Julia Carabias aseguró que es pertinente la reflexión a la escala de la biósfera desde la relectura del texto El azar y la necesidad, y para abordar el tema es necesario partir del concepto homeostasis, que se refiere a la capacidad de los seres vivos para mantener un medio interno estable

El azar y la necesidad: ensayo sobre la filosofía natural de la biología moderna, de Jacques L. Monod, se publicó por primera vez en Francia en 1970. “El autor explica en este libro lo que la microbiología y la evolución nos dicen sobre nuestro origen y nuestra relación con el resto de la biósfera y el universo inanimado. A pesar del tiempo transcurrido, mantiene un valor excepcional y resume magistralmente la visión científica sobre nuestra presencia en el mundo”, aseguró el colegiado Alejandro Frank al iniciar una nueva sesión del ciclo El azar y la necesidad: 50 años después, transmitida en vivo a través de las plataformas digitales de El Colegio Nacional este 12 de abril.

El científico agregó que, de acuerdo con Monod, los antepasados vieron en animales y plantas, seres como ellos mismos, cuyo propósito era sobrevivir y producir descendencias; es decir, la naturaleza y los humanos estaban conectados en un propósito. Sin embargo, la ciencia moderna cortó en gran medida esta conexión. “La ética del conocimiento creó el mundo moderno, a través de sus aplicaciones tecnológicas, y es lo único que puede salvar al mundo; nuestro conocimiento ha desterrado el significado cósmico, pero también podría ser nuestra redención”.

En palabras de Monod “el pacto antiguo está hecho pedazos, el hombre sabe que está solo en la insensible inmensidad del Universo, de la que sólo surgió por causalidad, ni su destino, ni sus obligaciones están escritos en alguna parte”. Lo que me parece llamativo es que este mensaje no ha sido desmentido por la investigación de las últimas décadas, puntualizó Frank.

¿Homeostasis en la biósfera?

Al tomar la palabra, la colegiada Julia Carabias comentó que en los últimos 70 años el Homo Sapiens ̶ que ha surgido de las mismas leyes físicas, químicas y biológicas y se ha sometido a los mismos procesos de selección natural que el resto de las especies ̶, ha transgredido los límites de funcionamiento de sistemas físicos y químicos del planeta y ha provocado cambios que afectan a la vida, sobre todo, de los seres humanos.

Agregó que es pertinente la reflexión a la escala de la biósfera desde la relectura del texto El azar y la necesidad, y para abordar el tema es necesario partir del concepto homeostasis, que se refiere a la capacidad de los seres vivos para mantener un medio interno estable, en su estructura y funcionamiento, mediante mecanismos autorreguladores que compensan los cambios de su entorno basados en el intercambio de materia y energía.

La bióloga mexicana explicó que biósfera es la capa del planeta Tierra donde se ubican todos los seres vivos: abarca desde las profundidades del nivel del mar hasta 10 kilómetros sobre el nivel del mar, donde se ubica la vida. “Los seres vivos forman ensamblajes, que se conocen en el espacio como ecosistemas o biomas, y los ecosistemas a su vez son las unidades básicas de la biósfera.”

En palabras de la colegiada, cuando las especies de estos ecosistemas responden a condiciones cambiantes se van adaptando a su entorno gracias a su variabilidad y los procesos de selección genética, “los procesos con los que se autorregulan incluyen la resistencia a presiones de selección externa y tienen la capacidad de regresar a los estados iniciales, lo que se conoce como resiliencia. Debido a la extrema y reciente interferencia humana, sin precedentes, hemos modificado los mecanismos de autorregulación de los ecosistemas y los estamos convirtiendo en no resilientes”.

A diferencia de los ecosistemas y de los seres vivos que intercambian la materia y la energía, la biosfera es un sistema termodinámico cerrado que recibe energía, pero no tiene intercambio con el exterior de la materia. “Como nunca antes los humanos estamos transformando la naturaleza; lo que ocurre desde hace cinco décadas es que extraemos de la naturaleza mucho más de su capacidad de renovación, y desechamos más de lo que los procesos naturales pueden absorber.”

El Centro de Resiliencia de Estocolmo plantea que se están sobrepasando los umbrales planetarios, que se clasifican en nueve: la integridad de la biósfera, el cambio del uso de suelo, los temas de agua dulce, los ciclos biogeoquímicos, la acidificación de los océanos, los aerosoles, la capa estratosférica de ozono, las nuevas entidades y el cambio climático. En alto riesgo está la pérdida de biodiversidad y flujos de nutrientes como nitrógeno y fósforo.

