Jesús Antonio del Río Portilla

En nuestro querido pero vapuleado país, en las últimas semanas… digo en los últimos meses... mejor dicho en los últimos años, hemos observado como se promueve el uso de los combustibles fósiles en lugar de fomentar el uso de las fuentes renovables de energía.

Cualquier persona puede revisar mis comentarios en estas páginas donde he escrito en muy diversas ocasiones sobre la ausencia de una política energética clara de apoyo a las renovables.

Desde la llamada reforma energética, que fue concebida en los momentos de máximos precios del petróleo, donde se auguraba que esos precios posibilitarían la inversión extranjera para sacar más rápido el petróleo del subsuelo y venderlo para tener ingresos a las arcas nacionales. Digo a las arcas nacionales, no para el beneficio social de nuestro país. Esa reforma energética sin querer benefició la inversión en fuentes renovables que cada día son más baratas en comparación con la energía que proviene de los combustibles fósiles. Recordemos que al usar estos combustibles modificamos la composición de la atmósfera provocando un cambio climático que, a su vez, está propiciando que los eventos extremos en la atmósfera aparezcan más frecuentemente y con mayor intensidad. Debe quedar claro que si la atmósfera se calienta habrá más energía disponible y, por lo tanto, los huracanes y ciclones se manifestarán más violentamente. La energía disponible favorece las mayores velocidades de viento; así como el agua evaporada es mayor y, por ende, la precipitación pluvial aumenta. Esta es una muy sencilla forma de explicar lo que nos espera ante este cambio climático antropogénico.

Después de esta desviación explicativa de los efectos del cambio climático, regresemos a la política energética: en el año 2018 en las propuestas de campaña de los tres principales candidatos se observaba que Andrés Manuel López Obrador mencionaba a las fuentes renovables en su escrito político, mientras que los otros dos candidatos mencionaban a las energías limpias. La diferencia está en la ley mexicana que define como energías limpias: las renovables, la nuclear y la cogeneración eficiente. Esta última normalmente se realiza con gas natural en ciclos combinados, pero no deja de emitir gases de efecto invernaderos causantes del cambio climático. Por lo tanto, yo prefiero hablar de renovables para ser claro y específico.

Así, con esa propuesta de plan de gobierno de AMLO se esperaba un apoyo a las fuentes renovables; pero para mi sorpresa, la política energética se ha centrado en buscar una mayor extracción de petróleo -por cierto, no se han cumplido las metas en este rubro- y en la construcción de una refinería, además de aferrarse a la entronización de las empresas productivas del Estado en el sector energético, cuando ahora las fuentes renovables de energía apuntan hacia una verdadera democratización de la generación con su inclinación hacia la generación distribuida.

Cuando en otras latitudes se fomenta la generación distribuida para evitar pérdidas por la transmisión, en nuestro país se desea regresar a un centralismo en la generación que ya mostró su incompetencia para evitar que más del 40 por ciento de la población mexicana esté por debajo de la línea de pobreza.

En estos momentos la empresa productiva del Estado en el ámbito de la electricidad está perdiendo la oportunidad de ponerse a la vanguardia en cuanto a la tecnología inteligente para manejo de la red de Transmisión y Distribución y se aferra a retornar a un dominio centralista de la generación, donde perdió su oportunidad de ser innovadora hace varias décadas, yendo en dirección opuesta al beneficio social.

Por otro lado, las estadísticas internacionales indican que en el sector energético las fuentes de empleo están en las renovables, principalmente en la solar. Además, señalan tanto IRENA como IEA, las dos agencias internacionales en el ámbito energético, que los empleos en las fuentes renovables son de calidad en comparación con los empleos en las fuentes de combustibles fósiles. Es decir, si preparamos a personas en el sector de las renovables su salario será mejor que en el sector de combustibles fósiles.

Por estas razones y muchas otras sobre las que hemos escrito muy diferentes personas a lo largo de estos años, invito a la población en general a reflexionar y actuar en consecuencia. El uso de las fuentes renovables, solar, eólica, biocombustibles, no solamente son viables, sino en muchos casos más baratas. Además, no aumentan el contenido de gases de efecto invernadero en la atmósfera y demandan empleos de calidad.

Si la política energética no fomenta a las renovables nosotros como población pensante sí podemos hacer el cambio y usarlas.

Necesitamos un sector energético que verdaderamente promueva el bienestar social y no solo el de unos cuantos.

Fuente: delrioantonio.blogspot.com

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