Alejandro Molina Villegas (CentroGeo)

El doctor es catedrático Conacyt asignado al Centro de Investigación en Ciencias de Información Geoespacial CentroGeo. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

En múltiples ocasiones, lo que publicamos en las redes sociales puede llegar a ser violento contra las mujeres. A veces, ni siquiera nos damos cuenta de ello o, si lo percibimos, nos parece hilarante porque la violencia está oculta tras el humor de una frase que consideramos “ingeniosa” o de un meme. Pero, como sucede en otros discursos de odio, la misoginia se naturaliza en estos medios cuando, día a día, se favorece su reproducción y la permanencia de una cultura de desigualdad y violencia por razones de género, en la que las mujeres son discriminadas y violentadas de manera impune.

En este sentido, cabe hacer una reflexión acerca de cómo se manifiesta la misoginia en las redes sociales y cómo la violencia contra las mujeres se construye lingüísticamente a través de palabras que en conjunto generan discursos discriminatorios y de odio contra ellas. Este fenómeno es investigado en México por un grupo multidisciplinario e interinstitucional de científicos integrado por Alejandro Molina, Perla Fragoso, Oscar S. Siordia, Georgina Barraza, Pablo López, Rosa Peralta, Gandhi Hernández y Mario Chirinos.

La violencia en palabras sucede cuando se codifica la agresión contra las mujeres a través de palabras u otras construcciones lingüísticas. Expresiones en Twitter como “una perra menos” son misóginas porque se refieren a una mujer de manera despectiva, despreciativa y denigrante. Publicar este tipo de expresiones en las redes sociales es violencia activa, y es muy abundante en México de acuerdo con los resultados preliminares del proyecto titulado “Misoginia en pocas palabras: Identificación y análisis de violencia escrita contra las mujeres en textos cortos de Twitter”.

Desde el punto de vista lingüístico, llama la atención que la sexualidad de las mujeres genera una gran cantidad de léxico negativo a diferencia de lo que sucede con la sexualidad de los hombres, en la que el léxico privilegia en términos positivos el desempeño sexual o la aceptación social. El léxico generalizado se centra en rechazar y despreciar a aquellas mujeres que ejercen libremente su sexualidad: zorra, buscona, cualquiera, calientahuevos y, por supuesto, puta.

En el desarrollo de la investigación se ha encontrado que otro elemento recurrente en el discurso de odio contra las mujeres es el de su descalificación intelectual, pues las palabras pendeja y loca aparecen constantemente para referirse a ellas. La figura[1] 1 muestra las 10 palabras más utilizadas en 17 mil 666 tuits clasificados como misóginos por un algoritmo desarrollado por el equipo de científicos del área de Geointeligencia Computacional de CentroGeo.

Las palabras utilizadas en el discurso misógino, colocan a las mujeres en un espacio de inferioridad, inmadurez e irracionalidad, de modo que el lenguaje se convierte en una forma de violencia cultural y violencia estructural. El sociólogo y pacifista Johan Galtung señala que la violencia cultural, a través de discursos e ideologías de odio como el racismo, la xenofobia y la misoginia, impacta profundamente en la desigualdad social, pues legitima -mediante la descalificación-, la desigualdad entre personas con distintos fenotipos, nacionalidades, sexos y géneros. A la vez, al naturalizar creencias sobre la condición inferior de las mujeres, el lenguaje reproduce la violencia estructural.

Muchas de las palabras del léxico misógino forman parte de los lemas del Diccionario Tabú (en proceso, Siglo XXI Editores), a cargo de Georgina Barraza, académica de la UNAM, han sido utilizadas por investigadores de CentroGeo y CIESAS como palabras semilla en un proceso sofisticado de minería de datos que ha permitido entrenar un modelo de clasificación automática a partir cientos de miles de tuits georeferenciados de todo el país para buscar la relación entre factores sociodemográficos y misoginia. En el mapa de la Figura 2 se muestra la proporción de tuits misóginos por entidad geográfica en el territorio nacional para una muestra de 146 mil 469 tuits de los cuales 17 mil 666 fueron identificados automáticamente como misóginos en el periodo de septiembre 2017 a octubre 2018.

Figura 2. Proporción de tuits misóginos por entidad geográfica en el territorio nacional para una muestra de 146 mil 469 tuits de los cuales 17 mil 666 fueron identificados automáticamente fueron identificados automáticamente como misóginos en el periodo de septiembre 2017 a octubre 2018.

Con motivo del reciente “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”, los científicos del área de Geointeligencia Computacional han generado también una visualización animada de las voces misóginas y su distribución geográfica; en la cual se ubican las voces misóginas en la entidad geográfica donde se emitió el comentario (http://mid.geoint.mx/MAPS/misoginiamap/).

Los científicos resaltan que algunos tuits, no necesariamente identificados como misóginos, integran expresiones profundamente arraigadas en el lenguaje e involucran, a su vez, la naturalización de estereotipos de género que favorecen la denigración, el menosprecio, la cosificación y la violencia contra las mujeres: “¡puta madre!” resulta misógino porque presenta el estereotipo polarizado de las mujeres, expresado en la pureza casi virginal representada por la madre frente a la mácula de la mujer que ejerce su sexualidad de forma libre, simbolizada por la puta. La primera merece respeto y dignidad, la segunda, lo contrario. De modo que al referirse a la madre como una puta, como su estereotipo contrario, se entiende que hay una ofensa implícita.

Es importante analizar el impacto de los discursos misóginos en nuestra sociedad y preguntarnos si lo que posteamos en redes sociales es misógino ya que en México el problema de la violencia contra las mujeres es grave. Según el Diagnóstico de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH, 2017), de 12 feminicidios al día, en América Latina siete ocurren en México.

Las razones de género describen las desigualdades históricas entre hombres y mujeres que han creado la discriminación de estas últimas y que se traducen en relaciones de abuso, de control, de dominación y de subordinación de las mujeres. Lo anterior se funda en una concepción misógina de la mujer que es necesario combatir.

Fuente: México es Ciencia

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