Para el rector de la UABCS, Dante Salgado, “la literatura debe ser una compañía permanente, que nos repita que hay que vivir intensamente cada día”

Con el tema “La enseñanza de la literatura: entre la creación y la investigación”, presentada por Vicente Quirarte, se llevó a cabo la segunda sesión del ciclo La enseñanza: reto para el siglo XXI, coordinado por Javier Garciadiego, integrante de El Colegio Nacional y una de las actividades pensadas dentro de la institución para conmemorar el centenario de la Secretaría de Educación Pública.

Una sesión que tuvo como objetivo primordial el reflexionar en torno al lugar que ocupan las universidades dentro del proceso creativo, como lo planteó el colegiado Vicente Quirarte, al moderar y participar en la mesa, celebrada la mañana de este sábado. El colegiado recordó que hacia 1973 ingresó a carrera de Lengua y Literatura Hispánicas, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, por dos razones:

“Una negativa a la carrera de arquitecto, la que de acuerdo con mi padre y su único hermano, iba a garantizar mi felicidad. La segunda, la plena convicción de que el mejor escritor de México cruzaba los umbrales de la universidad: ‘pequeña era la cancha para la victoria, minúscula la llanura para desbocar mi potro’”, si bien desde el principio se enfrentó con profesores que lo hicieron entender que “cada aventura verbal es la primera”.

Luego de esa breve introducción, el poeta y catedrático de la UNAM, Eduardo Casar, coincidió en que su ingreso a la Facultad se dio por el afán de leer y estudiar literatura, pero al entrar allí se encontró con algunos amigos que también escribían, y “ese fue mi estímulo para escribir”.

“Comencé a escribir para platicar con ellos. La literatura no sólo es leerla, investigarla o escribirla, sino comentarla. Un gran puente que hay entre el estudio de la literatura y la creación literaria es el comentario que hacemos con esta comunidad que comparte el gusto por las letras, ello porque nuestro objeto de estudio es también un objeto de enorme placer.

“La literatura no es una pura actividad de orden intelectual, a veces me dan mucha ternura mis colegas filósofos que buscan la verdad, y en literatura por ahí anda y aparece en el templo mayor de las lecturas, pero no es la prioridad. Otra prioridad es la imaginación y lo que ofrece a nivel afectivo, emocional y sensible”.

Doctor en Letras por la UNAM, Eduardo Casar comenzó como lector y al seguir con la escritura, en especial al recibir los comentarios con sus amigos escritores, se dio cuenta que el hecho de crear literatura terminaba por producirle “un enorme placer, un tanto comparable al que siente un bailarín al fatigarse con su propio cuerpo y saber que está creando algo hermoso”.

“En el momento en que sale un verso que está bien, uno siente un placer extraordinario: ¿y esto cómo salió? Muchos que entran a estudiar letras quieren escribir, pero la carrera está diseñada para crear lectores críticos e investigadores, historiadores o teóricos de la literatura, arquitectos de los puentes que hay entre el estudio de la lengua y el estudio de la literatura”.

A su parecer, las carreras no están hechas para la creación literaria. Es algo que se aprende en un ejercicio de repetición, de prueba y error, parecido a un taller de carpintería, a un salón de danza, a un campo de entrenamiento: es más un oficio que algo que uno pueda saber sobre literatura, sobre los mecanismos de una metáfora, por ejemplo, “no por eso nos van a salir metáforas”.

“Tiene uno que escribir metáforas y metaforizar todo. Considero que mi profesión es estudiar literatura, expandir sus efectos y tratar de indagar en ella más y más, y mi hobby, aunque haya publicado varios libros de creación literaria, es la creación literaria. Básicamente escribo poemas, pero ya son otros efectos”.

Para la escritura hay una formación de taller, de repeticiones, de prueba y errores, de ensamblado y de ajustes constantes en el oficio de aprender a escribir. Es distinto a toda la escalera, muy bien reglamentada por pedagogos, para ir entendiendo la literatura desde el punto de vista teórico e histórico y, ambas se alimentan, el escritor necesita de otro tipo de formación.

“El escritor requiere una formación atléticamente consolidada en las prácticas del lenguaje, mientras el académico, el estudioso, el estudiante de literatura tienen otra percepción del asunto”.

