En el campus Juriquilla de la UNAM utilizan desechos de comida de para generar energía

Iván Moreno Andrade es un científico de la UNAM, investigador de Instituto de Ingeniería, pero que en términos coloquiales se autodefine como “basurólogo”, ya que a partir de los restos orgánicos analiza y trabaja con proyectos de biocombustibles orgánicos.

La basura orgánica o la fracción orgánica de los residuos sólidos urbanos (FORSU), derivada de desechos de comida y jardín, constituye el 54 por ciento de la basura que generamos y la mayor parte de la FORSU llega a los rellenos sanitarios, creando problemas debido a su descomposición sin control.

“Buscamos alternativas para emplear la FORSU como materia prima para obtener subproductos, como los energéticos. Con ello se ayuda a resolver el problema de los rellenos sanitarios y se obtiene la valorización de este residuo. La tendencia mundial a disminuir el uso de combustibles fósiles ha impulsado la investigación para producir biocombustibles, como el metano y el hidrógeno a partir de residuos orgánicos. La FORSU puede ser transformada, por medio de procesos biológicos, en biogás usando bacterias anaerobias”, explicó el académico.

El biogás puede contener metano, hidrógeno, dióxido de carbono (CO2) y trazas de otros gases como el nitrógeno.

“En el tratamiento anaerobio usual, los microorganismos que degradan la materia orgánica producen principalmente metano. Este proceso, conocido como digestión anaerobia, se lleva a cabo en varias etapas y tiene un símil al del proceso digestivo del ser humano”, comentó el investigador de la UNAM en Juriquilla.

La gran ventaja es que si todos los residuos se transforman en metano, se gana en dos casos; se eliminan residuos y la segunda es que se obtiene energía.

Fuente: amqueretaro.com

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