Los expertos asocian estas luces con la carga de energía que se libera durante el terremoto

Un seísmo ha sacudido la noche de este martes el centro de México y ha dejado al menos una persona fallecida y múltiples daños materiales en Acapulco, en el Estado de Guerrero, cerca del epicentro del terremoto. El movimiento tectónico de magnitud 7,1 ha provocado destrozos y ha dejado ver unos brillantes destellos en el cielo conocidos como “luces de terremoto” (EQL, por sus siglas en inglés). Expertos consultados por EL PAÍS coinciden en que el fenómeno se debe a la liberación de energía antes, durante y después del temblor. La luz que ha podido observarse hoy sobre el cielo de Ciudad de México y Guerrero aparece sobre las áreas donde hay estrés tectónico, actividad sísmica o erupciones volcánicas.

“La interacción del movimiento del suelo con la atmósfera es real. Hay registros que muestran que con un sismo se pueden producir perturbaciones dinámicas y señales electromagnéticas”, explica Víctor Manuel Cruz, sismólogo del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En medio de una noche lluviosa, hay quienes han podido confundir el fenómeno con relámpagos o fallas en el sistema eléctrico, pero en realidad se trata de un “efecto luminoso no cuantificable”, como explicaba el científico del Instituto Geominero de España, Miguel Ángel Rodríguez, a Verne cuando se produjo el trágico terremoto del 19 de septiembre de 2017, en el que murieron 350 personas. Aunque la ciencia no ha dado una explicación concluyente sobre este fenómeno aéreo luminoso, los razonamientos más extendidos se decantan por la carga de energía que se libera durante el seísmo. Algo que estudia la triboluminiscencia, relacionada con la emisión de luz posterior a la deformación, fractura o estrés térmico de algunos materiales.

Cuando una onda sísmica golpea el suelo y se produce una falla, la fricción generada con algunas rocas como el basalto puede provocar en su superficie corrientes eléctricas que se expulsan a la superficie. En ese momento aparecen las descargas que se aprecian en el cielo. De hecho, la gama de colores que puede apreciarse, según los registros históricos, va desde los tonos azules, violetas o blancos, mismos que las corrientes eléctricas.

Los especialistas comentan que estas luces, igual que la emisión de vapor de agua en determinadas zonas de la superficie terrestre, puede ser una de las formas de predecir un terremoto, incluso con semanas de antelación como hizo la Sociedad Sismológica de Estados Unidos en 2014.

¿Otro terremoto el 7 de septiembre?

El 7 de septiembre de 2017, México vivió el mayor seísmo en los últimos 100 años. Un terremoto de magnitud 8,2 que dejó pérdida de vidas humanas y múltiples destrozos en el istmo oaxaqueño. Una semana después, el temblor del 19 de septiembre repetía, como en una broma macabra, la desgracia que la Ciudad de México había vivido 32 años antes, el mismo día de 1985. Víctor Manuel Cruz señala que el terremoto de este martes ha ocurrido en el límite de lo que se conoce como la brecha sísmica de Guerrero, misma que no se había roto desde 1962. El fenómeno de este martes pone de nuevo sobre la mesa qué tan probable es que un seísmo se repita el mismo día. “No hay explicación física alguna”, asegura Cruz. ”La probabilidad de que dos terremotos ocurran en el mismo día con una magnitud superior a 7 es muy poco probable”, señala, “pero puede suceder, como ya hemos visto”. En 2017, EL PAÍS publicaba un ejercicio matemático para calcular dicha probabilidad — o mejor dicho, improbabilidad― de vivir un terremoto parecido otro 19 de septiembre. El resultado arrojó una posibilidad entre 74. La historia, lamentablemente, a veces se repite.

Fuente: elpais.com

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