Donde ahora se construye el Aeropuerto Felipe Ángeles, se han sacado más de 40 mil elementos óseos, en algunos casos individuos completos

Si bien ya se conocía una parte de los vestigios de mamuts en la Cuenca de México, con la construcción del Aeropuerto Felipe Ángeles ha salido a flote una riqueza que apenas comienza a ser trabajada, aseguró el investigador Joaquín Arroyo-Cabrales, encargado de dictar la conferencia Los mamuts y los humanos: hipótesis y debates actuales sobre su interacción, como parte del ciclo La arqueología hoy, coordinado por Leonardo López Luján, integrante de El Colegio Nacional.

Transmitida en vivo la tarde de este jueves 26 de agosto, a través de las plataformas digitales de la institución, el doctor en Ciencias, con especialidad en Zoología, por la Texas Tech University, recordó que en el Valle de Tlaxcala-Puebla, a principios de los 60 se realizó una excavación muy extensa, hallándose evidencia no conclusiva de presencia de seres humanos, pero sí de una fauna pleistocénica, entre ellos mamuts.

“En el Lago de Texcoco se cuenta con otros hallazgos, sobre todo la carretera que va de Ecatepec a los Reyes La Paz, donde se han encontrado más de 30 sitios con restos de mamuts. En Tultepec se han hallado al menos 14 individuos, en una zona que existe la posibilidad que fueran trampas. A fines del 2019 y hasta la actualidad se está dando el salvamento en lo que fue la base aérea de Santa Lucía, donde ahora se construye el Aeropuerto Felipe Ángeles, se han sacado más de 40 mil elementos óseos, que requieren un tratamiento especial”, destacó el especialista durante su charla.

La construcción del aeropuerto ha permitido hallar este gran depósito. Si bien se sabía de Santa Lucía desde los años 70, no se tenía la certeza de su gran riqueza. Lo que ahora se ha logrado con el apoyo de SEDENA, que ha permitido disponer de materiales sin los cuales, dado el número de restos hallados, se hubiese dificultado su registro.

“Ya van más de 400 sitios, lo cual no quiere decir que sean individuos completos, aunque sí hay algunos, incluso, uno de ellos va a ser exhibido en el Museo del mamut”, comentó el profesor-investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Desde mediados del año pasado se inició el proyecto con especialistas de diferentes campos, a fin de contar con un panorama lo más completo de la zona y los vestigios, comentó Joaquín Arroyo-Cabrales, quien dedicó su conferencia a la memoria de Ángel Silva Cárdenas, paleontólogo y uno de los socios fundadores de la Sociedad Mexicana de Paleontología, fallecido hace apenas una semana.

Al ofrecer el recorrido histórico sobre la manera en que han actuado estos enormes animales con los seres humanos, el investigador aseguró que en Norteamérica sí se tiene una serie de sitios con un número considerable de restos de proboscídeos, como se define a estos enormes mamíferos, no sólo los mamuts, una de cuyas características es la presencia de una trompa que tiene una gran cantidad de utilidades, tanto para respirar y como arma para enfrentar a otros animales.

“Otra característica son sus dientes incisivos, que llamamos colmillos, están alargados y cumplen un papel muy importante. Además, tienen una pata en donde todos sus dedos se apoyan sobre la superficie, lo que cumple la función de soportar el peso que los animales tienen.”

Los mamuts aparecen en Norteamérica desde hace un millón de años, y se mueven desde hace 600 mil años debido a las glaciaciones; sin embargo, la presencia de un glaciar muy grande entre Canadá y el centro de Estados Unidos, evitó que muchos de ellos llegaran hasta el sur.

Además, algunos de los animales quedaron atrapados en las chapopoteras, lo que ha generado el hallazgo de esqueletos completos en Los Ángeles, por ejemplo, donde se ha seguido toda una cadena alimenticia, pues se hallaron desde los grandes mamuts, los tigres dientes de sable y los animales carroñeros.

En México tuvimos tres grupos de proboscídeos: unos son los gonfoterios, que tenían unas grandes defensas (colmillos) rectas, los cuales entraron unos cuatro millones de años atrás, se movieron del norte hacia el sur; otro grupo, aparte de los mamuts, es el mastodonte: un animal de la talla de los gonfoterios, que tenía más pelo y que ocuparon el noroeste del país.

“Al mamut colombino lo conocemos de la mayor parte del país, excepto la Península de Yucatán no cuenta con registro de vestigios de estos animales, en gran parte porque el ambiente no era propicio, aunque quedan muchas preguntas por responder al respecto.

Llegaban a pesar 10 toneladas, medían cuatro metros y medio, y se calcula que llegaban a vivir hasta 80 años de edad. En México no se han hallado defensas muy largas, aun cuando se tiene registrados cientos de sitios, la gran mayoría son fragmentos de huesos, particularmente en la Cuenca de México.

Ideas sobre la relación con los humanos

En la conferencia Los mamuts y los humanos: hipótesis y debates actuales sobre su interacción, Joaquín Arroyo-Cabrales explicó que los proboscídeos evolucionaron hace unos 50 millones de años, desde un animal pequeño, de menor talla del humano, que no tenía una trompa, hasta los enormes mamuts que comienzan a desarrollarse en África, hace unos 6.5 millones de años.

Se originan en África y los mamuts son los que migran hacia toda la parte norte de Eurasia, los elefantes se quedan en toda la zona mediterránea, que tiene un clima mucho más amable, y al movilizarse llegan hacia las glaciaciones que los conducen al nuevo mundo, América: esto se da en diferentes momentos: el mamut se considera que cruzó hace un millón de años; sin embargo, otros proboscídeos ya habían cruzado y llegaron hasta Sudamérica.

Entre las diferentes formas de convivencia que tuvieron estos enormes animales con los seres humanos se encuentra la caza; sin embargo, se han dado investigaciones en las que se habla que no hubo enfrentamientos directos, sino más bien se menciona la posibilidad de la existencia de trampas para atraparlos: se reflexiona sobre si en realidad se dio esa caza activa o se estaba aprovechando a animales que estuvieran muertos.

“Hay la propuesta que dice que se dio una actividad tipo carroñeo de los humanos, porque si uno encuentra un animal que estaba por morir, seguramente el ser humano lo aprovechaba y no lo dejaba que se echara a perder”, a decir del investigador.

Asimismo, son muy reconocidas las pinturas que hay en diferentes cuevas en Europa occidental, fundamentalmente en Francia y España; sitios que están muy protegidos en la actualidad, porque se dio mucho turismo y se dañaron las pinturas, al grado de que se empezaron a realizar réplicas, para dejar las visitas a los sitios sólo a los especialistas.

“En algunos casos son imágenes muy realistas, mostrando la cantidad de pelos y cómo había animales cazando. Hay diferentes representaciones, porque también se encuentra interacción en el arte mobiliario, ya sea a través de piezas realizadas en fragmentos de defensas. Cabe mencionar que en condiciones glaciales se preservan muy bien –no es el caso de las que tenemos en México–, pero además en rocas: son piezas pequeñas, como las ‘Venus paleolíticas’, que son representaciones de mujeres, muchas de ellas preñadas, preparadas en defensas de mamuts.”

Y dentro de los elementos más interesantes que se han localizado de estas interacciones están unas chozas, que se hallan en Europa central y oriental, construidas a partir de huesos, de los millones que se pueden hallar en toda esa región: la gente las usaba, porque estaban en buenas condiciones para formar estructuras que les permitiera armar las chozas, cubiertas con parte de las pieles de los animales o con vegetales.

Fuente: El Colegio Nacional

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