En palabras de Enrique Krauze, José Vasconcelos creía que la biblioteca complementaba la escuela, en muchos casos la sustituía y en todos los casos la superaba. Pensaba que la idea nacía en la soledad o en la lucha, en la congoja o en la dicha, pero nunca o casi nunca en la quietud de las aulas

“José Vasconcelos, el rector que diseñó el emblema y el lema de la Universidad, creía que las escuelas no eran instituciones creadoras. La labor del maestro tenía, a su juicio, una importancia menor. Decía que sólo en el vehículo generoso de los libros se encontraba el tesoro de la cultura humana”, afirmó Enrique Krauze al impartir la conferencia “El concepto de educación de José Vasconcelos.”

La sesión formó parte del ciclo Cultura y Revolución, coordinado por los colegiados Javier Garciadiego y Juan Villoro, y se transmitió en vivo el 10 de mayo a través de las plataformas digitales de El Colegio Nacional. El historiador mexicano centró su ponencia en tres ejes temáticos: la visión de Vasconcelos en torno a los libros y las bibliotecas, su postura por las escuelas técnicas y su mirada estética y artística.

En palabras de Krauze, el llamado “Maestro de la juventud de América” nunca dio clases. Consideraba que para que la Universidad derramara sus tesoros y trabajara para el pueblo, era fundamental traducir libros clásicos o distribuirlos gratuitamente. “Pensaba que una obra de verdadera cultura iniciaba con libros, escribiéndolos, editándolos o traduciéndolos. Por primera vez, México se sintió responsable de la producción masiva de libros y se planteó la idea de crear una industria editorial. Aunque fue significativo que Vasconcelos editara ejemplares en su mayoría de revelación y enunciación profética.”

Agregó que de las 70 bibliotecas que tenía México en 1920, 39 de ellas públicas, Vasconcelos aumentó esa cifra a 1916 bibliotecas divididas en cinco tipos: públicas, obreras, escolares, diversas y circulantes. Además, repartió por todo el país 297 mil 103 libros.

“Vasconcelos creía que la biblioteca complementaba la escuela, en muchos casos la sustituía y en todos los casos la superaba. Esto es importante, la idea, pensaba, nace en la soledad o en la lucha, en la congoja o en la dicha, pero nunca o casi nunca en la quietud de las aulas. De ahí que la labor del maestro tenía a su juicio una importancia menor.”

De acuerdo con el autor del libro Siglo de Caudillos: Biografía política de México, Vasconcelos quiso que la educación elemental fuese más práctica. El doble principio que debía regir el sistema educativo era enseñanza elemental y educación técnica. “Hay que leer a Vasconcelos no en aquello que creemos que pensaba, sino en lo que verdaderamente pensaba. Tenía un inmenso sentido práctico, en vez de hacer fábricas de abogados, compró maquinaria y estableció escuelas de mecánicas y de industrias químicas. Creía que el mejor modo de que la Universidad sirviera al pueblo era hacer de México un país de lectores. Y quiso que las aulas fueran laboratorios para la vida práctica que convivieran creativamente con su entorno.”

Krauze definió a los exilios del fundador de la Secretaria de Educación Pública como intelectuales y sobre todo estéticos. “Amaba la escultura y tenía la mirada de un constructor renacentista, se veía a sí mismo como un restaurador estético. Hagamos que la educación nacional entre en el periodo de la arquitectura, decía. La estética dominaba su proyecto. El arte que reflejó más fue la cultura mural, los pintores tuvieron su época de oro.”

El ensayista hizo hincapié en el modo en que México reaccionó, en 1920-1921, a la Revolución. “Uno piensa que el país estaba cansado de matar y morir, que el país necesitaba crear y construir en paz, esto es lo que entristece al comparar nuestro momento actual con aquella época de alegría creativa. Pero quiero terminar con una nota de esperanza, por más oscuros que hayan sido los días revolucionarios, se vio la luz en 1921 con Vasconcelos, por más difíciles que sean, más allá de los motivos, los tiempos que estamos viviendo, espero que lleguen tiempos a México de reconstrucción, de creación, de fundación.”

José Vasconcelos y Ramón López Velarde

Al tomar la palabra el crítico literario mexicano Christopher Domínguez Michael, quien dictó la ponencia “José Vasconcelos y Ramón López Velarde”, se refirió a que el contacto entre ambos pensadores fue definitivo para la cultura mexicana del siglo XX. “Por su origen, Vasconcelos era mayor por seis años que López Velarde, ambos venían del México profundo, del México católico, aunque en 1921 estaban en puntos muy distintos del panorama, esta afiliación común los habría hecho simpatizar. Ambos fueron fervientes maderistas.”

Recordó que Vasconcelos, que en 1921 se definía como un cristiano ecuménico, era todo lo contrario a López Velarde, era un hombre de mundo. “Mientras que López Velarde viajó por el centro del país, lo que hacía de él un hombre al interior, en apariencia no tenían nada que competir con el ecuménico y cosmopolita Vasconcelos.”

“López Velarde era un modernista católico. Él, como lo explica muy bien Sheridan, había optado por la literatura mexicana que era de los católicos de provincia, católicos cultos, letrados, modernistas. López Velarde intentaban lograr el entendimiento entre la modernidad y el catolicismo.”

En palabras del especialista, López Velarde intentó influir en la política de Madero, trató de reconciliar la Revolución, al menos, la de Madero con el catolicismo y fue un enemigo de la herencia jacobina. “Fue con todo derecho un liberal católico, que hoy llamaríamos un demócrata cristiano, de reaccionario no tenía nada. Aún en la depresión, en la tristeza, en la insolvencia económica, el infortunio amoroso que lo persiguió siempre, estuvo dispuesto a participar en la revista El maestro, de ahí aparece ‘La Suave Patria’.”

Agregó que se trata de un poema nostálgico, irónico y de un derrotado, porque se refiere al México que perdió en la Revolución Mexicana, incluso la única figura histórica que aparece es Cuauhtémoc, un personaje ajeno al universo existencial de López Velarde y una figura de una mexicanidad atrozmente derrotada. “López Velarde es en mi opinión un falso poeta nacional o un poeta nacional que fue irresponsablemente investido como tal, precisamente porque no causaba mayor daño. Yo creo que ese título le venía mejor a Carlos Pellicer.”

“El maestro, gracias a José Vasconcelos, permitió que López Velarde, ya muerto, se leyera en toda América Latina, y es por eso que Borges se sabía de memoria ‘La Suave Patria’, y es quizá el primer poema mexicano que tiene una audiencia internacional en el dominio de la lengua.”

De acuerdo con Christopher Domínguez Michael, estos dos personajes coinciden en algo que conmueve, ambos trataron de lavar la Revolución Mexicana de ese inmenso pecado de sangre que fue. “Vasconcelos con su obra educativa y López Velarde con un poema dramático, que más allá de toda esta historia política y cultural, sigue siendo uno de los más bellos poemas que se ha escrito en el país.”

Fuente: El Colegio Nacional

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