A finales del 2019 inició un serio problema de salud pública en la región de Wuhan en China asociado a la infección viral por un coronavirus (SARS-CoV-2 o COVID19) lo que provocó una pandemia internacional cobrando miles de vidas en el mundo. Además del impacto que ha tenido la pandemia en la salud pública y en la economía global, la crisis sanitaria ha afectado al sector agroacuícola indirectamente, ya sea por cierre de fronteras, nuevos protocolos de exportación/importación de insumos y en la falta de jornaleros a través de las fronteras. Esta situación tiene y tendrá un fuerte impacto en la disponibilidad de alimentos y comprometerá la seguridad alimentaria en las comunidades más vulnerables en varios países, afectando no solo su economía, sino también la disponibilidad de alimentos, dejando vulnerables estas comunidades, tanto por la falta de alimento, así como por la desnutrición ya existente. La OMS reconoce que la desnutrición es una variable relevante en la susceptibilidad a enfermedades virales y bacterianas. La nutrición es un factor relevante en la confluencia de las enfermedades virales además de que, aunado a esto, ya se tienen más evidencia de que la enfermedad de COVID-19 causada por el virus SARS-CoV-2 tiene sus efectos más graves en la población con prevalencia de Enfermedades Crónico Degenerativas (ECD) relacionadas con hipertensión, diabetes y obesidad entre otras, todas correlacionadas con la dieta. De acuerdo con la OMS las ECD, reconocidas como enfermedades de comunicación no obligatoria (NCD), constituyen la principal causa de muerte a escala global (71%), principalmente en Países de ingresos bajos y medios; en México las ECD representan el 80% de la mortalidad total por su alta prevalencia (WHO 2018). La pandemia COVID-19 y los factores de comorbilidad asociados, nos ofrece la oportunidad de reconocer a las ECD como epidemias silenciosas relacionadas, que ya existían antes de la pandemia COVID-19, y en México están implicadas como cofactores principales de morbilidad. También es reconocido por la OMS que uno de los 10 factores principales que incrementan el riesgo de las ECD lo integran las dietas no sanas (malnutrición y la desnutrición), en México se relacionan directamente con un consumo diario per cápita de frutas y verduras de 206 g por habitante, aun cuando la OMS ha recomendado un consumo mínimo de 400 g por habitante.

Al respecto nuestro grupo de investigación (Microbiología Ambiental) en una sinergia estratégica con el grupo de Integración Agroacuícola (CIBNOR) ha desarrollado una nueva tecnología para facilitar el acceso a un sistema productivo de alimentos vegetales nutracéuticos que benefician la salud (específicamente seleccionados por su alto contenido en pigmentos, polifenoles, fitoquímicos y contenido de minerales minerales) y proteína de alta calidad (cultivo de Oreochromys niloticus), este desarrollo ya está probado en un ambiente real y se encuentra en vías de ser transferido al sector social.

Un sistema productivo para nutrición

El sistema de cultivo integrado propuesto abarca varios aspectos tecnológicos disruptivos, tales como: (i) reducir el consumo de agua del sistema, (ii) reducir las emisiones nitrógeno y fósforo haciendo el sistema altamente sustentable, (iii) reducir considerablemente el uso de energía eléctrica para su operación, (iv) evitar el uso de insecticidas, antibióticos, antivirales, hormonas y organismos genéticamente modificados, (v) reducir el costo de inversión para el establecimiento del sistema, (vi) acoplar esta tecnología para que sea operada por operarios con nulo o poco conocimiento en acuacultura, (vii) establecer un sistema de cultivo agro-acuícola que puede ser acoplado perfectamente a zonas urbanas, semi-rurales y rurales en forma de módulos para un escalamiento de acuerdo a las necesidades de la comunidad a atender, así como su poder de financiamiento.

En este sistema se adaptó la tecnología para que pudiera ser operada por mujeres y jóvenes. La razón principal de esto fue que en las secciones poblacionales pertenecientes a las clases sociales vulnerables la mujer representa una enorme fuerza de trabajo que no ha sido insertada de manera relevante en la producción de alimentos (agricultura y acuicultura). Además, que la mujer tiene una relación directa y activa en la nutrición infantil. Paralelamente, al integrar a la mujer al sector agro-acuícola en la producción de alimentos con el fin alcanzar la seguridad alimentaria, se puede influir positivamente en el tipo de alimento que estas producen y que tenga altos valores nutracéuticos para mejorar significativamente el estado de salud de los niños y esto podría tener un impacto a largo plazo en la prevención de las enfermedades crónico degenerativas.

