Saúl Chávez López (Cibnor)

El doctor en ciencias es investigador asociado "C", adscrito en la Coordinación del Programa de Planeación Ambiental y Conservación en el Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (Cibnor). Contacto: Cinthya Castro, en el correo Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

El territorio nacional está compuesto por una diversidad de ecosistemas terrestres, marinos y costeros cuyos procesos sostienen actividades económicas y asentamientos humanos, así como una megadiversidad de flora y fauna que ha pasado a ser patrimonio de la humanidad. El incremento de la presión de extracción de recursos y el crecimiento de los asentamientos humanos en estos ecosistemas también origina una presión sobre tales recursos y sobre los servicios ambientales (servicios ecosistémicos), que se definen como las funciones de los ecosistemas que benefician y dan bienestar (bienes y servicios) a las personas y las comunidades. Dichas funciones se agrupan en cuatro grandes categorías; aprovisionamiento (como la producción de agua y de alimentos), regulación (control del clima y de las enfermedades), apoyo (para los ciclos de nutrientes y la polinización de cultivos) y cultural (beneficios espirituales y recreativos), cuyos provechos más elementales se plasman en el paisaje.

Aunado a la actividad antrópica, la afectación de procesos ecosistémicos esenciales también son provocados por eventos climáticos naturales, cíclicos o eventuales, que en sinergia tienen repercusiones en las actividades productivas regionales y la salud humana, tales como los causados por incendios forestales e inundaciones.

De manera particular, los ecosistemas costeros (la franja costera) son un medio conformado por ambientes sedimentarios con particularidades geomorfológicas y ecológicas particulares (playas, dunas, marismas, pantanos de manglar) que se regeneran constantemente mediante un intercambio energético tierra — océano — atmosfera, con un equilibrio muy inestable dado por el balance sedimentario; por lo anterior, suelen ser especialmente frágiles ante las alteraciones y modificaciones realizadas por el humano, ya sea de forma directa o indirecta, como las que se producen alejadas de la costa y cuya respuesta morfodinámica, generalmente, se presenta como procesos de erosión en la línea de costa.

Las principales evidencias de impacto ambiental en las costas mexicanas, se encuentra asociado a la tendencia de crecimiento poblacional; por ejemplo, en el periodo de 1900 a 1995, las localidades urbanas costeras en la República mexicana aumentaron de 9 a 175, cuya población, entre los años de 1940 — 1995, pasó de 606 mil a 12.7 millones de habitantes (Gutiérrez y González, 1999), de tal manera, que en el año 2005 la población total de los 156 municipios con frente litoral ubicados en 17 de las 32 entidades federativas de la República mexicana fue cercana a los 16 millones de habitantes (Azuz y Rivera, 2009).

Dicha tendencia ha ocasionado que los núcleos urbanos carentes de planificación y ordenamiento modifiquen el paisaje mediante cambios de uso del suelo, ocasionando la fragmentación o pérdida de los ambientes costeros (marismas, manglares, playas y dunas), así como la pérdida de la biodiversidad y de flujos y ciclos naturales, como los sedimentarios, nutrientes e hidrológicos, lo cual se agrava con la perspectiva individualizada de los usuarios directos o indirectos de la franja costera, los cuales anteponen sus intereses y necesidades sobre el resto de las partes, generando conflictos derivados de las interrelaciones de su uso y manejo, reduciendo las opciones para un desarrollo sustentable de la franja costera.

Dado que el incremento de las áreas urbanas costeras se continuará dando, es preponderante sopesar, mediante el análisis de los servicios ecosistémicos, la conservación de marismas, manglares, playas y dunas, cuyo buen uso y manejo son factor de desarrollo sustentable económico y ambiental, para evitar que las ganancias no solo sean para unos cuantos, sino que además se traduzcan en beneficio para la Nación.

Citas

Azuz Adeath, I., y Rivera Arriaga, E. (2009), Descripción de la dinámica poblacional en la zona costera mexicana durante el periodo 2000-2005. Papeles de Población, 62, 75-107. Recuperado de http://www.scielo.org.mx/pdf/pp/v15n62/v15n62a3.pdf

Gutiérrez de MacGregor, M. T., y González Sánchez, J. (1999), Las costas mexicanas y su crecimiento urbano. Investigaciones Geográficas, Boletín 40, 110-126. Recuperado de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S0188-6111999000300009&script=sci_arttext&tlng=pt

Fuente: México es Ciencia

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