El lingüista planteó la conveniencia de “ir creando un marco de referencia general para la gran historia del español en el continente americano”

“La prehistoria y la historia precolombina sirve tanto para hacer comparaciones con la evolución de los pueblos europeos, en particular los de la península ibérica, como para situar las condiciones en que se produjo la expansión del español por el continente americano”, afirmó Luis Fernando Lara, miembro de El Colegio Nacional, en la apertura de la conferencia Mesoamérica, que forma parte del ciclo Historia del español en América. Imposición y apropiación.

En esta sesión, transmitida en vivo el 4 de mayo a través de las plataformas digitales de la institución, el colegiado abordó el origen poblacional en América. Recalcó que el continente comenzó a poblarse con grupos procedentes de Asia gracias a la glaciación del estrecho de Bering. La primera migración ocurrió hace 40 o 30 mil años a. C.; la segunda se dio alrededor de 14 y 10 mil años a. C. “Sorprende que no haya pruebas de que las lenguas americanas tengan parentesco con lenguas asiáticas.”

Aseguró también que “las deducciones que llevan al establecimiento de familias de lenguas, es decir, de grupos de lenguas emparentadas, son todavía muy debatidas debido a la falta de datos antiguos y a los métodos utilizados. Por esa razón, hay diferentes clasificaciones de lenguas que llegan a desorientar”.

Para hablar sobre la región cultural a la que dedicó la sesión, Luis Fernando Lara compartió algunas de sus características, tomando como base los estudios del arqueólogo Paul Kirckhoff. El especialista “llamó Mesoamérica al territorio que comprende, aproximadamente, desde el Trópico de Cáncer, a la altura sobre el Pacífico de Sinaloa y sobre el Atlántico del río Pánuco en el actual México, hasta la región montañosa de Centroamérica, desde Cabo Gracias a Dios en Honduras, al golfo de Nicoya y el Guanacaste, entre Nicaragua y Costa Rica; basándose en la gran unidad cultural de los pueblos que lo habitaban y siguen habitando, en buena medida. A la unidad cultural mesoamericana; sin embargo, no corresponde a una unidad lingüística.”

Por su parte, el lingüista mencionó que durante las cuatro denominaciones para la línea temporal en Mesoamérica: −prehistoria, preclásico, clásico y post clásico− se desarrollaron culturas y grupos poblacionales determinados. Además, estableció una línea del tiempo comparativa con otras regiones del mundo durante los mismos periodos. Así se puede observar que mientras prosperaba la cultura olmeca, se gestaba la fundación de Roma y se daba el esplendor de la cultura griega. Asimismo, cuando los pueblos huastecos, toltecas y mixtecos se desarrollaban en América, en ese mismo periodo los musulmanes invadían España, dio comienzo el feudalismo en Europa, iniciaron las cruzadas y sucedió la invención de la pólvora en China.

“Hay suficiente investigación de la población indígena en los diferentes momentos de la Conquista, pero a la vez mucho debate debido a las diferentes interpretaciones que les dan a las fuentes escritas a partir del siglo XVI. También influye la posición ideológica y científica del investigador”. Esto hace que varios estudiosos den datos distintos a los mismos hechos. Como ejemplo encontramos las diferentes cifras consignadas para reflejar el número de indígenas que habitaban la región durante el periodo de la Conquista. A veces este dato sufre cambios que dependen del matiz que se le da al suceso histórico, pues una cifra menor significaría reducir el tamaño de la tragedia demográfica que significó la colonización española.

Los intérpretes de Hernán Cortés fueron fundamentales para la comunicación de los españoles con los nativos americanos. Por un lado estaba Gerónimo de Aguilar, que hablaba español y maya; por otro lado se encontraba Malinalli (doña Marina para los españoles, Malintzin para los mexicas y Malinche para los mexicanos), que hablaba náhuatl y maya, quien había sido dada como regalo a Cortés en Tabasco. “En abril de 1519, Cortés fundó la Villa Rica de la Vera Cruz y desde allí, mediante alianzas, primero con el Cacique Gordo de Cempoala, de lengua totonaca, y luego con los tlaxcaltecas, de lengua náhuatl, emprendió el difícil viaje hacia México-Tenochtitlan, que terminó por conquistar en agosto 1521.”

