”Entenderla idea de evolución de selección natural es comprender lo que realmente es la revolución”, afirmó el biólogo e investigador

Charles Darwin fue un revolucionario silente. A pesar de que nunca salió a la calle con rifles, ni armas, ni generó comunicados incendiarios, hizo la contribución más importante para la biología. Ni Isaac Newton ni Albert Einstein tuvieron el efecto y la influencia que Darwin ha tenido más allá de la ciencia, así lo aseguró el colegiado José Sarukhán al participar en el 2° Encuentro “Libertad por el saber”, organizado por El Colegio Nacional el 17 de octubre de 2017. El biólogo mexicano ofreció entonces la conferencia El revolucionario silente, recomendación en línea del 7 de octubre de 2020.

El autor del libro Las musas de Darwin comentó que entender la idea de evolución de selección natural es comprender lo que realmente es la revolución, “es una forma absolutamente diferente de ver a la naturaleza o de vernos a nosotros en la naturaleza, de nuestra relación con ella y con nuestros congéneres”.

Explicó que Darwin nació en una familia que lo ubicó cerca del pensamiento evolutivo desde el inicio de su vida, primero con su abuelo Erasmus Darwin, uno de los principales pensadores de la transmutación, el cambio de las especies, y segundo con su padre Robert Darwin, un médico de profesión influyente. Para Sarukhán fue la vida rural, de campo y su relación con los perros, las vacas y becerros, una de las grandes musas del autor de la teoría de la evolución.

“Su trabajo con las jaurías y con la cría de palomas y sus variedades, que tenían que ver con el cuidado, el diseño y la planificación de las cruzas entre razas, le permitió darse cuenta de que toda la gama de perros era la misma especie”.

En 1839 Darwin viajó por el mundo durante cinco años, en la embarcación Beagle por invitación de uno de sus profesores en Cambridge. Una de las prácticas de este tipo de viajes de la marina inglesa de la época, era llevar un científico o naturalista encargado de registrar lo sucedido, a través de notas, y a un pintor para ilustrar los diferentes escenarios visitados.

En palabras del experto en la demografía y ecología de poblaciones de plantas, Darwin se inspiró en libros de viajes como El increíble viaje de Alexander Von Humboldt al corazón de la naturaleza para realizar su recorrido. “La mayor parte de esos cinco años la pasó en tierra, caminando, haciendo largas excursiones y así fue como conoció una gran parte de América del Sur, particularmente el sur de Brasil.

“Él no llevaba aparatos para medir el DNA de nadie, cosas gigantescas, ni aparatos impresionantes, su herramienta fue un microscopio sencillo, una pistola, un aparato para medir los anillos de los árboles, una brújula, cuadernos de notas y el más importante, el cerebro. Su enorme capacidad de observación y de síntesis de lo que veía”.

Para el biólogo mexicano, el contacto de Darwin con los pinzones de las islas Galápagos fue elemento importante de la revolución en la cabeza del naturalista y de su concepción de las relaciones entre organismos e inmutabilidad de las especies. Entre las musas del científico inglés también se encontró la pobreza y el hambre de la gente, de la cual concibió la idea de que las poblaciones de organismos vivos tienen una capacidad de crecimiento exponencial que no se logra debido a que los recursos y alimentos tienen una capacidad de crecimiento aritmético.

“Lo anterior fue el eureka de Darwin, le dio la clave que marca la relación entre los organismos y su medio ambiente y que tiene que ver con la disponibilidad de los recursos, la disponibilidad de parejas para aparearse, los espacios para anidar, el número de presas para los depredadores, entonces hay una idea de un control natural biológico del tamaño de las poblaciones”, puntualizó el colegiado.

Agregó que los elementos centrales de la evolución orgánica son: que todas las especies dejan más progenie que la necesaria para simplemente reponer los números de los padres; que los recursos no son suficientes para abastecer las necesidades de cada individuo; que algunos individuos tienen mayor probabilidad de sobrevivir y reproducirse; y que la proporción de individuos bien adaptados tenderá a aumentar.

“No hay tal cosa del eterno bien adaptado, sino la oportunidad de que las características genéticas de cada individuo vayan adaptándose a las diferentes situaciones y esto requiere del proceso aleatorio de las características de cada población, esa es la esencia de todo esto”.

El investigador ejemplificó el proceso de selección natural con la resistencia a los antibióticos, un serio problema de salud en el mundo, que muestra la velocidad de reacción de las bacterias. Las bacterias que no mueren con el antibiótico se quedan en el organismo, reproducen y generan un grupo de resistencia y así una y otra vez.

Entre los ejemplos de la evolución que rodean al ser humano se encuentran la domesticación de plantas como el maíz, que con un trabajo de seis mil años se tienen ahora sesenta variedades de este cultivo; también se encuentra la domesticación de animales y la resistencia a los insecticidas que actúan como un elemento de selección negativa.

El doctor Sarukhán describió que existe una amplia gama de áreas de ciencia que proveen evidencia de la evolución como el registro fósil, la anatomía comparativa, la embriología comparativa, la biología molecular, la genómica y la biogeografía. Y entre los retos que derivan del proceso de cientos de millones de años de evolución que incluye a los seres humanos, se encuentra el de pensar en el futuro del planeta ya no como individuos, sociedades o familias, sino como una entidad biológica y taxonómica específica llamada Homo Sapiens. “No estoy minimizando a nuestra especie, la pongo en su lugar”.

Detalló que “estamos hechos de naturaleza, de los mismos materiales químicos, de DNA que nos identifica como especies y por eso la naturaleza nos puede reconstituir los tejidos, se vuelve parte de nosotros y puede influir en cómo somos”.

Sugirió que “la única concepción ética que tiene elementos de relación de respeto al entorno ambiental y a nuestra especie es comportarnos como una especie biológica, entender que somos producto del mismo proceso evolutivo y hemos generado la capacidad de modificarlo profundamente, ahora con las tecnologías desarrolladas que nos permiten crear nuevas formas de vida, lo que requiere responsabilidad y consenso social”.

Fuente: El Colegio Nacional

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