La COVID-19 ha modificado la dinámica social en el mundo.  Existe el reto de volver a funcionar, pero ahora bajo un esquema cauteloso, de forma distinta a la previamente existente, con un cambio de actitud que considere las prioridades individuales y colectivas.

En la educación tiene que existir un cambio hacia un nuevo paradigma.  A partir del proceso de aislamiento social, el profesorado ha continuado con la enseñanza de manera virtual.  La educación a distancia no es nueva; ha sido impulsada hace más de dos décadas.  Si bien las instituciones de educación en México han hecho esfuerzos por transformarse en esa dirección, los resultados no han sido del todo satisfactorios.

La incorporación de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) a la enseñanza, se han centrado más en el uso de tecnologías que en la innovación de la educación misma.  En la formación a distancia la problemática incluye el desconocimiento, indiferencia y falta de motivación para capacitarse e incorporarse a una nueva visión en la educación.  A la marcada diferencia generacional informática, se le suma la brecha socioeconómica, el acceso limitado o nulo a recursos digitales y la falta de servicios en zonas marginadas.  Esto complica aún más la educación a distancia.

Antes de la COVID-19, las TIC se utilizaban para apoyar clases presenciales y promover la comunicación e interacción.  Las TIC favorecen el trabajo en equipo sin invertir tiempo y recursos en traslados; sin embargo, reduce las interacciones sociales y fomenta el individualismo.  Ante esta nueva realidad: ¿Qué cambiará en los procesos de enseñanza-aprendizaje, particularmente en ciencias como la Biología, donde además de las actividades presenciales, se llevan a cabo prácticas de laboratorio y salidas de campo? ¿Qué cambiará particularmente en el estudio en áreas como la  ecología, evolución, conservación y sistemática, entre otros? ¿Cómo impulsar el estudio de la naturaleza en las nuevas generaciones por vía remota? La nueva cotidianidad exige una nueva forma de relación con el ambiente para evitar otras pandemias.

La enseñanza de las ciencias biológicas y sus áreas de conocimiento se aborda con dos componentes centrales.  El teórico-conceptual, impartido mediante la cátedra, la investigación, la discusión de lecturas, la elaboración de ensayos y el análisis epistemológico.  Este componente puede ser abordado en la educación a distancia con menores limitaciones.  El otro componente es el práctico, sensorial y de desarrollo de habilidades, cubierto con prácticas de laboratorio y actividades extramuros, donde el proceso de enseñanza sale del aula para vivir una experiencia biológica.

La educación a distancia será el quehacer diario, durante y después de la pandemia.  Las herramientas de apoyo existen; sin embargo, las actividades deberán ser planteadas considerando la factibilidad de realizarlas y las habilidades que el estudiante requiere para lograrlas.  En este paradigma emergente, las adecuaciones sustanciales serán en los tópicos de laboratorio y en “extramuros”, como el trabajo de campo indispensable para los mastozoólogos.  La docencia extramuros, permite conocer la diversidad biológica y observar directamente la situación real de los ecosistemas.  Se aprende a manipular a los organismos, lo que permite tener una visión tridimensional, contacto físico y el uso de los cinco sentidos que crean una imagen mental multidimensional, integral y holística.  Si bien algunas de estas condiciones pueden replicarse por realidad virtual o simulaciones computarizadas, los procesos de aprendizaje más profundos que logran las actividades extramuros, estarán ausentes; lo que tendrá efectos en la formación de futuros biólogos.

Las actividades extramuros implican interacciones sociales, logística, planeación, organización, relaciones interpersonales y trabajo en equipo.  Permite experimentar la adaptabilidad a condiciones no óptimas y con diversas carencias.  El alumno aprende de la experiencia del catedrático y enfrenta a la naturaleza.  Los profesionistas que las han realizado mantienen el recuerdo de ellas incluso por encima de las actividades intramuros y en ocasiones definen el quehacer profesional, sobre todo en los mastozoólogos. El trabajo de campo permite al docente enseñar procesos que de otra manera son difíciles o imposibles de obtener en un salón de clases o con la educación a distancia.

Las asignaturas de las ciencias biológicas van a cambiar y aunque no se sabe de qué manera, probablemente lo harán en una medida aún no dimensionada, sobre todo aquellas relacionadas con la práctica y el conocimiento sensorial de la Biología ¿Cómo serán los próximos especialistas de la Biología? Probablemente muy activos en la teoría.  Sin embargo, debe evitarse que su formación sea sin la base “manual” y ajena a la realidad de los ambientes.  México requiere profesionistas de campo que atiendan las demandas del sector ambiental y social del país: interacciones naturaleza-humano, desarrollo tecnológico-preservación del ambiente, infraestructura-conservación de las especies y sustentabilidad, entre otros.  Es indispensable que los nuevos profesionistas atiendan de manera integral la compleja dinámica de los ambientes y tengan capacidad para solucionar los requerimientos de los sistemas humanos-biológicos y los procesos para conservar y manejar la biodiversidad.

Javier Enrique Sosa-Escalante1, Sonia Gallina2, Enrique Martínez-Meyer3, Patricia Cortés-Calva4, M. Cristina Mac Swiney G.5, Luis Ignacio Iñiguez-Dávalos6, Juan P. Gallo-Reynoso7, Alina Gabriela Monroy-Gamboa4, Jorge Servin8, Gerardo Sánchez-Rojas9, José Antonio Guerrero10, Elizabeth Arellano10, Miguel Briones-Salas11, y Sergio Ticul Álvarez-Castañeda4*

*corresponde autor

Contribución multiinstitucional y multidisciplinaria. 1Grupo DIMYGEN Laboratorio-Centro para la Gestión de la Sustentabilidad, Mérida, Yucatán. 2Instituto de Ecología, A. C., Xalapa, Veracruz. 3Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad de México. 4Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste, S. C., La Paz, Baja California Sur.  5Universidad Veracruzana, Xalapa. Veracruz. 6Universidad de Guadalajara, Autlán de Navarro, Jalisco. 7Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, A.C., Guaymas, Sonora. 8Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, Ciudad de México. 9Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, Pachuca, Hidalgo. 10Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Cuernavaca, Morelos. 11Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional, unidad Oaxaca, Oaxaca.

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