“Este libreto tiene que ver absolutamente con el temperamento creativo de Juan Villoro”, señaló Jorge Volpi durante la presentación del volumen, a cargo de la disquera y editorial Welt

“Me da la impresión de que este libreto tiene que ver absolutamente con el temperamento creativo de Juan Villoro: su esfuerzo creativo, en muchos géneros, me parece que ha sido tan perturbado como Strauss, al mezclar el drama y la comedia: muy pocos escritores mexicanos han intentado y logrado esta especial mezcla”, reconoció el escritor Jorge Volpi durante la presentación del libreto Ariadna en Naxos: una ópera dentro de la ópera, coordinada por Juan Villoro, integrante de El Colegio Nacional.

En una actividad celebrada la noche de 1 de septiembre, transmitida a través de las plataformas digitales de la institución y con presencia en el Aula Mayor del edificio sede, se contó con la participación de Jorge Volpi, Sergio Vela, Fernando Álvarez del Castillo y el editor César Morales, quien se encargó de recuperar una traducción realizada por el colegiado para el estreno de la obra en México, en 1985.

Durante el lanzamiento del volumen, en una edición bilingüe, Jorge Volpi, coordinador de Difusión Cultural de la UNAM, aseguró que el humor de Juan Villoro sólo puede encontrarse en Juan Villoro, lo que se refleja al leer cualquiera de sus libros, llenos de frases que son brillantes, casi aforísticas, sentenciosas y, al mismo tiempo, cómicas y que dan en el clavo.

“Por otro lado, hay una vocación trágica en casi todo lo que retrata. No sé si también hay una especie de lucha interna entre la vanguardia y el clasicismo, entre lo revolucionario y una parte conservadora-católica, de la cual él también proviene. Así, Juan ha explorado muchos géneros al mismo tiempo, saltando de uno a otro, con un temperamento dramático que lo ha llevado a ser un estupendo dramaturgo y el estupendo narrador y cronista que siempre ha sido, que se resuelve en la traducción de este libreto”, resaltó el también narrador.

Al referirse a la obra de Richard Strauss, Volpi lo comparó con una personalidad como Albert Einstein, al definirlos como dos de las grandes figuras de la época, con genio revolucionario y cierto temple conservador, sobre todo al llevar a su extremo absoluto las reglas de lo que había sido la manera de componer o de pensar la física en el siglo XIX.

“Todo lo llevan hasta el límite y perciben el abismo, un abismo del que no van a ser capaces de recuperarse: el abismo hacia la ruptura con la tonalidad, hacia la ruptura con las reglas clásicas de la física, todavía newtoniana, a la que está llevando Einstein: este es un proceso mental y psicoanalítico fascinante en estas dos figuras: a fin de cuentas, Strauss, después de Electra, lo que va a buscar es una suerte de regreso hacia una tradición más clásica, de la misma manera que Einstein, paralelamente, va a ver con horror la mecánica cuántica.”

De esa manera, “encontramos a un Strauss que se da cuenta de que, por un lado, es profundamente alemán, responde a una tradición germánica y, por lo tanto, heredero de Wagner, pero frente a esa escuela, que finalmente es la que lo lleva hacia los límites, también se asume italiano, “una especie de vuelta al clasicismo”.

“No deja de ser curioso, en términos psicoanalíticos que elija aceptar lo que le está proponiendo Hugo von Hofmannsthal: intentar un experimento escénico, una tragedia y una comedia, la vanguardia y la tradición, todo al mismo tiempo”, en palabras de Jorge Volpi.

La vanguardia en la ópera

Previamente, Fernando Álvarez del Castillo definió a Ariadna en Naxos como una obra de arte finamente trabajada y exuberantemente animada, “llena de una gracia y sensualidad etéreas”, con un libreto que es de los más ingeniosos de cuantos ha producido el arte lírico.

Álvarez del Castillo recordó que la primera indicación de que Hugo von Hofmannsthal se interesó en la Ariadna, basado en el mito griego de Ariadna y Baco, proviene de cuatro semanas después del éxito de El caballero de la rosa, en Dresde: es una nota del 26 de febrero de 1911.

El escritor había asistido a una representación de El burgués gentilhombre, de Molière, por lo que instigó a Strauss a que compusiera una elaborada suite que acompañaría la representación de la obra de Molière en los escenarios alemanes.

