Las causas principales de la extinción son la fragmentación o pérdida de hábitats, junto con la caza (regulada e ilegal) y el tráfico de animales

Cada año se pierden de 15 mil a 60 mil especies en el mundo, debido principalmente a la destrucción de hábitats. México ocupa el quinto lugar en la lista de 17 naciones megadiversas, pero también cuenta con mil 573 especies en riesgo, por ello la conservación de hábitats naturales y la conservación de poblaciones son claves para conservar las especies animales en peligro, afirmó, Rafael Ojeda Flores, académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ) de la UNAM.

De las mil 573 especies en México consideradas en alguna categoría de riesgo, probablemente extinta en medio silvestre, en peligro de extinción, amenazadas o sujetas a protección especial dentro de la NOM-059: 194 son anfibios; 392, aves; 49, invertebrados; 291, mamíferos; 204, peces, y 443, reptiles.

De acuerdo con el académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, las señales de alarma de la conservación están prendidas y el reconocimiento de esta situación entre los ciudadanos es fundamental.

Innegable la crisis

“Ya no es posible negar que estamos frente a un par de crisis: la de biodiversidad y la climática, y para revertirlas tenemos un margen de acción que algunos especialistas estiman de 10 a 20 años máximo”. Y es que el tamaño de las poblaciones de numerosas especies disminuye rápidamente. Esta reducción del número de individuos y los cambios en la composición de las especies en las comunidades alteran las funciones de los ecosistemas y se pierden los servicios que ellos proveen.

Por ello, es muy importante enfocarse en la pérdida de funciones y en la disminución de las poblaciones, más que en las especies que se extinguen, explicó.

“Si esperamos hasta reconocer a aquellas especies que están en un grado avanzado de pérdida de diversidad genética y de ejemplares, las acciones que podremos desarrollar serán escasas y poco eficientes, con poca posibilidad de éxito”, advirtió el académico.

En México, el ejemplo de lo anterior sería el caso de la vaquita marina, de la cual se tiene un tamaño poblacional tan pequeño, que los esfuerzos por preservarla son insuficientes.

México es megadiverso

Por eso, “es un error enfocarnos en salvar especies cuando lo que tendríamos que hacer es recuperar poblaciones y conservar hábitats”, reiteró. El especialista destacó que México se ubica en el quinto lugar en la selecta lista de 17 naciones megadiversas (los cuales ocupan menos de 10 por ciento de la superficie del mundo, pero albergan 70 por ciento de las especies conocidas).

“En lo que concierne a los animales silvestres tenemos una posición privilegiada, pero ese honor va acompañado de una gran responsabilidad”, expresó. Agregó que México, por su particular historia biogeográfica, por contar con costas, selvas, bosques, desiertos, montañas, manglares, dos penínsulas y dos golfos, es poseedor de alta riqueza en fauna, con un número importante de especies endémicas, que solo existen en nuestro territorio.

Pérdida de hábitats

En la era moderna, la expansión de la población humana y sus patrones de producción y consumo afectan cada vez más los entornos naturales y las interacciones entre las especies.

Las causas principales del decrecimiento de las poblaciones y la extinción son la fragmentación o pérdida de hábitats, junto con la caza (regulada e ilegal) y el tráfico de animales.

A la extracción de especies silvestres de sus entornos naturales se suma el cambio climático, “una crisis climática, porque es impulsada por factores de origen humano y tiene un sentido de alarma, de urgencia”, y la introducción de especies exóticas, explicó Ojeda Flores.

En México, algunas de las mil 573 especies en distintas categorías de riesgo son el lobo mexicano, el loro cabeza amarilla, la totoaba, los monos saraguato y araña, las guacamayas verde y roja, el águila real, el flamenco americano, la iguana verde y las ballenas azul y jorobada. Cada una enfrenta problemáticas distintas.

Por ejemplo, los ganaderos matan jaguares porque se comen a las crías del ganado, mientras que los ajolotes sufren la reducción y contaminación de su hábitat por la presión de la urbanización sobre el lago de Xochimilco.

Por ello, en los complejos trabajos de conservación se requiere la participación de biólogos, ecólogos, veterinarios, antropólogos, sociólogos, educadores, entre otros.

“Como ciudadanos nos toca estar informados y modificar nuestros patrones de consumo de alimentos, dispositivos de informática y comunicación, etcétera, por otros más sustentables; evitar el comercio de fauna silvestre para consumo o animales de compañía no convencionales; y presionar para que se desarrollen políticas públicas ligadas a la protección del ambiente, la producción de energías limpias y de alimentos agroecológicos”, destacó el académico.

Fuente: debate.com.mx

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