto político o en manos de desarrolladores o de intereses particulares.”

El segundo concepto sería “la ciudad para todos”. En este caso, la especialista se apoyó en el concepto de la ciudad de los cuidados, la que cuida a los habitantes y no está pensada para fines de mercado o para una planeación de la clase productiva: se trata de la ciudad para los niños, para los adultos mayores, para los discapacitados, para las personas que necesitan usar un baño y no pueden pagarlo, o necesitan contar con agua potable gratuita.

“Una ciudad que no esté pensada para la productividad y para ciertos intereses, para llenarlas de metros cuadrados de oficinas: que contemple, además de la productividad, a quienes están encargados de cuidar a los demás.”

El tercer concepto es “la ciudad como casa o la casa como ciudad”, siendo el objetivo el entender las consecuencias públicas del espacio doméstico, ya no pensar en la casa como un elemento de propiedad privada, una cosa que alguien escoge para sí mismo, sino más bien como algo más colectivo, porque en el pasado la casa era el elemento que definía a una familia o el espacio privado que cada uno diseña como si fuera un mundo propio.

“Ya no es un individuo o una familia, porque las consecuencias públicas del espacio doméstico han cobrado una dimensión sanitaria que antes no teníamos: la casa como un elemento para pensar en la reconstrucción de las ciudades.”

El último tema abordado por la arquitecta lo definió como “La no ciudad”, en especial ante la importancia de repensar aspectos como la densidad urbana o la relación entre lo rural y lo urbano, que fue otra de las grandes bifurcaciones de la revolución industrial.

“Una de las grandes lecciones de esta pandemia es repensar la relación entre lo rural y lo urbano, y repensar en temas como la redensificación, que muchos defendían hasta hace poco: construir más alto, llenar más, y creo que hoy, no podemos defender la redensificación urbana sin hablar de redensificar los servicios, el agua, los desechos, el espacio público: en la Ciudad de México se han construido más estacionamientos que parques o que escuelas.”

Para Billy Springall, la ciudad es, probablemente, la invención más antigua y perdurable de nuestra civilización, en gran parte debido a que evolucionan en el tiempo y se adaptan a los cambios en las formas de vida y de producción.

Bajo esa perspectiva, reconoció el arquitecto, la historia nos demuestra que, cuando enfrentan crisis –ya sea pandemias, terremotos, incendios o inundaciones–, las ciudades siempre responden y salen fortalecidas: el saneamiento, las normas de ventilación e iluminación, las avenidas arboladas, los bulevares y el transporte subterráneo son todas respuestas a situaciones de crisis anteriores.

“Las ciudades aprenden unas de otras, intercambian y colaboran. Es un poderoso imán social y económico: somos seres sociales y necesitamos estar juntos, intercambiando, colaborando, compartiendo espacios e infraestructuras; en las ciudades se crea riqueza económica, social y de conocimientos. Las ciudades son microcosmos y sistemas orgánicos complejos adaptables y productivos, íntimamente ligadas a la vida moderna y su éxito es fácilmente medible.”

Sin embargo, a su parecer la pandemia nos tomó por sorpresa, a pesar de que ya se había pronosticado la inminencia de un virus como el COVID e, incluso, se había mapeado e identificado las geografías donde esto podía suceder, “debido a la relación tan irrespetuosa que hemos establecido los seres humanos con la naturaleza”, porque se ha ampliado la posibilidad de zoonosis, que es el paso de agentes infecciosos de animales a humanos.

“El paro total de la pandemia fue tan radical que conservamos imágenes de dos mundos simultáneos: uno distópico, de ciudades vacías y gente encerrada en sus casas; y uno utópico de cielos azules y delfines nadando en el cielo de Venecia. Lo cierto es que algunas disrupciones de la pandemia son temporales y otras son permanentes.”

“Las temporales como el distanciamiento social, las dificultades para viajar o el uso de cubrebocas, incluso, la recesión económica más fuerte que se ha experimentado desde la Segunda Guerra Mundial seguirá impactando nuestra forma de vida durante un tiempo, pero la historia también nos demuestra que pasarán y serán incorporadas como cuestiones crónicas, pero no de emergencia.”

Frente a esa circunstancia, el catedrático de universidades públicas y privadas planteó en la mesa la necesidad de hablar de un nuevo tipo de ciudad: la ciudad virtual, que es ubicua, es global e inmaterial, la cual está en un proceso imparable de aceleración y no sabemos cuáles serán sus impactos.

“Hoy somos testigos de grandes migraciones, uno de los grandes retos de este siglo; sin embargo, casi no hemos hablado de la migración de la ciudad física a la ciudad virtual, a la cual se transfieren actividades tradicionales y fundacionales de la ciudad física.”

Las oportunidades frente a la pandemia

A pesar de lo anterior, Springall es un convencido de que la pandemia ha creado oportunidades, porque hemos visto un cierto resurgimiento del humanismo, como la recuperación de espacios cedidos al coche, carriles enteros de avenidas se han convertido en ciclovías, lugares de estacionamientos transformados en terrazas para cafés y restaurantes, o el crecimiento de lo local.

