El pez tequila había sido considerado extinto, pero un grupo de científicos de la Universidad Michoacana y del Zoológico de Chester lo reintrodujeron en su hábitat

El picote tequila (zoogoneticus tequila), un pececito endémico del río Teuchitlán de Jalsico, volvió a nadar en su hábitat, gracias a las investigaciones desarrolladas durante dos décadas por parte de investigadores del Programa Institucional de Doctorado en Ciencias Biológicas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH).

Durante el proceso de recuperación de esta especie considerada extinta en la naturaleza, participaron estudiantes, profesores e investigadores de dicha casa de estudios, además de diversas instituciones nacionales e internacionales que lo financiaron, como el Zoológico de Chester, Inglaterra.

“Todo un gran equipo para lograr que un pequeño pececito regrese a su hábitat natural, esperando que no vuelva a desaparecer”, dijo la universidad en un comunicado.

La historia comenzó en 1998 cuando el Laboratorio de Biología Acuática comenzó a mantener en cautiverio las tres especies endémicas del río Teuchitlán.

El programa empezó con algunas pocas parejas que fueron donadas por el Zoológico de Chester, traídos a Morelia por el acuarista inglés, Ivan Dibble.

En 2012 surgió la idea de reintroducir a su hábitat original a “Zoogy”, como le llaman a este pececillo por su nombre científico: Zoogoneticus tequila.

Dos años después, el laboratorio constató que la población en el estanque crecía satisfactoriamente, por lo que iniciaron los trabajos de reintroducción de la especie a su hábitat natural.

El primer paso fue una extensa investigación de campo dentro del río Teuchitlán, en donde se evaluaron la limnología del río; abundancia, alimentación, ciclos de vida, y reproducción de otros peces del río; aspectos ecológicos como la competencia entre especies nativas y exóticas, parasitismo, redes tróficas; con estos datos se establecieron valores de calidad e integridad ambiental en diferentes zonas del río.

“Los resultados mostraron que, aunque las partes altas del río –zona de manantiales–, eran los sitios con mejor calidad ambiental para la reintroducción de estos pececitos, determinaron que para la reintroducción, las partes bajas presentaban la mayor diversidad y abundancia de zooplancton, fitoplancton e invertebrados, potencial alimento para Zoogy; aunque con una menor calidad ambiental, menor calidad del agua, pero con una mayor abundancia de especies no nativas.

Para reintroducir la especie, se llevó a cabo un proceso de desparasitación de los organismos a ser reintroducidos, “ya que no queríamos introducir nuevos parásitos al río”.

Antes de liberar los peces al medio, se realizaron experimentos preliminares en condiciones controladas, tanto en laboratorio como dentro del río.

A la par del proceso de investigación y reintroducción desarrollaron una estrategia de educación ambiental, la cual se enfocó en lograr la apropiación del proyecto por los actores locales, y con ello mantener el interés por la conservación del medio ambiente, en especial de los peculiares peces de la zona.

Además, los investigadores trabajaron en la concientización de los pobladores locales, elaborando murales en torno a la conservación del río y sus especies con la participación de muralistas, maestros y estudiantes de nivel medio básico.

También dieron cursos a docentes acerca de la incorporación de la dimensión ambiental en la currícula; talleres educativos y pláticas a estudiantes de nivel básico y medio superior, dando a conocer la importancia de los peces y el cuidado del medio ambiente, pues son ellos, la población local, los que podrán conservar el río y todas sus especies, incluyendo a Zoogy y a los demás pececitos.

Fuente: milenio.com

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