El campo magnético terrestre se produce en mayor medida en el interior de la Tierra, en los movimientos de fluido compuestos básicamente de hierro, que representan el 95%”: Manuel Calvo

“El campo magnético terrestre nos rodea y nos impregna, no se puede ver, pero sí visualizar. Un ejemplo de su efecto visible es la aurora boreal, que se forma por la interacción de la radiación cósmica con las moléculas o átomos de la atmósfera terrestre; éstas colisionan y se produce una radiación de longitud de onda”, aseguró el geólogo Manuel Calvo Rathert al impartir la conferencia Variaciones de la intensidad del campo magnético terrestre, como parte del ciclo Universidades por la ciencia, coordinado por Jaime Urrutia Fucugauchi, integrante de El Colegio Nacional.

El investigador de la Universidad de Burgos, en España, agregó que las brújulas son una forma antigua y directa de experimentar el campo magnético terrestre. En países como China se usaban para fines de orientación y después como instrumento de navegación. “El campo magnético actúa como un escudo protector de la Tierra. La protege de la radiación cósmica y de las partículas cargadas de energía procedentes del Sol. Las partículas que consiguen penetrar, a través de la magnetopausa quedan en los llamados cinturones de Van Allen y algunas partículas que llegan a la Tierra se desvían hacia las zonas de latitudes más altas y se manifiestan mediante las auroras boreales australes”.

De acuerdo con el experto en evolución paleoambiental, las líneas que posee el campo magnético terrestre indican su dirección e intensidad. “Este campo se produce en mayor medida en el interior de la Tierra, en la parte externa del núcleo que es fluida; los movimientos de fluido compuestos básicamente de hierro son los que conforman el 95% del campo magnético, el 5% restante se produce en el exterior, en la ionosfera, donde hay partículas ionizadas y electrones libres”.

El campo magnético terrestre genera lo que se conoce como un dipolo magnético, una especie de barra de imán que atraviesa al planeta y posee su polo norte y su polo sur, además, contiene líneas de campo horizontales nivel del Ecuador y verticales en los polos; sin embargo, “el polo magnético sur se encuentra al norte y el norte al sur, esa es la configuración real, aunque tendamos a llamar polo norte magnético al que está al norte, las líneas de campo penetran el polo sur y el polo norte de la brújula señala realmente el polo sur del campo”.

En palabras del científico, las brújulas indican el norte geográfico, pero no del todo, hay una pequeña desviación y a esa desviación con respecto del campo magnético se llama declinación. Y a la desviación con respecto a la horizontal, se llama inclinación.

Para comprender el campo magnético es necesario conocer los elementos que lo componen: dirección, magnitud, un componente horizontal y un componente vertical, que refleja la declinación y la inclinación. “Para generar modelos que describan el campo magnético en toda la Tierra se tienen dos medios, por una parte, están los observatorios magnéticos, que se encuentran en muchos países del mundo, permiten un registro continúo y registran el valor absoluto del campo, es decir su variación”.

El segundo medio corresponde a los satélites, por ejemplo, la Agencia Espacial Europea tiene tres satélites idénticos para medir el campo terrestre. Más que la continuidad, lo que ofrecen estos instrumentos es el registro completo, global, de este campo.

Calvo Rathert explicó que para retroceder en el tiempo del campo magnético terrestre es necesario recurrir a un registro natural, la magnetización remanente dentro de rocas. En otras palabras, existen rocas que pueden tener un mineral que se conserva con el tiempo, conocido como mineral ferromagnético, y que permiten estudiar el pasado del escudo protector de la Tierra, porque registran una señal magnética.

El basalto, por ejemplo, es una roca natural que está compuesta por este tipo de minerales, guarda hierro o magnetita. Esa capacidad de registrar una magnetización que se conserva con el tiempo se pierde si se calientan los minerales a una temperatura llamada de Curie, es decir a 580 grados.

De acuerdo con el investigador, existen mecanismos que permiten registrar en las rocas una magnetización remanente. El primero de ellos es un flujo volcánico que se enfría, por ejemplo, la lava contiene los minerales mencionados y cada uno de ellos funciona como imán, esta magnetización se conoce como termorremanente (MTR). Este tipo de mecanismos aparecen en materiales arqueológicos como cerámicas o en rocas magmáticas como granitos o basaltos.

El segundo es el de las rocas sedimentarias que se forman de material de sedimentos de las rocas que se han erosionado previamente. Estos materiales se depositan en un medio acuoso y el campo magnético las va orientando. Una vez que se depositan quedan en esa orientación y poco a poco esa columna de material sedimentario se va deshidratando y compactando hasta que el campo magnético queda registrado en forma de magnetización. Lo anterior es una fuente de información de la dirección e intensidad del campo.

“La intensidad del campo magnético varía con el tiempo, y dependerá del campo que la generó y la concentración de minerales. Para unificar las medidas del campo magnético, en lugar de fijarnos en las medidas del campo en cada lugar, cada país o sitio específico, nos fijamos en la potencia y la fuerza que tiene el imán que lo produjo, la tierra en completo”.

En palabras de Calvo Rathert, científicos han estudiado rocas australianas como circones y silicatos que tienen magnetitas, que no han sido afectadas por alteraciones. “El resultado que obtuvieron fue un dato de hace 4 mil 400 millones de años, es decir de los inicios de la Tierra, y en esa época registraron un campo magnético terrestre comparable al campo actual”.

La conferencia Variaciones de la intensidad del campo magnético terrestre se encuentra disponible en el canal de YouTube de la institución: elcolegionacionalmx

Fuente: El Colegio Nacional

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