Oscar Manuel Rodríguez Ochoa

Una mirada al espacio

La estructura mental de los seres humanos integra un infinito campo de posibilidades como esferas de creación, integración y proyección dentro de su propios planos y niveles de desarrollo evolutivo.

Dentro de que experimenta el cuerpo mental se localizan las programaciones constantes y permanentes a través de las percepciones donde el factor visual conectado a los sentimientos y pensamientos de la persona establecen códigos tanto a su ser interno como a su parte subconsciente.

Nuestra genética humana también es un sector esencial en el transcurso experimental. Ella da curso a nuestro comportamiento como seres universales.

La mente- subconsciente funciona como una maquinaria donde todo lo que capta y ha captado nuestra parte consciente en esta o en vidas pasadas se almacena en ella y se mantiene activo.

Los cultos, informaciones institucionales, adoctrinamientos, sistemas de aprendizaje y más, forman patrones mentales y con ello programas internos que dan estructura a nuestra vida, en nuestro propio desarrollo, conducta, logros, relaciones sociales, economía, alcances profesionales y todo lo que constituye nuestro presente.

Todo aquello que hemos integrado en conciencia es lo que diseña nuestra experiencia de vida.

Así lo que decimos, pensamos y sentimos se interconecta y queda asentado en nuestros registros mentales proyectándose en nuestro diario vivir.

El trayecto que sigue el alma lleva una dirección experiencial que se interconecta con todos los instantes, ello dentro de los planos y esferas cuánticas de su respectivo desarrollo. En dicho historial cósmico procesa una memoria que se mantiene activa, la cual se interconecta subconscientemente manifestando en momentos específicos marcadas conductas en la persona que están asociadas a las energías de experiencias vividas ya sea en nuestro mundo o bien en otros sitios del cosmos.

Cada energía y vibración emanada lo registra la mente subconsciente mediante palabras, pensamientos y emociones del ser. Ello se comporta como materia prima para nuestra maquinaria mental que programa instante a instante nuestra existencia como seres evolutivos.

Despertar a las realidades universales nos interconecta con la propia divinidad dentro de nuestras esencias como seres de luz reconociendo el poder que cada uno posee.

La programación propositiva es justa y perfecta, sin embargo, es importante abrir nuestro cuarto chacra, el de nuestro corazón, como portal infinito para compenetrar en el registro de lo que deseamos para nuestro tiempo actual.

El subconsciente todo lo capta: sonidos, visualizaciones, palabras, sentimientos, etcétera, de los que muchas veces no somos conscientes pero que tienden a ser determinantes en nuestras acciones, toma de decisiones, formas de convivencia, así la importancia que esto adopta para ser plenamente consciente de todas y cada una de nuestras actitudes hacia nosotros y hacia nuestro entorno. La capacidad de auto-observación es un componente fundamental para incorporarlo al proceso de nuestra vida.

Somos dueños y diseñadores de lo que queremos en nuestra actual encarnación. Si focalizamos hacia la luz, luz tendremos en el sendero que sigue nuestra alma y el personaje que representamos. Es necesario empoderarnos de nuestras facultades para salir de la matrix y por consecuencia de las realidades ficticias que se palpan en la tercera dimensión, dentro de la dualidad y linealidad.

Corresponde hoy más que nunca dar el salto cuántico a escenarios con frecuencias de alta luminosidad y vibración. Ha llegado el momento de percibir lo que somos expansivamente en reconocimiento a lo que nos pertenece como entidades eternas e infinitas.

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