Este proyecto contempla una nueva aproximación tecnológica y científica donde los sistemas agro-acuícolas han pasado por un proceso de tecnificación adaptada para entrar a un sector socioeconómico vulnerable, además de considerar el cultivo de especies con alto valor nutricional para impactar directamente a las familias de las productoras, empoderándolas y mejorando la nutrición infantil y reducir a largo plazo el desarrollo de enfermedades crónico degenerativas como son la diabetes, hipertensión y la obesidad mórbida, la cuál afecta en gran medida a este sector poblacional, debido a la falta de conocimiento en parámetros nutricionales adecuados y en la accesibilidad de alimentos. A diferencia de otro tipo de sistemas que contemplan la producción de alimentos con alto valor agregado para estimular la economía familiar a través de los mercados nacionales e internacionales, ésta contempla un modelo de negocios donde los productos generados se insertarán directamente en la economía familiar, independientemente de la cadena de valor comercial, permitiendo seleccionar las especies a cultivar en relación con su valor nutricional y no a su valor comercial. La OMS establece que cuando hay emergencias sanitarias y el suministro de alimentos es incierto, la higiene, la inocuidad y la nutrición a menudo se ven desatendidas y entonces las poblaciones más vulnerables adoptan dietas menos nutritivas y consumen alimentos menos inocuos.

Apropiación social del conocimiento para la equidad

En esta propuesta, la adopción de la tecnología por parte de los operarios, contempla la inserción de la mujer como una estrategia clave para reducir la inequidad existente en el sector agroalimentario y al mismo tiempo incrementar el acceso a los alimentos a sectores vulnerables durante emergencias sanitarias, tal como se está viviendo actualmente con el COVID-19. Por ello, hemos desarrollado un nuevo concepto basado en el desarrollo de una tecnología adaptada para operadoras unitarias denominado Womanwise Aquaculture Technology o WAT -por sus siglas en inglés- que va más allá de la tecnificación productiva, pues contempla algunos factores esenciales para la adaptación tecnológica: la adquisición de conocimiento, la adaptación de procesos productivos, la formación continua y conocimientos en bioeconomía y nutrición. La WAT implica una serie de protocolos productivos que permiten en un solo invernadero tener varias operarias individuales que puedan producir alimentos diversificados (varias variedades de vegetales) y proteína de alta calidad a partir de la Tilapia. Para lograr esto, se tuvieron que hacer modificaciones relevantes en el sistema, pasando de un sistema de acuaponia tradicional (complejo y costoso) a un sistema de biofloc con hidroponia. El sistema BFT o de cultivo de Biofloc permite reducir el 90% menos agua que un sistema equiparable con los mismos valores productivos de igual manera este permite producir 1 Ton de peces de talla comercial en 10 unidades productivas de 1 m3, con el agua residual de esta producción de peces se pueden tener hasta 8 cosechas mensuales de los siguientes vegetales de crecimiento rápido: arúgula, lechuga sanguina, PakChoi, espinaca, acelga, romero, albahacar, cilantro, perejil, pepino, salicornia: cada cosecha corresponde a un total de biomasa vegetal de 400 Kg por mes por las 10 unidades productivas vegetales (Fimbres-Acedo et al., 2020). Adicionalmente el sistema permite utilizar el agua residual del sistema hidropónico (que sigue conteniendo valores importantes de NPK) para el establecimiento de hortalizas con vegetales de alto valor calórico como zanahorias, tomates, papas, calabazas y maíz. Las unidades productivas de vegetales no están en recirculación con los peces por lo que se permite tener una amplia diversidad vegetal en comparación con la acuaponia clásica. Para el cultivo vegetal de este sistema utiliza la tecnología hidropónica de NFT (nutrient film technology), la cual permite modificar el agua residual de los peces de manera independiente, permitiendo tener una gama amplia de diferentes especies vegetales cultivados de manera ecoeficiente y biosegura (Fig. 1).

