“No creo que pueda existir un melómano que no escuche a Beethoven; no creo que pueda existir un concepto de educación musical sin Beethoven”, destacó el musicólogo, Ricardo Miranda

Para conmemorar el nacimiento de Ludwig van Beethoven, este 16 de diciembre, se llevó a cabo una mesa de reflexión transmitida en vivo, en la que se abordaron distintos aspectos de su vida y de su obra, lo mismo de sus enfermedades como de su genio musical, bajo el título Panorama de Beethoven en el 250 aniversario de su natalicio, coordinado por Adolfo Martínez Palomo y Mario Lavista, miembros de El Colegio Nacional.

Durante la sesión, el musicólogo Ricardo Miranda recordó que el funeral del músico se convirtió en un acontecimiento extraordinario en su tiempo; las crónicas de los periódicos, los testimonios existentes hablan de un acto de masas, “no hubo ningún vienés que se quedara dentro de su casa, sino que toda la sociedad salió a acompañar el féretro de Beethoven”.

“Había muerto alguien increíblemente importante, un gran artista y esto se explica porque su música se convirtió en la metáfora de nuestra sociedad ideal. La gente era confrontada con esta música novedosa, extraordinaria, difícil, larga.”

“Una de las lecturas más poderosas que se dieron es que aquella música lograba capturar la complejidad de una sociedad ideal, donde podía haber conflictos, intereses contrarios, voces discordantes, instrumentos que caminaban solos: aparentemente son voces locas, que están fuera de control, pero que contribuyen a una armonía absoluta.”

Beethoven fue contemporáneo de uno de los filósofos más importantes en la historia, como Hegel, quien había postulado que en el arte existe un ideal, pero ese ideal sólo se llega a conocer de manera especulativa, a decir del también pianista, quien puso un ejemplo muy sencillo: los chocolates vienen en muchas formas, pero más allá de eso hay un ideal de lo que es un chocolate perfecto y eso sólo es accesible de manera especulativa, “porque es un ideal que nunca vamos a conocer” y esta idea fue muy poderosa para formar nuestra visión de la música del compositor alemán.

“La música de Beethoven es nuestro ideal, es lo más cerca que ha estado la sociedad de conocer la música ideal: ¿Cómo se forma un compositor? Estudiando a Beethoven, incluso, con la tarea de componer a la Beethoven. ¿cómo se forma un musicólogo?, pues estudiando a Beethoven. ¿Cómo se forma un pianista?, pues estudiando a Beethoven, porque no hay un pianista que no pase por el corpus fenomenal de obras para piano.”

Además, en palabras de Ricardo Miranda, las grandes orquestas fueron creadas con la intención primigenia de poder tocar a Beethoven, incluso en nuestro país se puede contar una historia similar.

“No hay educación musical sin Beethoven y llevaría esa idea hasta el final: no creo que pueda existir un melómano que no escuche a Beethoven; no creo que pueda existir un concepto de educación musical sin Beethoven. No creo que pueda existir nada sin Beethoven”.

Por su lado, Sergio Vela, director de Arte y Cultura de Grupo Salinas, se refirió a una de las grandes cualidades de Beethoven, que lo convirtió en el compositor excepcional que hoy conocemos: su oído interno, porque hay compositores que, a pesar de tener un gran oído, requieren de una ayuda para componer; por ejemplo, Stravinski no era capaz de componer, no se sentía a gusto componiendo con su oído interno y un papel pautado, necesitaba del piano.

“Beethoven, desde antes de perder el oído, se llevaba sus cuadernos y apuntaba las ideas en sus largas caminatas. En la medida en que fue perdiendo el oído, hasta llegar a la completa sordera, el uso de un instrumento ya era completamente innecesario, pero lo que resulta completamente admirable es ese poderoso oído interno, porque a final de cuentas no podía verificar lo que estaba escuchando internamente mediante la audición o cuando era sólo era parcial o distorsionada, sólo podía hacerlo de esa misma manera.”

No fue nada sencillo para el compositor y para quienes lo rodeaban, porque incluso los músicos que eran dirigidos por él empezaban a padecer los problemas de la sordera, porque no se percataba necesariamente de la ejecución y, a veces, estaban desfasados, señaló el también director de ópera.

“Con eso tenemos un primer cuadro muy importante sobre las dificultades que tuvo que afrontar Beethoven y esa parte atormentada es uno de los rasgos característicos de la imagen que tenemos de Beethoven como un artista superior y, a veces se asocia, en una forma de idealización, la gran creatividad con una especie de necesario sufrimiento”, recalcó Sergio Vela.