“Así se concibieron la suite orquestal y la ópera Ariadna. Por su parte, la pequeña pieza que iba a acompañar a Molière la menciona Strauss por primera vez el 17 de marzo, cuando le recuerda a su libretista que no tiene proyecto de ópera en el cual trabajar durante el verano, pues ya no goza más la composición de poemas sinfónicos.”

Fue entonces que el libretista sugirió la composición de una pequeña ópera que debía pensarse como una muestra de agradecimiento al productor, director teatral y de cine Max Reinhardt, quien había pedido que realizara una adaptación de la comedia de Molière

Así, Ariadna en Naxos se convirtió en uno de los experimentos operísticos más importantes del siglo XX, aunque para muchos parezca una rareza. Desde la mirada de Sergio Vela, es fundamental recordar que Strauss se convirtió, en su madurez, en uno de los más importantes compositores de ópera de la historia.

“En más de una ocasión he comentado que si hubiera fallecido a los 40 años de edad, en 1904, su nombre estaría presente en todas las salas de concierto, pero sería incidental en la historia de la ópera: a partir de 1905, Strauss se convirtió en un punto de referencia en la ópera. En ese momento, su casi coetáneo, Puccini, era ya el sucesor de Verdi. Y a partir de Salomé, Strauss fue el sucesor de Wagner: después hizo 12 óperas más, pero con Salomé ya tenía su lugar.”

No ha habido en la historia de la ópera ningún compositor que no anhele tener un buen libretista con el cual entenderse. La ópera es arte dramático que parte de un texto al que se le pone música, nunca es música a la que se le pone la letra: el compositor puede tener ideas musicales, pero se dota de música un texto, no al revés; no se textualiza una partitura, lo que significa que estamos ante una forma dramática, que la ópera es teatro, una forma muy sofisticada del teatro, pero es eso.

De ahí la importancia de la colaboración entre Richard Strauss y el dramaturgo Hugo von Hofmannsthal, ahora reflejada en esta publicación, cuyo lanzamiento Sergio Vela no sólo celebró por la traducción de Juan Villoro, la cual conoce desde el estreno de la ópera, en 1985, sino también por el hecho de que va de la mano del esfuerzo de César Morales, al publicar libretos de ópera en edición bilingüe, porque no existen muchas iniciativas de esta índole.

“Hace no muchos años, César se dio a la tarea de publicar estos libretos, lo que se convierte en una de las herramientas con las que cuentan los aficionados y los estudiosos, sobre todo porque hay muchos libretos en lengua original y traducciones con grandes deficiencias, aun cuando sean un punto de partida.”

Vela no sólo recordó las escenificaciones de la ópera –los días 7, 9, 11 y 14 de julio de 1985–, sino que su reestreno, en 1992, sirvió para inaugurar el sistema de súper titulaje en el Palacio de Bellas Artes.

Para Juan Villoro es fácil interpretar que Strauss y Von Hofmannsthal quisieron hacer una parodia en Ariadna en Naxos, buscaron retomar formas ya muy trabajadas, mezclarlas, pero al mismo tiempo hay un alma dividida: lo que estaba dentro del propio compositor en su búsqueda de ir a la vanguardia y, al mismo tiempo, la necesidad de no perder la tradición: “estas dos furias que lo mandaban en su interior y que lograron hacer la ópera”, apuntó Sergio Vela.

Durante su participación, el editor César Morales recordó que, en la partitura original, hay una anotación del libretista que no se había traducido en la versión de 1985, por lo cual se puso en contacto con Juan Villoro, quien tradujo ese agregado para sumarlo al esfuerzo editorial.

Desde Welt, el editor ya cuenta con 67 libretos listos para ser publicados, con los que quiere demostrar que no sólo se pueden exportar cantantes de ópera, sino también acercar a públicos nuevos y consolidar a los ya existentes con este tipo de esfuerzos.

Para celebrar este lanzamiento editorial, se ofrecieron fragmentos de la ópera: Obertura / Ouvertüre, Era hermoso y se llamaba Teseo / Ein schönes war: hieß Theseus y ¡Hermosa criatura! ¿Eres la diosa de esta isla? / Du schönes Wesen! Bist du die Göttin dieser Insel?, con interpretaciones de la soprano Penélope Luna, el tenor Ángel Ruz, y con James Pullés, al piano.

Fuente: El Colegio Nacional

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