El camino de la innovación

Para lograr esto, se realizó en el sistema el establecimiento de diversos consorcios de bacterias benéficas y de microalgas dulceacuícolas para biorremediar el agua y tener un efecto bioestimulante en las plantas. El sistema ha sido ya validado durante 6 ciclos productivos totales y toda la biomasa vegetal y peces ha sido donado para organizaciones de sectores vulnerables de la población (ancianos y niños).

Figura 1. Sistema agroacuícola integrado BFT-NFT de cultivo de Tilapia en tecnología de biofloc (BFT) e hidroponía (NFT) para el cultivo de diversos vegetales con alto valor nutracéutico para recuperación de aguas residuales y producción de proteína de alta calidad

De forma más reciente, también hemos abordado la problemática de la falta de ácidos grasos esenciales en la tilapia, particularmente los omega 3 de cadena larga, tales como el ácido docosahexaenoico (DHA o 22:6n-3) en colaboración con la Dra. Elena Palacios (Programa de Acuacultura, CIBNOR) a través de la formulación de nuevas dietas y alimentos balanceados para la especie. Los omega 3 no los pueden sintetizar los humanos y representan una de las deficiencias nutricias más importantes en nuestro país. Esto cobra importancia durante la pandemia del COVID-19 dado que una dieta rica en omega 3 disminuye la incidencia de enfermedades inflamatorias como la obesidad, diabetes tipo II, aterosclerosis, hipertensión, alergias, asma y enfermedades autoinmunes (WHO, 2020). Esto se debe a que una alta tasa de omega 3 en relación a omega 6 impiden la formación de eicosanoides y la cascada de interleucinas (Simopoulos, 2016), que es la principal causa de muerte con COVID-19.

Finalmente, se escogió BCS para la implementación del proyecto piloto ya que este estado es reconocido por su inaccesibilidad en alimentos, por haber una falta de desarrollo agrícola y acuícola (en comparación con Sinaloa y/o Sonora) y falta de oportunidades de empleo en la cadena alimentaria. Además, de que en esta zona existen retos grandes como la disponibilidad al agua, lo costoso del combustible y una economía principalmente sustentada en el turismo, la cuál es una de las industrias que más se ve afectada durante un proceso de emergencia sanitaria (como se encuentra ocurriendo con la pandemia ocasionada por el COVID-19). Finalmente, BCS es un área de México donde residen gran número de inmigrantes del norte y sur de México, por lo que la situación sanitaria ha puesto y comprometido el trabajo de estas personas en la frontera con EU, debido a esto como cualquier estado en la frontera es necesario que se logre la independencia alimentaria en sectores de la población que de una u otra manera dependen de las divisas para poder cubrir los gastos más básicos. Sin embargo, se buscará la manera de transferir esta tecnología a otras regiones de Mexico, dada la flexibilidad de este tipo de sistemas productivos. Para lograr este proyecto se estableció una alianza fuerte con diferentes agencias no-gubernamentales como BCS-FSA (BCS Food Security Alliance), Raíz de Fondo, A.C y ICF-BCS, las cuales actualmente proporcionan alimento a diversos comedores infantiles en BCS para niños, sus familias y ancianos. A través del proyecto que se está proponiendo se podrá establecer un sistema de producción directamente insertado en dichos comedores. Si bien, se había considerado el hecho de que el sistema pudiera ser transferido a familias individuales, para este proyecto se está proponiendo un modelo de transferencia tecnológica diferente, donde la idea es que las operarias dirijan la producción a través de capacitaciones y apoyo técnico. El grupo de investigación todavía se encuentra en búsqueda de financiamiento, sin embargo, se tiene la confianza de que pueda ser exitoso y contribuir de manera tangible a la nutrición de los mexicanos y mexicanas que sufren de inseguridad alimentaria.

Como parte de este proyecto se reconoce la participación del Dr. Francisco Javier Magallón Barajas, la Dra. Elizabeth Fimbres-Acedo, la Dra. Rosalía Servín Villegas, la Dra. Luz Estela de-Bashan, la Dra. Melissa López Vela, la M.C Angelica Sarmiento y el Lic. Enrique Murillo Moreno y a la MC Cinthya Castro Igelsias por su valiosa participación en la edición del artículo.

Fuente: Cibnor

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