Desde el Laboratorio de Ecología y Conservación de Fauna Silvestre en la UNAM ha diseñado estrategias de conservación de especies como el jaguar y el perrito de las praderas

Hay libros que provocan ansiedad. Otros son un resorte que impulsan a tomar acciones, a no quedarse con los brazos cruzados. Gerardo Ceballos experimentó estas dos sensaciones cuando, a los 11 años, leyó El último chorlito. La historia tiene como protagonista a un ave solitaria, la única representante de su especie. Esa lectura lo llevó a dedicar buena parte de su trabajo científico a diseñar estrategias para la conservación de animales en extinción.

Desde 1989, Gerardo Ceballos, doctor en biología evolutiva, dirige el Laboratorio de Ecología y Conservación de Fauna Silvestre del Instituto de Ecología de la UNAM. Desde esa trinchera, junto con su equipo, ha diseñado estrategias para que especies como el jaguar o el perrito de la pradera tengan un futuro. También ha impulsado la creación de varias áreas naturales protegidas, entre ellas las reservas de la biósfera Chamela-Cuixmala, en Jalisco; y la de Calakmul, en Campeche.

Estas fueron algunas de las acciones que la Indianapolis Zoological Society tomó en cuenta para seleccionar al investigador mexicano como uno de los seis finalistas del Indianapolis Prize 2020, uno de los más importantes reconocimientos en el terreno de la conservación.

Los otros cinco finalistas del premio —cuyos nombres se dieron a conocer el pasado 18 de febrero— son Dee Boersma, especialista en pingüinos; la bióloga marina Sylvia Earle; John Robinson, vicepresidente de la Wildlife Conservation Society; Christophe Boesch, quien trabaja en la conservación de los chimpancés, y Amanda Vincent, dedicada al estudio y protección de las 44 especies de caballitos de mar. El ganador se anunciará durante la primavera y la premiación se realizará el próximo 12 de septiembre.

Mongabay Latam conversó con el doctor Gerardo Ceballos sobre su trabajo científico y la crisis de extinción que tiene a muchas especies al borde de repetir la historia que se narra en El último chorlito.

En 2010 y 2014 también fue seleccionado como finalista del Indianapolis Prize. De hecho, varios de los investigadores con los que compite también han sido finalistas en otros años. Es un premio con mucha competencia.

El premio Indianápolis es considerado el mayor reconocimiento en conservación en el mundo. Es por esto que es un reconocimiento muy competido. El haber estado ya nominado, y el que me hayan vuelto a nominar como finalista, me da una gran satisfacción. Y esto por varias razones. La primera es porque soy científico, hago conservación y busco que eso se traduzca en política pública. No es fácil hacer las tres cosas. Creo que hay poca gente que hace eso en su conjunto.

En segundo lugar, la mayoría de los seleccionados son de instituciones de conservación muy grandes, que tienen muchos recursos. En mi caso represento a un grupo de trabajo pequeño, universitario. Eso me hace sentir muy satisfecho. Poder competir contra otros grandes conservacionistas a nivel mundial es un reconocimiento que me llena de gusto. Este es un reconocimiento a la UNAM y a la educación pública de México.

Me da una enorme satisfacción que, aunque sea solo uno, ya esté México y Latinoamérica representada en estos premios.

¿Cuál fue la primera especie en la que puso su interés científico?

Empecé estudiando murciélagos, pero después hice el doctorado con pequeños mamíferos. Sabía que si quería hacer trabajo de campo, debía elegir un grupo de estudio que tuviera muchos datos. Además, me interesaban los roedores.

Descubrí, en términos científicos, las praderas de Janos (en el noroeste del estado de Chihuahua) y me interesé por los perritos de las praderas. Ya había leído un artículo sobre esta especie escrito por Bernardo Villa (pionero en el estudio de mamíferos silvestres en México); pero no había más referencias. Así que decidí estudiarlos.

¿Cómo es que encuentra a las poblaciones de perritos de las praderas de Janos?

Estudiaba mi doctorado en Tucson, Arizona, en Estados Unidos. Cuando venía a México lo hacía manejando. En una de esas ocasiones pasé por Janos. Manejaba un auto Renault y con ese me metía a las praderas. Así fue como encontré a una de las colonias de perritos de las praderas cola negra (Cynomys ludovicianus) más grandes que aún quedaban en el planeta. Estaban en un pastizal gigantesco.