“Como vimos en los casos de las Antillas y el Caribe, el descenso poblacional aborigen y el ansia por explotar la riqueza del continente llevó a los colonizadores a importar esclavos de África. Los primeros vinieron como sirvientes de los españoles, los que venían con sus amos desde España ya hablaban español, mientras que los que llegaban directamente, primero a las Antillas y luego a la Nueva España, procedentes de las islas de Cabo Verde y de las costas occidentales de África, tendrían que aprenderlo en América.”

“Es necesario preguntarse cómo fueron las relaciones de los pobladores aborígenes, los españoles, los mestizos y los africanos, y en qué medida la expansión del español y las características dialectales, que fue tomando en diferentes zonas de México, dependió de la proporción entre población india, mestiza y negra respecto de la española y del largo proceso de mestizaje y mulataje que tuvo lugar desde el siglo XVI hasta comienzos del XX.”

Las uniones entre conquistadores e indias fueron inmediatas a partir de la conquista. El apetito sexual de los soldados, la antiquísima costumbre de apoderarse y violar a mujeres de los pueblos conquistados, y la sumisión de las indias a las órdenes de sus señores, dieron lugar a un mestizaje que creció y se integró con facilidad a la población española. Sin embargo, la Iglesia y la Corona española buscaron reducir el amancebamiento de españoles e indígenas, por lo que enviaron a más mujeres españolas a América. Esto hizo que el número de los niños nacidos de españoles aumentara y causó que los hijos de españoles e indias se vieran afectados: “Los padres españoles dejaron de incorporar a su familia a sus hijos mestizos, considerados bastardos, lo cual dio lugar a una creciente población mestiza sin reconocimiento social ni legal.”

“Desde los comienzos de la colonia, las autoridades y la Iglesia se preocuparon por establecer una clara distinción y separación entre los colonizadores españoles y los indios, tanto para preservar las estructuras de dominio y tributación precolombinas, que garantizaban el control de los pueblos conquistados y su usufructo, como para facilitar la evangelización de los indios sustraídos a los malos ejemplos morales que les podían dar los españoles.”

Aunque los grupos marginados estaban totalmente dominados y sin reconocimiento legal, se les adoctrinaba bajo el pensamiento judeocristiano para integrarlos a la religión de los conquistadores. “Lo que se puede concluir sobre la situación social novohispana durante los siglos coloniales es que el tratamiento a los esclavos no favorecía un aislamiento total que fomentara la conservación de sus lenguas o la consolidación final de una lengua criolla, más bien lo que producía era un esfuerzo de integración a la sociedad colonial por parte de la Corona, la Iglesia y los mismo esclavos.”

Aunque no hubo lenguas africanas que se conservaran, sí se dio una influencia léxica de topónimos de los esclavos negros en América; algunos son: Angola, Cabo Verde, la Conga, cerro del Congo, Macondo, entre otros. Además, hay una serie de africanismos que es posible que se difundieran en la Nueva España entre los siglos XVI y finales del XVIII. Algunos ejemplos son: bongo, congo, cuscús, guarapo, chamba, chingar, marimba, quilombo, mochila, mondongo; más tarde se sumaron palabras como cumbia, lambada, samba y tanga. Asimismo, podrían ser africanismos: batán, bochinche, cucaracha, chachachá, macuche y tiritar.

“Hay que decir de antemano que falta todavía mucha investigación acerca de la influencia de todas las lenguas aborígenes mesoamericanas en el español”, apunta Luis Fernando Lara, quien, para finalizar planteó la conveniencia de “ir creando un marco de referencia general para la gran historia del español en el continente americano”, a partir de la información expuesta en el transcurso del ciclo.

Fuente: El Colegio Nacional

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