En palabras de Joanne Pillsbury, el oro, la plata, el cobre y sus aleaciones, pero también las conchas, los tejidos, el jade, la turquesa, las plumas, jugaron un papel social profundamente importante en la América antigua, que iba más allá del deseo de acumularlos como mercancías

Para dar continuidad al tercer año del ciclo La arqueología hoy, del que ya se realizaron 23 conferencias sobre la actualidad arqueológica en México y en el mundo, El Colegio Nacional transmitió en vivo el 20 de mayo la sesión El lujo en el arte de la América Precolombina, en la que participaron la especialista Joanne Pillsbury, del The Metropolitan Museum of Art, y el colegiado Leonardo López Luján, coordinador del ciclo.

Al tomar la palabra, López Luján se refirió al papel del tejo de oro en la sociedad mexica y su importancia en el contexto de la conquista española. Compartió fragmentos de un artículo que escribió con el doctor José Luis Ruvalcaba, del Instituto de Física de la UNAM, publicado en 2020 por la revista Arqueología Mexicana.

Recordó que en marzo de 1981 se localizó una pieza metálica de color amarilla al noroeste de la Alameda Central, hundida en el fondo de un antiguo canal de Tenochtitlan, a la que se consideró como un testigo material de la derrota que sufrieron Hernán Cortés, su ejército y sus aliados indígenas a mediados de 1520.

Explicó que después de que el presidente José López Portillo realizara uno de sus principales proyectos sexenales, la construcción del complejo arquitectónico Bancen, que ocupó un terreno triangular de 35 hectáreas en el Centro Histórico, el hallazgo más inesperado se registró en el tramo meridional de la calle Soto, a escasos 33 metros al norte de la Avenida Hidalgo.

“El 13 de marzo de 1981, se encontró a cinco metros de profundidad una barra metálica amarilla con forma cuadrangular y una marcada curvatura. Recuperada por el trabajador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) Félix Bautista. La pieza de un kilo 930 gramos, llamada ‘tejo de oro’, fue dada a conocer ante los medios de comunicación el 25 de marzo de ese año por el entonces presidente de México, José López Portillo, quien la consideró testimonio histórico de primera magnitud de la Noche Triste.”

En palabras del arqueólogo mexicano, la anterior atribución se debió al lugar preciso del hallazgo, situado a muy pocos metros de la antigua Calzada de Tlacopan, vía por la que Hernán Cortés y sus hombres cargados de oro intentarían huir tras el asesinato del tlatoani Xocoyotzin. “La llamada Noche Triste aconteció el 30 de junio de 1520, de acuerdo con los informantes de Sahagún. Desde la entrada a Tenochtitlan en 1519 hasta ese momento, los conquistadores se dedicaron a acumular la mayor cantidad de oro, donde hoy es la sede del Monte de Piedad.”

La pieza localizada tiene 5.4 centímetros de ancho, 26.2 de longitud, y 1.4 de espesor. El doctor José Luis Ruvalcaba y el especialista Leonardo López Luján se dieron a la tarea de analizar la colección de artefactos de oro descubiertos en las ofrendas del recinto sagrado de Tenochtitlan por el proyecto Templo Mayor del INAH.

Para analizar el tejo de oro utilizaron el análisis de fluorescencia por rayos X, técnica que arrojó dos conclusiones principales: la primera es que existe una gran variabilidad en la composición ternaria, oro, plata, cobre, de los artefactos de Tenochtitlan que depende de su temporalidad; la segunda es que, no obstante, dicha variabilidad, el oro de Tenochtitlan se distingue de las demás zonas mesoamericanas por tener los menores porcentajes de cobre.

“Se descubrió que la pieza era homogénea en su composición, tenía en promedio 76.22% de oro, 20.75% de plata, y 3.03% de cobre. Estos porcentajes indicaron que la pieza tuvo que ser fundida a 950°C, lo que las aproxima a los valores ternarios de otros artefactos mexicas, como el penacho de Moctezuma. Los datos históricos indican que el tejo de oro habría sido fundido entre los años de 1519 y 1520.”

