“La reacción de los escritores franceses ante la Comuna de París fue la primera muestra de la estetización de la violencia”, señaló el colegiado

Entre el 18 de marzo y el 28 de mayo de 1871, Francia, en particular su capital, fue el escenario de una revuelta que habría de ser considerado el primer gobierno de la clase obrera del mundo, el primer gobierno comunista de la historia o uno de los principales acontecimientos revolucionarios de la historia.

Sus ecos llegan hasta nuestros días, de ahí el interés de Christopher Domínguez Michael, miembro de El Colegio Nacional, por dedicarle el ciclo 150 años de la Comuna de París, siendo el primer capítulo de su revisión la manera en que reaccionó la intelectualidad francesa, incluyendo a la izquierda o progresistas frente a ese movimiento.

“La rebelión de la ciudad de París en contra de la república, que se estableció primero en Burdeos y luego en Versalles, empezó por ser un problema de reivindicaciones elementales de los soldados derrotados por los prusianos y el gobierno republicano tomó medidas impopulares para una población que se había visto asediada y se estableció un proceso en el que los parisinos decidieron establecer una Comuna en contra de la autoridad de la república.”

A partir de ello, contó el crítico, se vivió una guerra civil, que duró tres meses, entre dos formas republicanas, pero que tenían puntos de vista ideológicamente encontrados y los comuneros fueron acusados de estar al servicio de los prusianos, mientras los prusianos ayudaban al gobierno de Versalles para reprimir a la Comuna.

En ese proceso, la intelectualidad francesa entera tuvo que cargar con la represión de la comuna de París: que escritores como Gustave Flaubert estuvieran en contra era lógico, porque eran conservadores, algunos eran bonapartistas, “no el caso de Flaubert, pero los escritores afines o no al imperio se acomodaban a la situación”.

“Quizá el aspecto más chocante de la Comuna y lo que más indignó a los escritores fue el feroz anticlericalismo de la Comuna. Estaban convencidos de que la raíz del mal estaba en la iglesia y procedieron con una inusitada violencia”.

Otra de las cosas que más se le ha criticado a la Comuna es que respetó por completo al Banco de Francia, se dedicó a custodiarlo y no sólo por buena fe, sino porque el bando siguió prestando dinero a tirios y troyanos.

Para el colegiado, había en aquel momento un ánimo social de que estaban haciendo algo nuevo: la Comuna es más un antecedente de la política de la socialdemocracia, que de la política que soñaban los anarquistas o los bolcheviques.

“Las medidas radicales, expropiatorias de la Comuna no fueron tales, porque no tuvieron tiempo de implementarlas o porque más bien estaban obsesionados con la destrucción del poder de la Iglesia.”

Sin embargo, los testimonios de los escritores de la derecha son estremecedores y “han creado una buena prensa para la Comuna en la historia, no sólo porque una vez que se rompe la cápsula que había logrado mantener la Comuna en torno suyo y entre el Ejército de Versalles, hubo una cantidad de fusilados cuyo número se desconoce, pero está entre 25 y 40 mil fusilados, entre mujeres y niños”.

La Comuna y el siglo XX

Cuando se cumplieron 100 años de la Comuna de París, los escritores franceses conmemoraron la rebelión y se coincidió en un aspecto un tanto limitado, aunque con una parte de verdad, a decir de Christopher Domínguez Michael: el horror de clase frente a la amenaza del proletariado triunfante hizo que los escritores franceses se quitaran la máscara humanitaria y se dedicaran a aplaudir la represión.

“Los testimonios de horror de la Comuna siguen estremeciendo a cualquiera que los lea, tanto gráficamente como en las memorias, hay escenas de las señoras burguesas de París saliendo de sus casas picoteando los ojos de los cadáveres con las puntas de sus sombrillas; fue una expresión de salvajismo inaudita para el nivel de violencia del siglo XIX y que anuncia de manera terrible lo que sería el siglo XX, el que Víctor Hugo considerada sería el siglo de la paz, de la libertad y de la fraternidad.”

Entre marzo y mayo de 1871 se puede encontrar un adelanto de lo que serán las guerras de religión del siglo XX, y es que al analizar la composición social de la Comuna de París, las medidas que tomó, no se encuentra casi nada sobre la abolición de la propiedad privada: “hallamos vandalismo, procedimientos que anuncian lo que serán las revoluciones comunistas del siglo XX, pero fue tan espectacular la represión de la Comuna, que lo que estamos viendo es otra cosa”.

“Una vez terminada la Comuna, Flaubert y Máxime Du Camp, autor de lo que se conoce como la Biblia de la represión, Las convulsiones de París, recorren la ciudad devastada. El recorrido es muy interesante, porque es la primera vez en la historia que las ruinas contemporáneas produce lo que se llama la belleza de la destrucción.”

De acuerdo con el crítico literario, esto que podría definirse como una frivolidad de Flaubert tiene mucho que ver con un fenómeno que Walter Benjamin destacó: “lo que luchó en el siglo XX fue una doctrina que politizaba la estética, el comunismo, y otra que estetizaba la política, que era el fascismo”.

“La reacción de los escritores franceses ante la Comuna de París fue la primera muestra de la estetización de la violencia y de la destrucción por parte de escritores, muchos de los cuales se habían dedicado a lo que se llamaba de manera infamante ‘el arte por el arte’.”

La belleza de la destrucción, el culto a la sangre, la absoluta falta de misericordia por los derrotados, el aplauso del exterminio, fueron algunas conductas patológicas de los escritores fascistas durante el siglo XX, están de manera gráfica en la actitud de la mayoría de los escritores sobre la Comuna de París.

“Más que el odio de clase, estábamos ante el nacimiento de un fenómeno nuevo: la fascitización de la conciencia estética, que está en muchos escritores franceses de aquel momento, para quienes las vidas humanas que se habían perdido ahí no valían nada, sino formaban parte de un espectáculo.”

Domínguez Michael reconoció que la Comuna de París no tomó ninguna medida comunista: los propios comuneros hicieron mucho esfuerzo en no ser llamados comunistas, sino comuneros o “comunalistas”.

“Tanto Zola como Víctor Hugo llegan a la conclusión de que experiencias como la revolución francesa son momentos de extravío de la razón y que bien encauzada la razón, estos fenómenos de guerra se irán remitiendo. Desgraciadamente el siglo XX le dio la razón a los otros, a quienes quedaron extasiados ante la destrucción y no sólo la aplaudieron en 1871, sino en la primera guerra mundial, aplaudieron este desprecio absoluto por la vida humana, este amor por las ruinas que dejó de ser una curiosidad de anticuario”.

En la primera mesa del ciclo, Christopher Domínguez Michael advirtió que lo que lo sucedido en Francia en 1871, vuelve materia del presente la destrucción de la historia y la convierte en una historia muy difícil de llevar, “que hizo que el siglo XX fuera lo que fue”.

Fuente: El Colegio Nacional

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