De acuerdo con la científica mexicana, los indicadores que se plantean para la pérdida de biodiversidad arrojan que las tasas de extinción se incrementaron alrededor de cien veces; existen entre 5 y 9 millones de especies de animales en el planeta; de ellas se extinguen entre 11 mil y 58 mil. Se estima que anualmente podrían perderse 16 millones de poblaciones, es decir 1800 poblaciones por hora.

En los últimos 50 años la población se duplicó, pero la extracción de recursos y energía se triplicó; el comercio se incrementó por 10. “Se estima que la población aumentará hacia 9 mil millones en 2050, y será más rica y urbana. Se prevé que la producción de energía aumente en 50% y la de alimentos 70%. Con la trayectoria actual, el calentamiento alcanzará 1.5°C en 2040 y al menos 3°C en 2100, para el 2100 estarán extintas un millón de especies.”

Sobre las posibilidades de la biósfera para regresar a condiciones estables, la colegiada respondió: “la pérdida de biodiversidad, la extinción de especies es irreversible, lo que se puede es frenar las tendencias de extinción. La capa de ozono sí se recupera, el cambio climático se podría mitigar, pero si se siguen las tendencias como van lo anterior es imposible. Se necesitan nuevos equilibrios revirtiendo tendencias antes de diez años. Debemos actuar en los sistemas socioambientales”.

La publicación Hacer las paces con la naturaleza, es un plan científico para hacer frente a las emergencias del clima, la biodiversidad y la contaminación que lanzó el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente; plantea una alternativa, una transformación de la relación de la sociedad con la naturaleza, a lo que se refiere Monod en su libro.

Carabias aseguró que urgen cambios para la resiliencia de los sistemas socioambientales, así como la necesidad de que los hallazgos científicos sean escuchados en la toma de decisiones: “cada vez más vemos en el país un distanciamiento entre la toma de decisión y la generación de la ciencia; necesitamos reconocer que los Homo Sapiens son parte de la naturaleza y que han roto con el equilibrio de la biósfera; necesitamos un cambio de conducta, de actitud de cultura y un código de ética para la sustentabilidad”.

La biósfera interior: azar o necesidad

Por su parte, el colegiado Alejandro Frank se refirió a los seres humanos como sistemas complejos. “La visión de la humanidad tiene que ver con la explicación de Monod, pasa, a partir de la ciencia y de nuestro lugar en el Universo, de esta posición de ego, donde el hombre ocupa una parte fundamental, a la ecológica, en la que el hombre sólo es parte de este biosistema y está integrado a él.”

El físico mexicano explicó que el ecosistema interior de los seres humanos consiste en bacterias, virus y parásitos, “nos acompañan aproximadamente un kilo y medio de diferentes microorganismos en el cuerpo, que son parte de nuestro ser y de las funciones primordiales y son imprescindibles para la salud. El microbioma se refiere a la comunidad de microorganismos y sus genes, así como la interacciones entre ellos y nosotros”.

Explicó que el cuerpo humano está constituido por una cantidad similar de células humanas y de células de microorganismos. “Pero si pensamos en los genes bacterianos puede ser que haya más de 100 veces más genes microbianos que están actuando sobre nuestro cuerpo. Las redes bacterianas participan en la regulación de densidad ósea, en la resistencia a patógenos, incluso creemos que el microbioma gástrico es importante para la resistencia contra COVID-19.”

De acuerdo con el científico, esta gran biósfera interior ha evolucionado junto con los seres humanos y es parte del sistema inmune. Las personas emiten aproximadamente un millón de partículas biológicas por hora, lo que significa que la sana distancia ayuda o inhibe este compartir de microbios.

“La homeostasis tiene que ver mucho con la diversidad. La interacción, variabilidad, diversidad en los sistemas ecológicos tiene una gran importancia, hemos descubierto que el uso de antibióticos puede provocar extinciones duraderas de microbiota, lo que puede ser una fuente importante de la epidemia de obesidad que sufrimos en el mundo.”

El también catedrático y académico hizo énfasis en que es necesario mantener un equilibrio entre los microbios y los seres humanos. “Se ha descubierto que la influencia del sistema nervioso, las defensas a enfermedades virales de estas bacterias son enormes. También se está investigando el papel del microbioma intestinal en el caso de adquirir una enfermedad grave de COVID.”

“Hay un nuevo paradigma: la Tierra y sus organismos son comunidades simbióticas y complejas que albergan a múltiples elementos, esto cambia nuestra concepción de lo que constituye un organismo individual y un sistema vivo, que se acerca más a un sistema complejo”.

Fuente: El Colegio Nacional

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