La literatura, una compañía vital

Dante Salgado es rector de la Universidad Autónoma de Baja California Sur y poeta; o poeta primero y después académico. De ambas experiencias, el estudioso es un convencido de que la literatura tiene que ser la piedra en el zapato que impida el silencio: “si la literatura no sirve para un buen vivir, no sirve para nada”.

“No es como el mercado nos dice: cuando no tengas nada que hacer busca un libo para leer. ¡No señor! La literatura debe ser una compañía permanente, que nos repita que hay que vivir intensamente cada día. Y eso fue lo que obtuve de la UNAM en la carrera de Lengua y Literaturas hispánicas, con profesores que, además de sacudirnos vitalmente, también invitaban a que la literatura fuera esta compañía vital. Pasé por el Covid hace unos meses y digo que todo es un volado, uno no sabe si sale o no, pero al final, en el corte, la literatura me permite decir gracias a lo que he podido vivir”.

Desde su paso por las aulas universitarias estaba la aspiración del creador, con el sueño de trabajar sólo en la creación literaria, pero “ya no hay mecenas y hay que trabajar”, con lo que la docencia se convierte en una salida natural para quienes están inmersos en la literatura, dentro de un largo debate filosófico de fines del siglo XVIII y todo el XIX, hasta llegar a nuestra época: la lucha del destino y el libre albedrío.

“Venimos ya marcados para ser creadores y profesores, o nosotros tomamos esa decisión. O, como dice Breton, el azar objetivo: hay esa inquietud interior y, de pronto, las condiciones nos permiten cargarnos hacia un lado o hacia otro”.

Quizá por ello, destacó Dante Salgado durante la sesión, hay cierto temor de transmitir a los estudiantes la idea de que, si quieren ser escritores, tal vez no deban entrar a la universidad, porque no necesariamente va a ser el camino que los lleve a hacer las grandes obras a las que uno aspira de joven.

“En nuestro caso, muy rápido nos damos cuenta que, para eso sirve la lectura, cuáles son nuestros límites. Les digo a los muchachos: cuando el placer se empieza a convertir en angustia, pregúntense por su vocación, porque leer no puede ser una fuente de angustia”.

En medio de la pandemia se han ocultado algunas crisis y una de ellas, que tendría que ser materia de reflexión humanística y dejar entrar a la literatura para abonar al respecto, es la crisis emocional colectiva, que ya venía forjándose, pero que la pandemia está desatando de una manera increíble.

“Y el papel de profesores, creadores, estudiantes de literatura debe de estar mucho más en el debate, en la confrontación de ideas”.

La catedrática de la UABCS, Marta Piña, reconoció que uno de los problemas que han enfrentado está en las aspiraciones de los estudiantes cuando se integran a una carrera como Lengua y Literatura, que si bien en un primer momento despertó el interés de estudiantes y profesionales de la comunicación, en la actualidad reciben a jóvenes que buscan ser escritores.

“El papel del maestro es encauzarlos a que aprendan a través de la literatura y de las lecturas, a hacer análisis. Muchos llegan con ese ánimo de escribir, lo que está muy bien: pero en un semestre quieren ser cuentistas y en un año novelistas, pero eso no se puede.”

Los estudiantes, conforme avanzan y se percatan de que lo que estudian es muy amplio y muy diverso, son 56 asignaturas las que reciben, poco a poco comparten la idea de que no van a ser novelistas ni en 10 años, aunque a algunos si los impulsa a seguir escribiendo, en gran parte porque en el estado siempre ha habido talleres de creación literaria y en la misma universidad se ofrecen esas opciones, incluso concursos universitarios.

“La alta participación se da en la rama de cuento, en el ensayo casi no hay participación. La mayoría aceptan los consejos y las lecturas, y otros se desaniman y no continúan, saben que es muy complicado combinar el trabajo y la inspiración, quizá pensaban que con sólo entrar a la universidad iban a poder contar sus experiencias, cuando la base de la escritura creativa es la lectura, algo que los chicos no entienden muy bien”, aseveró Marta Piña.

“La enseñanza de la literatura: entre la creación y la investigación” fue la segunda sesión del ciclo La enseñanza: reto para el siglo XXI, la cual continuará con la reflexión sobre temas como la enseñanza de la ciencia, de psicología, lengua, medicina, derecho, química, arqueología y matemáticas.

Fuente: El Colegio Nacional

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