En esas mismas praderas encontramos una población de bisontes que iba y venía entre Estados Unidos y México. Al final, esa manada se quedó en Estados Unidos porque cercaron los terrenos en los que se quedaban cuando estaban en ese país.

Para conservar a esas praderas y las especies que ahí se encuentran fue que impulsamos la creación de la Reserva de la Biósfera de Janos. El área va de la parte plana, que son los pastizales, a la sierra, en donde se tiene presencia de osos y ahora también el lobo gris mexicano.

¿Por qué estaba en riesgo de perderse esa colonia de perritos de la pradera?

En México se comenzó a perder población de esa especie por muchas razones. Una de ellas es que se registró una sequía muy grande y eso llevó a que la población solo se encontrara en mil hectáreas. También pensamos que hubo una epidemia de peste porque, de un día para otro, desaparecieron. Hemos trabajado mucho para recuperar esta colonia y hoy se encuentra en una superficie de unas seis mil hectáreas. La población que existe es de unos cien mil ejemplares. El objetivo es que lleguemos a tener unas 15 mil hectáreas con presencia de perritos de la pradera.

¿Por qué es importante esta especie para la conservación de los pastizales silvestres que hay en Janos?

Cuando empezamos a estudiar a los perritos de la pradera se les consideraba una especie plaga. De hecho, en Estados Unidos los siguen matando (los envenenan). Pero nosotros empezamos a estudiarlos y en 1994 publicamos un artículo en donde mostramos que es una especie clave para este ecosistema. Son animales gregarios, viven en colonias muy grandes; son diurnos y tienen muchos depredadores: águilas, gavilanes, coyotes… Por ello, para protegerse, lo que hacen es que se paran en sus patas traseras y miran a su alrededor. Para poder tener una adecuada visión del terreno, destruyen el mezquite y los arbustos que invaden el área. Eso ayuda a mantener el pastizal.

Al hacer hoyos y madrigueras, los perros de la pradera remueven el suelo, permiten que se infiltre el agua y crean refugios para muchas otras especies: tortugas, roedores, serpientes de cascabel. La estructura del ecosistema gira alrededor de ellos. Si se pierden los perritos de la pradera, el mezquite invade los pastizales.

En Janos comenzó la reintroducción del bisonte hace poco más de una década, ¿cuáles han sido los resultados?

Reintrodujimos a una población pura de bisonte; en ese entonces llegaron 23 ejemplares, ahora hay más de 200. Así es que el programa ha marchado muy bien. Ahora, quisiéramos reintroducir al ciervo rojo. Hay registros de que esa especie se encontraba en la zona. Todavía hay un área muy grande que podríamos aprovechar. La idea es que, a lo mejor en esta década, podríamos tener todos los animales que alguna vez existieron en la zona.

¿Qué acciones se deben realizar para garantizar la salud de ese ecosistema?

En términos de biodiversidad es necesario evitar que siga la pérdida de pastizal, porque los menonitas han incrementado su presencia en el lugar y han devastado. No respetan reglas y hay mucha corrupción alrededor de todos los pozos de agua que han construido en la zona.

En los próximos cinco años, tenemos tres objetivos: que la población de perritos llegue a disponer de entre 10 y 15 mil hectáreas en la zona. Lo segundo es recuperar a la fauna grande, como la población de berrendos. Y lo tercero sería uno de los esfuerzos de restauración más grande del país: recuperar el pastizal en 50 mil hectáreas invadidas por el mezquite. Con nuestros estudios hemos aprendido cómo eliminar el mezquite y sembrar pastos nativos para recuperar el pastizal. Queremos proponer esta idea al gobierno federal. Si logramos poner en marcha esto, en cinco años podríamos recuperar esas 50 mil hectáreas.

¿Por qué Janos es un lugar clave en términos de conservación?

El desierto de Chihuahua es el último lugar en donde hay este tipo de pastizales en México. Y a pesar de que tenemos muchos problemas con el cambio de uso de suelo, sigue siendo la región mejor conservada del país. Además, las especies que ahí existen no se encuentran bien representadas en otras regiones de México.

¿Y qué lo llevó a trabajar con jaguares?

Empiezo con el tema porque unos cazadores se acercaron a preguntarme por qué no se podía cazar jaguares. Mi respuesta fue que estaban en peligro de extinción. Pero me puse a buscar información y encontré que había muy poca. Empecé a armar un equipo de trabajo que incluyó a diversos especialistas. Pero fue a raíz de que no había mucha información sobre esta especie que tiene una enorme relevancia en la cultura mexicana. Así que fue el primer mamífero grande con el que trabajé. En ese tiempo, la década de los años 90, comenzaban a utilizarse los estudios con radiocollares. Así que también eso fue un reto para mí.