Las transformaciones en la música

Antes de centrarse en la reflexión sobre los elementos formales que definen a la obra del compositor homenajeado en esta transmisión telemática, Mario Lavista, miembro de El Colegio Nacional, aseguró que la época denominada como del clasicismo, entre 1750 y 1820, debe considerarse como una de las más luminosas en la historia de la música, “si consideramos la presencia de Haydn, de Mozart, de Beethoven y de Schubert, nos damos cuenta de la enorme calidad que tiene esa etapa en la historia de la música”.

“Y si a esto agregamos la segunda mitad del siglo XVIII con Bach y Händel resulta que es una de las épocas más luminosas en la historia de la música. En el caso del clasicismo es bastante claro que ellos heredan muchas formas del barroco; por ejemplo, el tema con variaciones, una forma que viene de la época barroca y se convierte durante el clasicismo en una de las formas más frecuentadas por todos los compositores.”

Después de ese reconocimiento, el compositor mexicano explicó que uno de los aspectos que más le ha sorprendido de Beethoven es que desde el Opus 1 hasta la última obra, “hay en él un dominio de tipo técnico y expresivo verdaderamente asombroso”: a los 25 años era un enorme maestro, viendo a los dos grandes compositores anteriores, como Haydn y Mozart.

“Lo que me sorprende de Beethoven es cómo, por ejemplo, transforma la forma sonata sin perder la propia especificidad: no es lo mismo la forma sonata que escuchamos en el Opus 2 a la de los últimos cuartetos, aunque sigue teniendo la misma forma: siempre fue un maestro en la manera en que estructuraba distintas formas musicales, como el tema con variaciones.”

Beethoven también se propuso transformar o ampliar esas formas, porque no desaparecen del todo, simplemente les da otro cariz, otro rostro a las formas, lo que se ve muy claramente en la Sinfonía No. 3, “Heroica”, y en la “Quinta”, en la que transforma la forma sonata, que está en tres partes, en cuatro partes: “exposición, primer desarrollo, reexposición y segundo desarrollo, pero sigue siendo una sonata”.

“Nunca lo he considerado como un compositor romántico: es la gran culminación de ese brillantísimo periodo, que es el clasicismo”, enfatizó Mario Lavista.

La parte médica

El doctor Adolfo Martínez Palomo ha dedicado varias conferencias a difundir el historial médico de Ludwig van Beethoven, como una manera de propiciar el acercamiento también a su música, por lo cual reconoció que ésta ha sido dividida en tres periodos de creatividad vinculados con su sordera:

“Una etapa inicial, exuberante, de menos de 30 años. Su opus 1 lo inicia a los 25 años; había estado con Haydn y con Mozart, pero en esa etapa se concentró en música de cámara y sólo dos conciertos de piano. Algunos expertos concluyen que, si hubiera terminado ahí su vida, nadie se acordaría de él, porque sus grandes obras empezaron entre los 30 y los 45 años, y después de ese periodo llegó la etapa en la cual dejó de ser pianista: se concentró en escribir.”

De acuerdo con el colegiado, un apasionado de la música, los grandes compositores tienen la capacidad de conocer las combinaciones melódicas que funcionan mejor, la capacidad mental y la flexibilidad requeridas para elaborar en la mente la partitura de una sinfonía son inmensas: desde los más pequeños detalles de la orquestación, hasta la perspectiva general de la obra.

“La composición musical no requiere forzosamente escuchar lo que se está creando. Beethoven recomendaba a sus alumnos trabajar en un cuarto sin piano, para crear música solamente en el cerebro. Tal vez, la lentitud en la progresión en las obras últimas de Beethoven se debía a su necesidad de tener seguridad absoluta en su cerebro de la perfección de lo que componía.”

Por lo mismo, se inspiraba con frecuencia en la poesía de Goethe, al que consideraba como el secreto de la armonía: el compositor aspiraba a convertirse en el poeta tonal de la música, lo que de muchas maneras se relaciona con el cierre gradual de su contacto auditivo, comentó el doctor Martínez Palomo, quien llevó a la plática una sentencia de uno de los biógrafos más autorizados de Beethoven, Maynard Solomon.

“En su mundo sordo, Beethoven podía experimentar con nuevas formas de experiencia, libre de los sonidos intrusos del ambiente externo, libre de la rigidez del mundo material, libre, como un soñador, de combinar y recombinar la realidad, de acuerdo con sus deseos en formas de estructuras nunca soñadas.”

Fuente: El Colegio Nacional

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