Al mismo tiempo, ha expuesto problemas sociales muy profundos como la inequidad: una parte de la sociedad puede practicar el distanciamiento social a través del teletrabajo, el uso del mundo virtual, el transporte individual en coche, bicicleta o a pie, mientras otra parte ha tenido que arriesgarse por no tener las condiciones de vida que le permitieran protegerse y aislarse.

“La pandemia nos puede hacer cambiar nuestra óptica, más que replantearlo, nos hacer ver el futuro con un rumbo ligeramente distinto. Los cambios serán paulatinos y, si somos exitosos, serán constantes. Las ciudades son una manifestación del mundo: si el mundo está mejor, las ciudades también lo estarán”, resaltó Billy Springall.

Por otro lado, Isadora Hastings, socia fundadora y directora de la organización Cooperación Comunitaria México A. C., ofreció un análisis distinto de la relación con las ciudades en tiempos de pandemia, al llamar a reconocer, por principio de cuentas, que cada vez más pobladores carecen de una justicia socioterritorial y ambiental.

“La crisis ambiental y sanitaria nos hace un llamado a cambiar nuestra forma de vida y, por lo tanto, de producir, de construir y habitar. La riqueza biocultural de México, a partir de la relación de estas poblaciones con sus territorios, y la transformación de los bienes naturales en una serie de técnicas constructivas y productivas, adaptadas al territorio, han contribuido a desarrollar diversas formas de habitar, según las diversas regiones, y una diversidad de tipologías arquitectónicas adaptadas a sus contextos físicos.”

En ese aspecto, resaltó la también arquitecta, la pandemia nos ha dejado en evidencia la enorme condición de desigualdad en que vivimos en todas las ciudades. A consecuencia de la privatización acelerada, de la especulación y el despojo, se produce un acceso desigual a los bienes y servicios esenciales para la vida diaria, dentro de una situación que se acentuó al poner medidas igualitarias por parte de los gobiernos a poblaciones profundamente heterogéneas.

“Si bien las ciudades concentran la mayor parte de la población, creemos necesario discutir en la supervivencia de la humanidad ante el cambio climático y, por lo tanto, poner en un tema central la naturaleza, el campo y el ámbito rural.”

Así, dentro de Cooperación comunitaria, en un trabajo desarrollado a lo largo de 10 años en el ámbito rural, se ha visto la necesidad de un enfoque integral y sistémico, la participación colectiva de los pobladores y la interrelación existente entre el humano y la naturaleza para un enfoque socioambiental, siendo este aspecto primordial, porque busca revertir los efectos de la crisis ambiental, mediante el paso de un enfoque antropocéntrico a uno biocéntrico, en el cual se profundice la interdependencia que existe entre la naturaleza y los humanos.

“Diseñar y construir con las poblaciones y con la naturaleza, centrarse más allá del producto y generar procesos de aprendizaje relacionados a la conciencia socioambiental”, en palabras de Isadora Hastings, quien evocó unas palabras del arquitecto Enrique Ortiz, quien ha llamado a concebir a la vivienda y al hábitat no como una mercancía o un objeto, sino como un proceso.

“No obstante, en las ciudades estamos alejados de la naturaleza, se vuelve necesario comprender el ciclo de producción de lo que consumismo y reaprender de los ciclos naturales y comprender que el tiempo difiere en mucho al tiempo del capital.”

El antropólogo social Néstor García Canclini llamó a reconocer que el virus se convirtió en una especie de espejo de aumento, un acelerador de la convergencia de las crisis provocadas por el ser humano, de ahí la necesidad de hacer un desdoblamiento en nuestra manera de pensar las cosas de la convivencia en una ciudad física, habitada, pero también en una ciudad imaginada por sectores diversos, por medios como “el cine, la televisión, los relatos en las redes o la ironía de los memes”.

“¿Cómo actúa la ciudad imaginada sobre la ciudad habitada y vivida? Una primera forma es que coexisten en contigüidad: las piedras históricas frente al cemento, los coches que no tienen donde estacionar con los ‘viene-viene’: es legal, no es legal, cómo nos arreglamos.”

Asimismo, García Canclini hizo una diferenciación en las formas de coexistir en la Ciudad de México, entre un urbanismo ibérico, “si lo podemos llamar así”, que serían el Centro Histórico, San Ángel, Coyoacán y Tlalpan; y un urbanismo moderno, el de la alcaldía Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo, Benito Juárez, a lo cual habría que sumar el de los poblados rurales y barrios, las colonias populares y este urbanismo americanizado, “que quizá estaría representado por Santa Fe y Nuevo Polanco”.

“No hay ciudad sin soluciones compartidas. Existe aún en la ciudad colonial, la que se formó luego del desarrollo industrial y las migraciones, y más recientemente esa otra de Santa Fe y Nueva Polanco: las dos primeras suelen aceptar que los siglos convivan. En cambio, en las últimas vemos sustitución o aislamiento: no hay memoria de lo que fue la ciudad, sino de la imposición de modelos de urbanización estadounidense”, enfatizó el antropólogo social.

Fuente: El Colegio Nacional

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