Guillermo Domínguez Cherit, decano de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Tec de Monterrey región Ciudad de México, explica que la ingeniería inversa les tomó entre seis y ocho semanas

La urgencia ante la falta de ventiladores para asistir a los pacientes con Covid-19 en México llevó a expertos del Instituto Nacional de Nutrición, del Tecnológico de Monterrey y a tres empresas especializadas en manufactura automotriz: Metalsa, Torey y Bocar a adaptar sus conocimientos a la industria médica y desarrollar el primer ventilador de fabricación mexicana en tiempo y costo récord.

“Existía una necesidad de ventiladores y a nosotros se nos ocurrió voltear a ver lo que teníamos. En el pasado habíamos usado estos ventiladores y vimos que el pistón era una forma motriz efectiva y rápida de desarrollar esto en la contingencia, tanto en la salud como en la económica. Teníamos que ver cómo desarrollar algo de la forma más rápida con los componentes que habían en el mercado nacional. Nos llevó entre seis y ocho semanas hacer la ingeniería inversa para desarmar lo que teníamos y hacer un ventilador nuevo”, dijo Guillermo Domínguez Cherit, subdirector de medicina crítica del Instituto Nacional de Nutrición y decano de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Tec de Monterrey región Ciudad de México.

Coordinados desde la Secretaría de Relaciones Exteriores, los equipos entraron en contacto y, en un lapso de cinco semanas, realizaron un proceso de ingeniería inversa para desarrollar el nuevo ventilador.

Salvador Almaguer, director de operaciones de Femsa, otra de las compañías involucradas, explica que la forma en la que lograron hacer que el aparato tenga un costo de 10,000 dólares (225,650 pesos) se debe a que no requiere de material importado, es mecánico y su proceso de desarrollo se basó en la utilización de componentes y diseños que ya existían en el país.

El costo actual de un ventilador, en medio de la crisis sanitaria, es de alrededor de 1.4 millones de pesos por equipo y México tiene hoy un déficit de éstos para tratar el nuevo virus que, hasta el 24 de mayo, cobró la vida de 7,394 personas en el país y registró 68,620 contagiados, según cifras oficiales.

Si bien esta iniciativa de desarrollo nacional, por ahora, cuenta con una capacidad de manufacturar 600 equipos por semana, Almaguer aclaró que como equipo se han comprometido a tener disponibles 100 ventiladores en la primera semana de junio, para después ir escalando la producción.

“Nosotros nos comprometimos, de aquí a la primera semana de junio, a entregar aproximadamente 100 ventiladores y lo que estamos haciendo es colocarlos en diferentes hospitales para que los neumólogos, enfermeros y médicos se familiaricen con el equipo e irlos capacitando”, confirmó Almaguer.

Aunque no se han dado los nombres específicos de los hospitales en los que se instalarán los ventiladores, Almaguer dijo que tras la luz verde de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), el ventilador ya fue presentado al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) para su revisión y comentarios, por lo que están listos para comenzar a implementar los equipos en breve.

Si bien los involucrados en el desarrollo del equipo advierten que el reto más importante al que se enfrentaron, durante el proceso de innovación, fue la carencia de componentes a nivel sector, el reto mayor es lidiar con el sobreprecio que presentan. En los últimos tres años se registró un alza en el costo de ventiladores de 342%.

De acuerdo con datos de la plataforma de compras de gobierno CompraNet, en 2017, el costo de un ventilador para el mercado de salud era de 269,985 pesos. Los últimos ventiladores adquiridos por el gobierno mexicano para tratar la pandemia se cotizaron en 1.25 millones de pesos cada uno y fueron comprados a China, según comunicó Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores.

Al comparar el costo del nuevo ventilador mexicano con el que existe en el mercado, su costo es 16.42% menor al precio que éstos tenían en 2017.

Ingeniárselas con lo que hay

De cara a las siguientes semanas y meses, los responsables del proyecto explicaron que se irán sumando mejoras al ventilador en cada línea de producción. Almaguer comentó que sólo así será posible mantener un suministro constante, con una manufactura adaptativa e incluso, en caso de ya no contar con algún componente en el futuro, se podrán reemplazar o adaptar procesos ateniéndose a lo que hay para no dejar de manufacturar.

“Ya estamos haciendo planes de contingencia por si tuviéramos desabasto de algún componente. (…) El modelo dos ahorita ya está en pruebas clínicas y esperamos que esté en producción en dos semanas y con éste esperamos poder subsanar problemas en la cadena de suministro y va a estar más automatizado para que los neumólogos lo puedan manejar”, dijo.

Almaguer acotó que en el modelo uno el posible desabasto vendría del motor, pieza que viene de Italia, y el cual por el alto volumen que México está solicitando al pequeño fabricante podrían no contar con el abastecimiento necesario, por lo que la tendrían que reemplazar por un motor de menor capacidad pero compensado con una transmisión de mayor capacidad.

“Así se compensa perfectamente si algo llega a fallar”, aseguró Almaguer.

Posteriormente Domínguez Cherit dijo que se seguirán haciendo mejoras al equipo para actualizarlo en el futuro, dado que la patente está en manos del Instituto Nacional de Nutrición, con un equipo de especialistas de aproximadamente 35 personas involucradas por parte del instituto.

Fuente: tecreview.tec.mx

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