Gustavo Viniegra González

Hace 40 años, en el Museo de Antropología presencié, muy animados, a un grupo de pequeños escolares sentados frente a la reconstrucción del tempo de Quetzalcóatl. Morenitos, con ojos negros como capulines y pelo lacio, hacían un gran bullicio frente a algo sorprendente. Era sábado y el lunes volví a mis clases de la Universidad Autónoma Metropolitana en Iztapalapa, donde los jóvenes se parecían a los niños del sábado, pero su mirada estaba perdida, casi sin vida interna y con muy escasa curiosidad. Alguien les había matado su imaginación y desde entonces me preocupa cómo resucitar esa chispa mental perdida en medio de la mediocridad del sistema educativo nacional.

Destruir la imaginación de los niños es un crimen contra la humanidad. Falta el combustible interno que capture las chispas externas y reinicie el fuego de la fantasía y la creatividad. No basta lograr que los alumnos aprueben sus asignaturas, si al cabo de dos o tres semanas borran su significado y casi la totalidad de su contenido. Siguen el dicho juvenil “materia pasada, materia olvidada”.

Durante años logré que la mayor parte de mis alumnos aprobaran los exámenes, me sentí orgulloso de mi habilidad para “traducir” las matemáticas al lenguaje cotidiano y creía que los había educado en el uso de su inteligencia para plantear y resolver problemas. Pero, para la mayoría de los jóvenes resulta incomprensible y ajena la educación basada en la lectura de los libros clásicos, los que constituyen el corazón de nuestra cultura y civilización, y no aprecian por qué nos preocupamos por entender los cálculos aritméticos, si millones de jóvenes calculan los porcentajes usando calculadoras baratas, sin tener que usar su cabeza para estimar su valor.

La intuición femenina me ha mostrado un camino para la resucitación de la imaginación juvenil y del juego. Mi compañera Heloísa, mi ayudante y colega Evelyn y diversas otras colegas, me han mostrado que los jóvenes tienen el gusto por las fábulas y las representaciones divertidas. Sean vuelos espaciales, luchas contra monstruos genéticos o exploradores de continentes perdidos. Les gusta imaginar sus relatos y no les importa que sean personajes de la historia, procesos de ciencia ficción o principios de la biología molecular. Quieren desarrollar animales o plantas sintéticas, contar con robots que luchen en ejércitos del bien y del mal y se imaginan mundos donde la energía viene del espacio exterior.

La construcción de los cursos académicos puede ser vista como una aventura de la imaginación, tejida con relatos fantásticos inventados por los alumnos. La clave es crear la escalera o andamio por el cual los jóvenes puedan subir a la azotea de su propia fantasía. Así, el álgebra de conjuntos es más realista si es el camino para buscar con eficiencia un dato sobre un hotel o un espectáculo en la red electrónica. Los programas electrónicos los llaman “búsqueda avanzada” o “búsqueda booleana” sustentada en los diagramas de Venn y son enseñados sin fruto ni utilidad en la secundaria, repasados en la preparatoria y exigidos en la universidad. Pocos estudiantes ven en esos conceptos la base para el diseño de las computadoras por la síntesis de circuitos lógicos y la programación de algoritmos que todos usamos en nuestros teléfonos celulares. Lamentablemente, muy pocos profesores pueden ligar esas ideas con la estructura lógica de las redes bioquímicas y genéticas de nuestras células o las redes electrónicas sociales. Pero estos temas son el corazón de la biología y la sociología modernas, sustentadas en el análisis de las redes de comunicación celular o social. Pues no se puede entender la biología molecular sin la minería de datos de genes y proteínas, ni tampoco se puede entender la dinámica política y mercantil sin conocer la manipulación masiva de la opinión por los algoritmos de las computadoras. Así, las fantasías sobre el uso de las computadoras, debería estar ligadas al entendimiento de los programas de búsqueda inteligente.

Por lo tanto, el reto está más en la imaginación que en el perfeccionamiento de los programas y contenidos de los cursos académicos. Se trata de estimular la creatividad juvenil para que asimilen los conocimientos básicos a la experiencia y vivencias de la época moderna, apoyada por una comprensión profunda del conocimiento por parte de los profesores.

Fuente: Sin embargo se mueve ...

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