El submarino estaba “marcado” en las cartas náuticas como el UC-47, es decir, solamente un nombre, pero sin descripción, por lo que con ayuda de robots realizaron un mapeo del sitio en tercera dimensión

El hallazgo de la nave de 30 metros de longitud y 5 m de ancho se hizo en abril pasado, cuando un equipo encabezado por el arqueólogo mexicano Rodrigo Pacheco Ruiz, investigador de la Universidad de Southampton, realizaba una inspección de infraestructura subacuática. En abril, cerca del sitio, personal de compañías petroleras —considerado como “key workers”, trabajadores esenciales en México durante la pandemia— llevaba a cabo labores que condujeron hasta la nave.

El submarino, explica Pacheco Ruiz, estaba “marcado” en las cartas náuticas como el UC-47, es decir, solamente un nombre, pero sin descripción, por lo que con ayuda de robots realizaron un mapeo del sitio en tercera dimensión el 25 de abril.

Realizar el mapeo implicó enfrentarse a un primer problema, porque el submarino está en el Mar del Norte, que se caracteriza por ser turbulento, por lo que se dieron cuenta que no podían hacer trabajos de fotogrametría, es decir, reconstrucción de espacios a partir de fotografías.

En lugar de la fotogrametría, los especialistas utilizaron tecnología basada en pulsos acústicos, que fue desarrollada en la Primera Guerra Mundial.

“Cuando un sonido rebota en un objeto, se provoca un eco y éste también rebota. El tiempo que se tarda la pulsación acústica en rebotar y regresar al receptor, se mide. Este sistema funciona con miles de sonidos acústicos que logran formar el modelo en tercera dimensión. Cada punto del modelo en 3D es un reflejo acústico y tomamos miles de millones de puntos constantemente. Es decir, utilizamos sonido para darnos cuenta de la forma del lecho marino y del sitio arqueológico”, explica.

Los trabajos se hicieron a través de robots operados desde un barco de 100 metros de longitud que estaba en la superficie y una tripulación de alrededor de 40 integrantes. “Esas embarcaciones son muy caras, rentar el barco cuesta alrededor de 80 mil libras al día. El tipo de tecnología es de punta y se usa para poder tener un mapa del lecho marino con precisión submilimétrica”.

Los ROVs (Remotely Operated Vehicles), señala el investigador mexicano, tienen una especie de “cordón umbilical” que les permite ir a cerca de 4 kilómetros de profundidad, aunque en este caso sólo fueron necesarios 56 metros.

Por medio de sus cámaras, los robots pudieron captar aspectos de una nave hecha de metal que lleva hundida casi 103 años; al mismo tiempo se registraron elementos sobre el estado de conservación.

“Hay que pensar que el submarino lleva en el fondo del mar más de 100 años, porque en 1917 se va a pique. El metal es un elemento que bajo el agua sufre la mayor erosión”.

Pese al turbulento mar, las cámaras captaron que el submarino tiene completos su casco y las hélices de los motores, y se pudo ver que la torre está dañada debido a que una embarcación de la Royal Navy (Marina Real británica) lo embistió.

Fuente: vanguardia.com.mx

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