Cuando ves a un jaguar en estado silvestre entiendes porque en el pasado fue tan venerado. Es un privilegio trabajar con un animal tan majestuoso.

Además del jaguar, ¿hay otras especies con las que están trabajando en el laboratorio que dirige?

Hay muchas. Queremos hacer la primera reintroducción de un pez que se extinguió y que nada más queda en zoológicos: el cachorrito de Monterrey.

Este año queremos ir a hacer una expedición a República Dominicana, a buscar al solenodón, mamífero que parece una musaraña gigante. Es un insectívoro y uno de los pocos mamíferos venenosos.

Usted ha impulsado la creación de reservas tanto públicas como privadas, ¿cuál debería ser el futuro de las Áreas Naturales Protegidas en México?

Las que existen tienen que consolidarse, pero también es necesario crear más reservas. Para ello, se tienen que buscar incentivos para los dueños de las tierras, como el pago de servicios ambientales o exención de impuestos. Es el momento de entender que las áreas protegidas y los ambientes naturales que quedan en México son fundamentales para mantener el bienestar del país.

Si perdemos el jaguar y otras especies estamos perdiendo la capacidad que tienen los ecosistemas de proporcionar servicios ambientales, como el agua.

¿Cuáles son los territorios que tienen que nombrarse como reserva?

Por ejemplo, para el tema de jaguares sabemos que en la costa es muy importante que pongamos más reservas en Sinaloa y en Nayarit. Es importante la zona de los Chimalapas, en Oaxaca. Y se debe ampliar Calakmul, en Campeche.

En algunos de sus artículos científicos señala que el tema de la extinción no debería enfocarse a especies, sino que se tendría que hablar de “extinción de poblaciones”.

Poner solo el énfasis en las especies es incorrecto. Si se extinguen los jaguares en México, no importa que haya en Brasil o Costa Rica, porque se pierde la estructura y su función en México. Si se pierde la Selva Lacandona, pues hay más selvas en otras partes del mundo. Entonces, ¿por qué hay que cuidar a la Lacandona o al jaguar de México? Porque las especies juegan un papel local y regional a través de sus poblaciones. A nivel regional tenemos que preocuparnos por la extinción de poblaciones. Y en ese tema lo que estamos viendo es que la crisis es gravísima.

Estamos haciendo nuevos análisis con la información de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y lo que esos datos indican es que se ha acelerado el ritmo de la extinción. En México estamos viendo que entre 40 y 45 % de los vertebrados tienen problemas de conservación.

¿Hay tiempo para revertir la velocidad con la que se están extinguiendo poblaciones de especies?

Tenemos poco tiempo. Somos la última generación que podemos hacerlo. Pero, por otro lado, creo que sí hay esperanza. Si somos catastróficos no vamos a lograr nada.

Además, hay muchas experiencias que han demostrado que es posible. En México, tenemos muchos casos de éxito de conservación: recuperamos el borrego Cimarrón, había menos de mil, ahora hay alrededor de 10 mil. También se recuperaron poblaciones de pecarís de labio blanco, de tortuga y de varias especies más.

Ahora trabaja en un proyecto que bautizó como “Stop Extinction”, ¿en qué consiste?

Es un proyecto muy grande, a nivel internacional, que estamos haciendo con Stanford y con una organización llamada Global Conservation. Tiene tres grandes objetivos: el primero es una base de datos pública sobre la distribución de los vertebrados en el mundo. Se va a desarrollar una aplicación para que esa información pueda consultarse. Además, en una sola página se podrá identificar a todas las organizaciones que estén trabajando, de una manera seria, con las diferentes especies.

Lo segundo es que queremos llegar acuerdos con varios países para implementar y apoyar acciones que eviten la extinción de poblaciones de especies.

El tercer punto será brindar información a la gente. Todo el mundo me pregunta qué podemos hacer para impedir que siga la extinción. Así que la aplicación servirá para guiar a la gente para que realice acciones concretas.

En México, Stop Extinction será mucho más detallado: vamos a mostrar todas aquellas especies que están en extinción y ayudar a impulsar proyectos para su recuperación.

¿Por qué me meto a mi edad a hacer una cosa tan complicada? Porque lo que yo quiero es salvar especies, esa es mi misión en la vida.

Fuente: es.mongabay.com

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