La revaloración que día a día hace el mundo de la extraordinaria obra de Rossini, hasta hace poco relegada casi al olvido, debe incluir un análisis más justo de la personalidad del compositor”, enfatizó el colegiado

El reconocimiento al genio musical de Gioachino Rossini aún requiere de algunos cambios a la manera en que se le ha visto por su última etapa de vida, envuelta en el silencio, a decir del miembro de El Colegio Nacional, Adolfo Martínez Palomo, quien se encargó de dictar en vivo el 11 de marzo la cátedra de la conferencia-concierto Gioachino Rossini. Su silencio: ¿hedonismo o depresión?

“La revaloración que día a día hace el mundo de la extraordinaria obra de Rossini, hasta hace poco relegada casi al olvido, debe incluir un análisis más justo de la personalidad del compositor. A más de 150 años de su fallecimiento, el recuerdo del gran glotón, del perezoso incorregible, debe dejar paso a una imagen más real: la del genial creador de la música que mejor ha reflejado el humor, la ironía y la sonrisa de la vida. La de un ser hipersensible, silenciado prematuramente por la depresión.”

Como parte del ciclo Músicos y medicina, el investigador médico se hizo acompañar de la mezzosoprano Verónica Alexanderson y el pianista Sergio Vázquez en la interpretación de algunas obras de Rossini, autor de más de 40 óperas entre los 18 y los 36 años, y quien después ofreció cuatro décadas de silencio.

Ese silencio fue el que llamó más la atención del colegiado, quien dedicó una parte de su conferencia a abordar esa parte fecunda en la vida del compositor italiano, pero también a hurgar en algunas de las razones que lo llevaron 40 años a socializar, a escribir piezas musicales “que él mismo bautizó como pecados de mi vejez.”

Entre las hipótesis que se han llegado a plantear para que Rossini haya dejado de componer se habló desde la falta de cantantes adecuados para sus obras, la sensación de futilidad al trabajar en una etapa de gran inestabilidad política, pero también el hecho de que el músico llegó a producir mucho dinero, “gracias a oportunas informaciones de la bolsa de valores, proporcionadas por sus amigos”, lo que hizo que se dejara llevar “por su indolencia natural y su pereza legendaria.”

“Ninguna de las hipótesis mencionadas es convincente. Podría ayudarnos la historia médica del compositor: durante su etapa creativa no tuvo padecimientos de importancia; después de los 40 empezó a tener síntomas de uretritis, posiblemente gonocócica, que lo afectó durante muchos años y lo obligó, durante muchos años; a introducirse una cánula para reducir el estrechamiento de la uretra.”

A ese padecimiento, recordó el doctor Martínez Palomo, se sumaron hemorroides que fueron tratadas por los médicos “en forma inmisericorde con sanguijuelas y purgantes. Ni las sanguijuelas ni las hemorroides callaron a Rossini. ¿Por qué, entonces, el gran silencio del compositor?, se preguntó el colegiado.

“Algunas biografías modernas mencionan una enfermedad maniaco depresiva. Para otros, como un psicoanalista americano, la muerte de su madre lo llevó a la retracción narcisista, la depresión y la intensificación de sus mecanismos obsesivos. Si bien siempre tuvo una adoración exagerada por su madre, fue en los intentos de controlar la agresión inconsciente hacia ella, cuando escribió algunas de sus obras.”

Gioachino Rossini (1792-1868) fue el compositor de óperas como La italiana en Argel, El barbero de Sevilla, o La Cenicienta, por mencionar sólo a algunas de las casi 40 óperas que compuso en sus años emblemáticos.

En busca de respuestas

En su revisión de la biografía médica de Rossini, que pronto tendrá forma de libro –acompañado de Schubert-, encontró datos del estado de salud del compositor sobre su fase de eclipse musical, como el hecho de que a los 31 años de edad sufrió un ataque de pánico al viajar a Londres, que lo obligó a permanecer en cama una semana por debilidad nerviosa, incapaz de hablar, escribir o componer y “obligado a no aceptar la invitación del rey de Inglaterra para presentarlo a la corte inglesa”.

Incluso, a los 39 años de edad regresó de Madrid con signos de cansancio nervioso y meses después se reflejaron signos de gran debilidad emocional. Sobre esa época, su biógrafa más reciente, la italiana Gaia Servadio, escribió: “Rossini abría su corazón a quien quisiera escucharlo. Se lamentaba del insomnio que lo atormentaba y mientras los meses se convertían en años comenzaba a hablar de la miseria de una vida sin futuro. Su depresión era tal que, cuando tenía la fuerza para levantarse por las mañanas, no podía llegar a vestirse.”

En el listado de Adolfo Martínez Palomo se recuerda un viaje a Italia, a los 42 años, para recuperarse, pero al mismo tiempo surgieron rumores de su muerte en París. Un viaje en tren a Bruselas, dos años después, le ocasiona una crisis nerviosa de varios días de duración.

“A los 53 años sufre insomnio severo y crisis de llanto, él mismo dice: ‘soy el padre de los que sufren trastornos nerviosos. La muerte es mejor que vivir en esta forma. He perdido toda la ilusión de la vida, nadie sabe el dolor que mi enfermedad nerviosa me produce. No se piense que eso opaca mi inteligencia o pierdo yo mi lucidez, eso nunca pasa’.”

Entre crisis nerviosas, alucinaciones auditivas, el estado de ánimo de Rossini variaba en forma imprevisible y sin causa aparente. En algunos casos está completamente postrado y en otros participa en reuniones sociales.

Hacia los 70 años empieza la mejoría, la inestabilidad emocional da paso a un periodo de tranquilidad brutal. Dos años después sufre infecciones respiratorias y un accidente vascular cerebral. Finalmente, a los 76 años muere a consecuencia de un cáncer rectal, después de una agonía muy penosa: “la muerte de Rossini entristeció profundamente a sus contemporáneos.”

“Su entierro en París fue un gran acontecimiento social: fue el entierro de un rey, con ediciones especiales de la prensa. Muchos miles de voces entonaban la plegaria de su ópera Moisés.”

En sus conclusiones, Adolfo Martínez Palomo aseguró que en Rossini no se encuentra manifestaciones de psicosis maniaco depresiva, como sí la tuvo, por ejemplo, Schuman; asimismo, las supuestas alucinaciones quedan en duda: “parece claro que, coincidiendo con la muerte de su madre, Rossini empezó a presentar síntomas de neurosis, tal vez neurosis depresiva y, con eso, depresión, fobias, crisis de ansiedad y ataques de pánico, que se presentaron periódicamente y con intensidad variable hasta cerca de los 70 años.”

“Si bien nuestra hipótesis de la neurosis depresiva como causa del silencio de Rossini requiere de mayor sustentación, es la que mejor se ajusta a la documentación histórica disponible”, destacó el miembro de El Colegio Nacional, antes de dar paso al concierto ofrecido por Verónica Alexanderson y el pianista Sergio Vázquez.

El programa musical estuvo integrado por Agnus Dei, de la Petite messe solennelle; Fac, ut portem Christi mortem, del Stabat Mater; Variaciones sobre Non più mesta, de La Cenerentola; La Regata Veneziana y Una voce poco fa, de Il Barbiere di Siviglia.

Fuente: El Colegio Nacional

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