“Dejemos a los historiadores médicos discernir sobre las causas de la enfermedad de Donizetti y recordemos al genio prolífico, al hombre amable, brillante, generoso e incansable”, señaló Martínez Palomo

El padre de Gaetano Donizetti (1797-1848) no estaba de acuerdo con sus aficiones musicales, por lo que predijo que nunca sería compositor. Sin embargo, se convirtió en una “de las mentes creativas más asombrosas en la historia de la música”, aseguró Adolfo Martínez Palomo, integrante de El Colegio Nacional y coordinador del ciclo Músicos y medicina.

En la cátedra Gaetano Donizetti. Esplendor y ocaso de un genio creativo, que se impartió el día de ayer, 15 de julio, y se transmitió en vivo a través de las plataformas digitales de la institución, el colegiado reconoció que, a pesar de las condiciones familiares adversas, su buena estrella hizo que su creatividad se fuera modelando desde su infancia, en lo que contribuyó el nacer y vivir en Bérgamo, una ciudad italiana con gran tradición musical.

“Si bien a los 24 años de edad ya era famoso y a los 32 había escrito alrededor de 34 óperas, fue con la aparición de Anna Bolena que logró el éxito y se convirtió en uno de los principales compositores de ópera en activo.”

Un tiempo en el que se dedicó a escribir sin detenerse y sin usar un borrador, aunque siempre tenía uno a la mano, pero no para corregir, sino por ser un recuerdo de su padre: para caricaturizar su talento creativo se llegó a comentar que escribía tan rápidamente que creaba dos óperas al mismo tiempo, una con la mano derecha y otra con la izquierda.

En palabras del médico de profesión, aun cuando la vida pública de Donizetti era la de un hombre rico, famoso, que había logrado la fama con lo que a él le interesaba: ser compositor de ópera, su vida privada era sombría, empezó a volverse más sombría antes de los 40 años: había perdido a su mujer, cuando ella tenía 29 años, lo que provocó en él una fuerte depresión, al grado que cerró para siempre el cuarto donde murió; sin olvidar que sus tres hijos habían muerto a días de nacidos.

“Donizetti tuvo plena salud hasta los 28 años, hasta que después de un periodo de intensa actividad y de padecer una fiebre de origen desconocido, le comentó a su entonces futuro cuñado ‘creo que no llegaré a concretar ni la mitad de mi carrera, lo siento con fuerza’. Premonición o síntoma de una depresión pasajera.”

“Más tarde enfermó severamente con convulsiones y ataques biliosos, por lo que los médicos le prescriben sangría, baños y purga. A los 41 años escribe que está cansado de escribir, ‘el mundo cree que yo soy algo que, en realidad, no soy’.”

Fueron los años de mayor creatividad en Gaetano Donizetti: a los 45 años de edad, a pesar de la indiferencia de los músicos durante los ensayos, la ópera Don Pascual se estrenó con enorme éxito, el compositor italiano estaba deprimido, pero ya en la cima de la fama como creador.

“Durante una temporada en Viena se queja de dolores de cabeza, tiene explosiones de enojo injustificado, seguida de cefaleas intensas y de mareos y como tratamiento los médicos le prescriben solamente reposo absoluto: en un periodo de meses cayó de la virilidad plena a la edad avanzada: pálido, los ojos lánguidos, y hundidos, sus movimientos lentos y pesados, impaciente, irascible, rudo, el carácter tan alterado como su fisonomía.”

El elixir de amor apareció hacia 1832 y unos tres años después Lucía di Lammermoor, con la cual terminó por consolidar su fama como compositor, pero ello no impidió el deterioro de su aspecto y de sus facultades mentales: en París, ya sólo podía salir de las habitaciones ayudado por un sirviente.

Allí lo revisan los tres médicos más famosos de Francia, quienes le recomiendan que descanse, viaje y se dé baños calientes. Semanas después, estos médicos dijeron que tenía una condición nociva de los centros nerviosos a consecuencia del exceso de trabajo.

“Es increíble cómo fallaron estos médicos y los muchos otros que revisaron a Donizetti”, a decir de Adolfo Martínez Palomo.

El diagnóstico

En total fue visto en Francia por 17 médicos, muchos de ellos médicos más conocedores de enfermedades mentales y, en particular, de la enfermedad que le achacan a Donizetti “y yo creo que todos están equivocados”.

El 19 de septiembre de 1847 comienza el viaje de 10 días de París a Bérgamo, acompañado de su sobrino, de su hermano, de un médico y de su sirviente. Llegan el 6 de octubre, siendo recibido por amigos: “un examen médico no revela daños adicionales por el viaje, pero un amigo comenta al verlo, que no es sino una sombra de un hombre vivo.”

“Ocasionalmente pronuncia monosílabos y muestra cierta reacción ante la música o el canto que interpretan en su presencia; a partir de entonces, la condesa, su hija cuidan con esmero y con cariño al compositor enfermo. Poco después de cumplir 50 años, Donizetti casi ya no come y en marzo de 1848 empeora.”

Los biógrafos de Donizetti aceptan que su muerte se debió a una sífilis; sin embargo, el compositor recibió en Francia, en Austria, en Alemania y en Italia, la atención de las más importantes personalidades de la medicina, entre ellos el gran experto en enfermedades venéreas, entonces “cómo es posible que no hubiesen pensado que tenía sífilis, para lo cual había tratamiento muy agresivo, como el mercurio, pero pocos años antes habían tratado a Schubert de sífilis y él murió de tifoidea”.

“Miles de personas, cientos de antorchas y tres bandas militares despidieron a Donizetti en el entierro más solemne que ha visto la ciudad de Bérgamo. 27 años más tarde, sus restos fueron trasladados, junto con los de su maestro, para ser depositados en la Basílica de Santa María la Mayor, donde él trabajó, estudió y se inició como músico.”

Para Adolfo Martínez Palomo, después de un largo periodo de olvido, sobre todo en la primera mitad del siglo pasado, Donizetti es en la actualidad uno de los compositores de ópera más apreciados: más de 30 de sus óperas han sido representadas en los últimos años, como El elíxir de amor, Lucía di Lammermoor y La hija del regimiento.

“Dejemos a los historiadores médicos discernir sobre las causas de la enfermedad de Donizetti y recordemos al genio prolífico, al hombre amable, brillante, generoso e incansable. Al creador de algunas de las más notables obras en la historia de la ópera, que siempre disfrutamos y siempre disfrutaremos”, enfatizó el colegiado.

Tras concluir la conferencia, la soprano Bertha Granados y el tenor Edgar Villalva, acompañados al piano por Sergio Vázquez, interpretaron algunas piezas emblemáticas en la obra de Gaetano Donizetti.

Fuente: El Colegio Nacional

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