“El legado más importante para entender esa agricultura mexicana son los trabajos de Fray Bernardino de Sahagún, donde describe el uso mixto de los recursos naturales que se daban en la Cuenca, la importancia del lago y el consumo de aves acuáticas y de guajolotes domesticados”: Exequiel Ezcurra

La Cuenca de México que encontró Cortés no era un ecosistema desde el punto de vista de la naturaleza prístina, tenía una huella humana profunda, habían pasado miles años en los cuales los seres humanos afectaron de distintas maneras los ecosistemas, aumentando algunas especies, disminuyendo otras, cambiando la naturaleza en sí de la Cuenca, con estas palabras el ecologista Exequiel Ezcurra inició su participación en el IV Encuentro Libertad por el Saber, realizado originalmente en 2019, recomendación en línea de este 13 de octubre.

Organizado por El Colegio Nacional y coordinado por los colegiados Julia Carabias y José Sarukhán, el encuentro tuvo como eje temático 1519. A quinientos años. El primero en participar fue Carlos Galindo, director general de Comunicación de la Ciencia de la Comisión Nacional para el Conocimiento y uso de la Biodiversidad (CONABIO), quien presentó un video de la ruta que siguió Hernán Cortés a su llegada al país.

Aseguró que para realizarlo seleccionó tres fuentes: la 2° Carta de relación de Hernán Cortés (1520), la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo (1568) y la experiencia de Nicanor Gorráez, quien ha cruzado la misma ruta terrestre de Veracruz a la Ciudad de México.

Por su parte, el científico mexicano Exequiel Ezcurra recordó que los seres humanos cruzaron al continente americano hace aproximadamente 14 mil años, cuando el mar estaba cien metros más abajo de lo que se encuentra ahora y se podía cruzar a pie desde Asia hasta Alaska.

“La fauna poblaba todo el continente americano, incluía varias especies de mamuts, elefantes, enormes perezosos de tierra, mastodontes, armadillos gigantescos y bisontes. El asunto fue que los habitantes tuvieron que adaptarse a las condiciones, en términos prehistóricos, para su alimentación. Los que estuvieron cerca del mar tuvieron que cosechar, y los que permanecieron en la tierra comenzaron a cultivar plantas y dieron origen a la agricultura”.

Ezcurra se refirió a la desaparición de la civilización al sur de la Cuenca, en lo que hoy se conoce como Cuicuilco, que ocurrió hace 2 mil años con la erupción del volcán Xitle. Después llegó la población de Teotihuacan y a su colapso dejó una zona prácticamente sin árboles nativos ni leñosos. Finalmente se produjo el crecimiento de la tercera civilización que fue Tenochtitlan.

“Cortés llegó a la Cuenca de México con un sistema que había perdido la megafauna. Y a pesar de eso, si vemos su trayecto desde Veracruz hasta el Valle, encontró más ecosistemas de los que había visto en toda su vida en Europa”

Agregó que para los españoles debió ser una novedad el policultivo, la base de la agricultura mexica y de su alimentación, dedicado al maíz, la calabaza, el frijol y el chile. “El legado más importante para entender esa agricultura mexicana son los trabajos de fray Bernardino de Sahagún, que en su versión original están depositados en el Códice Florentino, donde describe el uso mixto de los recursos naturales que se daban en la Cuenca, la importancia del lago y el consumo de aves acuáticas y de guajolotes domesticados”.

Los escritos de Sahagún también hicieron referencia a la pesca, la fabricación de redes con fibra de ixtle y agave, lo que muestra el papel fundamental del maguey en la agricultura de la época. “Las poblaciones que encontró Cortés eran prácticamente vegetarianas, comían muy poca proteína porque no tenían animales grandes, y era muy variada la diversidad de fauna asociada con el lago”.

En palabras del experto en conservación de plantas, el consumo de los quelites, que describe Sahagún, es probablemente uno de los signos más importantes de la agricultura mexica, como también lo fue el uso de las plantas verdes, medicinales y alucinógenas como el toloache y el hongo alucinógeno.

Explicó que hay una planta que crece en las orillas del Lago de Texcoco que se llama Suaeda calceoiformis, crece en suelos salinos y acumula en las hojas la basura que llega del piso, las sales, el potasio y el magnesio, su sabor es amargo y sus semillas producen los romeritos.

“El romerito nunca fue enteramente domesticado, sino que fue una cosa que ocurría en muchísimos otros campos de la agricultura mexica, que el origen de las plantas nativas era el mismo lugar donde las cultivaban, esa es la diferencia que hacemos nosotros entre lo silvestre y lo cultivado”.

De acuerdo con Ezcurra, hay una correlación muy grande entre la huella humana hoy y los lugares que fueron ocupados por civilizaciones antes de la llegada de los españoles. Los trabajos del demógrafo Billie Turner, muestran que cuando llegaron los españoles había aproximadamente 26 millones de indígenas en todo el centro de México y sólo después de la Revolución mexicana se recuperó el tamaño poblacional que tenía el país cuando llegó Cortés.

“Hubo 400 años en los que México estuvo despoblado comparado con la población que tenía a la llegada de los españoles. Eso nos explica una cosa adicional, los españoles utilizaron estos ecosistemas de maíz de temporal, de nopales y de agaves en el norte de la Cuenca para hacer las grandes haciendas agaveras”, enfatizó.

Fuente: El Colegio Nacional

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