Oscar Manuel Rodríguez Ochoa

Todos somos canalizadores

La infinita red cuántica de la que el universo en su totalidad forma parte, nos conecta integral y permanentemente a los seres que la conformamos. Cada entidad en sus procesos propios aporta un infinito intercambio de información con su entorno y viceversa. Para comprender la magnitud del macrocosmos es necesario comprender lo que somos. Al ser conscientes de la inmensidad que llevamos dentro de todo aquello que nos conforma como seres de luz nos damos cuenta que el macrocosmos está en cada una de nuestras estructuras internas.

Todo es parte de todo, por tanto estamos situados dentro del universo y el universo está localizado dentro de nosotros. Si focalizamos hacia nuestro corazón esta red múltiple, llevamos a ella el amor que nos hace vibrar reconociendo nuestra identidad como un fractal infinito de la fuente creadora que vino a experimentar las realidades que componen nuestro proceso como semilla estelar que somos.

Así entonces nuestra integridad álmica es una manifestación de la luz divina y esto nos convierte en canales para la interconexión con todo aquello que nos rodea. Como esencias creadoras tenemos la capacidad de viajar ilimitadamente a cada lugar que por libre albedrío determinemos ubicarnos. Con ello podemos comprender que de la misma manera logramos establecer un enlace con los hermanos cósmicos a partir de lo que vibratoriamente emanemos como eje para estrechar la comunicación donde el espacio deja de serlo y las distancias se terminan.

Somos energía, y como tal podemos vincularnos con el universo en lo absoluto, desde conectarnos y hacer comunicación con una partícula, hasta establecer un estrecho enlace con la fuente creadora, mientras deseemos enlazarnos desde lo más profundo de nuestro corazón, se logrará de mejor forma como lo hemos destacado en este mismo espacio, lo que comprueba que somos el mismo universo.

La relatividad de los conceptos podemos asimilarla conectados a nuestros sentidos. Ante esta infinita red cuántica podemos llevar a cabo por nuestro libre albedrío las canalizaciones que con el alma deseemos. Para esto debemos entender que todo es vibración y cada estructura universal tiene su propia frecuencia vibratoria. Para lograr una conexión con seres en dimensiones superiores comenzando con nuestro doble cuántico, o yo superior, el cual se localiza en una frecuencia más elevada, debemos elevarnos a dicha vibración.

La meditación profunda es la vía más próxima para elevar nuestra vibración y con esto establecer una canalización. Hay diversos procesos para ello, el más conocido y practicado es mediante las respiraciones secuenciales, la persona comienza a protegerse de cualquier energía negativa que pudiera intervenir viéndose dentro de una burbuja de luz y pidiendo la presencia de ángeles, arcángeles y/o maestros ascendidos. Toma de tres o más respiraciones hondas relajándose por completo y silenciando su mente. Ya en lo profundo y conectado a sus esencias, el yo superior solicita la conexión con el ser que haya determinado. El alma detecta la vibración del ser y la comunicación se concreta.

Es importante comprender que la canalización en los seres es permanente, y cada uno la logra en su propio nivel. Hay personas que no son conscientes de que canalizan con ángeles y guías espirituales. También podemos lanzar preguntas al universo y de forma determinada la respuesta llega. Así entonces todos los seres humanos poseemos la facultad de canalizar.

La canalización es producto de que los seres del universo provenimos de la fuente como almas cósmicas y somos espejos siendo semillas estelares en una estrecha hermandad universal.

Las entidades del cosmos tienen su propia forma de comunicarse, y con ello emiten vibraciones que en una canalización las percibe nuestro ser superior y las descifra en sentimientos o palabras. El lenguaje verbal es parte de las realidades que venimos a experimentar en esta tercera dimensión, sin embargo, los seres ubicados en dimensiones superiores se comunican vía telepática mediante visiogramas (imágenes), ideogramas (ideas), bloques de sentimientos, etcétera.

En el cosmos no hay seres superiores o inferiores. Somos chispas de la creación que por voluntad propia decidimos emprender un extenso viaje al cosmos y por lo cual hay un estrecho vínculo entre todos, cada quien en su propio cuerpo, civilización planetaria, nivel de conciencia y vibración. El espacio-tiempo en el universo deja de existir cuando llevamos a la práctica lo que nos corresponde como almas infinitas. Así podemos conectarnos con todo en lo absoluto sea en los planos espirituales, cósmicos o terrenales.

Estamos en una etapa transitoria y definitiva para el planeta y la humanidad. La llegada de energías desde el sol central de la galaxia hace que las frecuencias se potencialicen en su totalidad y a sobremanera, esto despierta facultades y quebranta el velo del olvido, incrementa la conciencia de las personas en el paso transmutacional a la quinta dimensión.

La canalización más importante es con nosotros mismos, hacia nuestro ser interior y ser superior. Estar en conexión con nuestras células en el alma y corazón para el ascenso como seres de luz es nuestra tarea diaria. Es momento de integrar este conocimiento al cien por ciento en nosotros, y en su instante compartirlo. Habrá quienes no resuenen con él y es respetable ya que están en su propio proceso, mientras que los seres que están encarnando en nuestro planeta son las almas más despiertas y las que asimilan con mayor facilidad estas realidades, sus capacidades de canalizar son importantes, sin embargo, siempre que abramos nuestro amor por el contacto universal, éste se lograra a plenitud.

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