De acuerdo con el experto en sociedades prehispánicas del Centro de México, si se combina la información arqueológica, histórica y química, es posible formular una reconstrucción histórica de los hechos que resulta verosímil: el tejo de oro fue elaborado en algún momento entre el 8 de noviembre de 1519 y el 30 de julio de 1520 por los plateros de Moctezuma que fueron traídos de Azcapotzalco bajo los designios y la supervisión de los conquistadores de españoles; se confeccionó en las Casas Viejas de Axayácatl; las piezas mexicas fundidas procederían del tesoro de Moctezuma; el tejo de oro quedó sepultado en la noche del 30 de junio de 1520 y fue recuperado 460 años más tarde.

Reinos dorados, lujo y legado en las Américas antiguas

Por su parte, la maestra y doctora en historia del arte, Joanne Pillsbury, dictó la ponencia Reinos dorados, lujo y legado en las Américas antiguas, en la que celebró los descubrimientos arqueológicos recientes para iluminar las artes suntuarias del territorio comprendido entre las dos grandes capitales imperiales de la antigua América.

Explicó que la categoría objeto de lujo es usada con frecuencia en la arqueología, pero es un tema poco examinado con crítica. Para reflexionar sobre cómo se entiende el lujo a un nivel teórico, la especialista utilizó un material universalmente preciado, el oro. “Los primeros trabajos en oro, en las antiguas Américas, empezaron en Los Andes. Se hallaron en Perú. Establecidos en el año 1000 antes de nuestra era, se trató de ornamentos hallados en los entierros o en las estructuras de los templos. Esta asociación temprana con los dioses y los hombres de poder han de haber preparado el camino para la comprensión más amplia de los metales en el mundo prehispánico.”

De acuerdo con la curadora del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, el término lujo en arqueología se utiliza para referirse a objetos de secularización limitada. Estos son generalmente trabajos altamente valorados, es decir especialmente raros o importados. “En la historia del arte el término se utiliza a veces como clave para obras de pequeña dimensión, pero de alto valor, en contraste con las pinturas o las esculturas monumentales. El concepto de lujo varía, a través del tiempo y el espacio.”

La especialista principal de arte, arqueología y arquitectura de la América antigua, afirmó que en los siglos XVII y XVIII el lujo era un asunto de derecho y título, se trataba de lo que era apropiado para cada individuo. “En la América antigua, los materiales escogidos para los ornamentos más preciados tenían un gran potencial simbólico. Las cosas más valoradas son generalmente aquellas que están hechas de materiales raros y preciosos, de difícil acceso. La durabilidad también fue apreciada ya que la capacidad de un material para soportar los estragos del tiempo sería considerarlo como símbolo conveniente de vida eterna.”

Agregó que para los antiguos americanos el valor de esos materiales no era monetario, sino derivaban de la asociación de conceptos sagrados. “El oro, la plata, el cobre y sus aleaciones, pero también las conchas, los tejidos, el jade, la turquesa, las plumas, jugaron un papel social profundamente importante en la América antigua que iba más allá del deseo de acumularlos como mercancías. La importancia de los materiales radicaba en su capacidad para transmitir ideas específicas, y expresar relaciones entre dioses e individuos y entre los miembros de una comunidad.”

Puntualizó que la sed por los metales preciosos fue, en última instancia, el acelerador de la destrucción masiva de comunidades indígenas en el siglo XVI y posteriormente la búsqueda de oro por parte de los españoles llevó a una pérdida masiva de habitantes nativos.

Describió que en el siglo XVI los europeos no tenían base para entender estas complejas civilizaciones de las Américas, en ese momento la educación europea se basaba en La Biblia y los autores clásicos. Pero los mexicas no aparecían en La biblia, entonces ¿cómo llegar a un acuerdo de la comprensión de estos seres y su lugar en el mundo?

“En sus celebraciones, el Papa tomó en consideración las delicadas obras de plumas que le habían sido enviadas como regalos, basándose en el arte y la sofisticación de estas obras, el Papa decidió que los indígenas de las Américas eran en verdad seres humanos racionales, lo que significó que la población indígena podía poseer tierras, podía recibir los sacramentos y no podían ser esclavizados. Es un trabajo conmovedor.”

Enfatizó que las obras conmovedoras de la América antigua brindan conexiones tangibles con las grandes tradiciones de la antigua Latinoamérica. “Nos dan la prioridad de reflexionar sobre nuestras vidas, sobre la manera en que le concedemos valor a ciertos materiales y sobre la manera en que estos expresan ideas. Estos objetos nos recuerdan el deseo humano de fijar creencias, valor y permanencia en una existencia fugaz.”

Fuente: El Colegio Nacional

Pin It

Comentarios potenciados por CComment