Después de varios años de trabajo, un grupo de científicos logró conjuntar una fonoteca singular: sonidos de 69 especies de murciélagos mexicanos

Las cualidades de los murciélagos son tantas como su diversidad. Están los que migran y los que pueden volar a una altura de hasta 3,000 metros. Algunos miden unos cuantos centímetros y otros asombran por su tamaño. La mayoría se alimenta de insectos, pero también están aquellos que consumen frutas, los que prefieren el néctar de ciertas flores y los que tienen a los peces como su alimento exclusivo. Los hay con ojos diminutos. Otros tienen orejas tan grandes que parecieran ser solo oídos.

Pero si hay algo que resaltar de los murciélagos es que son los únicos mamíferos capaces de volar y ecolocalizar. Ellos utilizan el sonido como parte de un mecanismo que, entre otras cosas, les permite ubicarse en el espacio y encontrar sus alimentos.

Delfines, ballenas y musarañas también utilizan la ecolocalización. En el caso de los murciélagos, las señales acústicas les permiten ubicar dónde está su alimento.

En México, investigadores que estudian murciélagos y, sobre todo, sus señales acústicas, decidieron emprender una odisea que llamaron Proyecto Sonozotz. Su apuesta fue recorrer varias regiones del país con la misión de grabar el mayor número de “llamados” de ecolocalización de murciélagos insectívoros.

Cuatro años después de haberse lanzado a esa aventura, los investigadores, estudiantes, técnicos y voluntarios que participaron en ella han logrado integrar la primera fonoteca de murciélagos en México.

En mayo del 2020, se publicó el artículo con los resultados del Proyecto Sonozotz en la revista científica Ecology and Evolution. Y en los próximos meses también estará disponible un libro.

Grabar para conocer

Estudiar a los murciélagos no es algo sencillo. A diferencia de otros animales, como las aves, a ellos no se les puede observar de día ni tampoco es posible registrar su comportamiento con binoculares.

Para conocer con más detalle a estos animales voladores, los investigadores requieren atraparlos utilizando redes de niebla. Este método, además de estresar a los murciélagos, implica otro problema: no funciona del todo para estudiar a varias especies, sobre todo aquellas que se alimentan de insectos y vuelan muy alto.

“Los murciélagos insectívoros son muy buenos detectando a sus presas: insectos de tamaño increíblemente pequeño; por lo que también pueden detectar las redes y esquivarlas”, explica la doctora María Cristina Mac Swiney González, del Centro de Investigaciones Tropicales de la Universidad Veracruzana, y una de las coordinadoras técnicas del proyecto.

Así que estudiar las señales acústicas que emiten estos mamíferos voladores es una buena opción, sobre todo porque las especies que se alimentan de insectos son las que más abundan: en México, de las 140 especies de murciélagos que se han identificado, alrededor de 85 son insectívoras.

Por ello no es de extrañar que, durante los congresos de la Asociación Mexicana de Mastozoología A.C., los científicos dedicados a estudiar los murciélagos pusieran sobre la mesa la posibilidad de realizar un proyecto para grabar las señales acústicas de los murciélagos insectívoros.

Fue en marzo de 2016, cuando la Asociación Mexicana de Mastozoología A.C. —entonces presidida por el doctor Miguel Briones-Salas— y la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), firmaron un acuerdo de colaboración que permitió contar con recursos para poner en marcha el Proyecto Sonozotz.

Ciencia que avanza de la mano de la tecnología

Desde el siglo XVIII, el naturalista y monje italiano Lazzaro Spallanzani realizó experimentos para conocer cómo era que los murciélagos se ubicaban en el espacio durante el vuelo. Él —resalta la doctora María Cristina Mac Swiney— fue de los primeros en destacar la importancia del sistema auditivo de estos animales.

Con el tiempo se conoció que los murciélagos también se caracterizan porque pueden registrar un amplio rango de frecuencias de sonido.

Por ejemplo, el sistema auditivo de los humanos está diseñado para escuchar vibraciones que se encuentran entre los 20 hertz (Hz) y los 20 kilohertz (kHz). Los sonidos que están por arriba del rango de los 20kHz, conocidos como ultrasónicos, ya no los podemos escuchar.

En cambio, los murciélagos pueden emitir y escuchar sonidos que están en frecuencias que van de los seis kHz hasta los 150 o 200 kHz. Un buen número de especies, sobre todo los insectívoros, realizan llamados que están en el rango ultrasónico: “La mayoría de los murciélagos ecolocalizan muy por arriba de los 20 kHz. Incluso, hay una especie que pasa de los 100 kHz”, explica la doctora María Cristina Mac Swiney, quien desde 2002 estudia la ecolocalización de murciélagos.

Fuente: tecreview.tec.mx

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